Para ese instante del tiempo el hombre todavía estaba en la mente de Dios. La época de los grandes imperios, de las dos terribles guerras, de la criminal bomba atómica y la soñadora era espacial, sólo eran un proyecto a larguísimo plazo. A no dudarlo, toda esa inmensa zona hoy llamada Puyango, con un paisaje no imaginable, se delineaba apenas como algo borroso dentro de gran esquema de cuatro o cinco mil millones de años del origen de la Tierra.



