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Media de aguardiente y 20 gramos de cocaína


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21/02/2012

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Esta vez hablemos solo de cocaína. Pensemos en cómo sería Colombia si se legalizara la coca. Imagínese que la compra y la venta es tan legal, que inclusive en América Latina, Estados Unidos, Europa y en el mundo entero se ha despenalizado dicho negocio. ¿Parece difícil, no?




Ahora bien, se dice que si el debate de la despenalización de algunas drogas como la cocaína se da a nivel internacional, Colombia haría parte de la discusión al ser uno de los principales países implicados. Pero, ¿A quién nos referimos exactamente cuando hablamos de la comunidad internacional? ¿A Estados Unidos, México, Europa o Japón? O ¿Hasta donde sería interesante para la China y la India iniciar el debate?

Para empezar necesitamos que se pregunte de manera directa dos cosas: ¿A qué o a quién se refiere “exactamente” nuestro gobierno cuando dice comunidad internacional? ¿Se alude a países, a empresas o a capos? Y seguido, ¿Por qué tenemos que esperar los colombianos a que el debate esté en la agenda internacional para poder intervenir con protagonismo en dicha discusión?

Creo que todos estamos llamados a hacer parte de la controversia y a enfatizar en su valor. El debate tendrá un significado más que importante en el momento de deliberar y conocer cuál será la mejor salida para luchar contra el narcotráfico. Pero no nos equivoquemos, con el debate no llegaremos a una solución, tan solo será el inicio de una contraposición de ideas que no necesariamente significarán llegar a buen término.

Como es natural, ante la pregunta sobre dicho panorama, pueden surgir varias y contradictorias reacciones con matices de todo tipo. Todos los colombianos estamos involucrados o perjudicados con el fenómeno del narcotráfico. Sin embargo, creo que lo importante no sólo es rescatar el debate, sino iniciarlo nosotros mismos y sin condiciones ni esperas.

Sobre la legalización de la coca, desde un punto de vista racional la confrontación de ideas podría discutirse en ámbitos como la libertad, el bienestar, la moral y la economía. No obstante, si nos planteamos el hipotético caso de una futura legalización de la cocaína deberíamos dialogar sobre lo bueno y lo malo de proteger la libertad individual, podríamos reflexionar sobre los pros y los contras en materia de bienestar social, cómo se afectaría nuestra moral positiva o negativamente y cuáles serían los costos y beneficios económicos que se lograrían con la legalización. Y de estos ámbitos ¿qué es lo más importante? ¿qué estamos dispuestos a sacrificar, a cambiar o a costear con tal de acabar con el narcotráfico? ¿cuál es el equilibrio perfecto entre la libertad, el bienestar, la economía y la moral?

Es un debate verdaderamente difícil y enmarañado, de análisis estructural y con complicadísima solución, pero por el mismo motivo merece la pena iniciarlo sin tapujos, de manera abierta e inequívoca. Eso sí, tenemos que evitar salidas “mamagallistas” como las planteadas últimamente por nuestro poder Ejecutivo donde nos hacen entender que para tomar medidas, la solución comienza a través de un debate internacional. Si así lo queremos, nos quedaremos esperando sentados. No se dará ni una cosa ni la otra y paradójicamente estaremos como el perro que intenta morderse la cola.

Pero si de otra forma queremos acabar con el narcotráfico, debemos iniciar nosotros mismos y cuanto antes la discusión en nuestras casas, colegios, universidades, trabajos, calles, pueblos, hospitales, cárceles e iglesias y a lo mejor con preguntas o reflexiones ineludibles como: ¿cuáles son los pros y los contras de saber que se puede comprar o vender media de aguardiente (o una bolsa de leche) y 20 gramos de coca sin tener problemas con la justicia?

Lo verdaderamente importante es iniciar el debate, ser testigos y participar todos en la polémica. Al final será la mejor forma, no de llegar sino, de construir una solución.

Esta columna también se encuentra en politicadirecta.net / @politicadirect



Etiquetas:   Política   ·   Tráfico de drogas   ·   Drogas

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