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Variables psicológicas asociadas al estatus hipertensivo


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20/02/2012

2009 Visitas



Resumen


Se evaluó la presión arterial de 228 sujetos según la clasificación internacional del VII Informe de la Comisión Nacional Conjunta para la Prevención, Detección, Evaluación y Tratamiento de la Hipertensión Arterial, en condiciones no clínicas. Se constituyeron tres grupos: 1) hipertensos con conocimiento de su estatus hipertensivo; 2) hipertensos sin conocimiento, y 3) normotensos. Se tomaron como mínimo siete medidas de presión arterial (dos en contexto laboral y cinco en contextos no laborales). Se controló rigurosamente el procedimiento de las mediciones. En cada uno de los grupos se analizaron las variables ansiedad, cólera y defensividad. Aunque no se observaron diferencias significativas en lo que respecta a diferenciar estas variables psicológicas en relación con el conocimiento versus el desconocimiento del estatus hipertensivo, los resultados encontrados tienden a coincidir con los obtenidos por otros investigadores en lo que respecta a la cólera inhibida, ansiedad y condiciones hipertensivas. No se observó mayor defensividad en los individuos hipertensos que en los del grupo control.

 

Introducción

A partir de la década de 1970 comienzan a elaborarse las bases teóricas para explicar el desarrollo y la cronificación de la hipertensión arterial ( HA). Esta alteración supone un interjuego de factor es biopsicosocioambientales y, desde un punto de vista psicológico, factores subjetivos emocionales y de estrés, habitualmente presentes en el incremento de la presión sanguínea, la cual es el resultado final de una multiplicidad de factor es genéticos y ambientales.

En los modelos explicativos actuales de las alteraciones fisiológicas se integran diferentes aspectos cognitivo-conductuales. Se entiende que en esta alteración específica están implicadas conductas habituales de la persona (su estilo de vida) y el manejo específico que ella hace para enfrentar las demandas tanto de su medio externo como interno. La presión arterial ( PA) como mecanismo biológico está condicionada por una vulnerabilidad biológica heredada, así como por aprendizajes, estilos de conducta y requerimientos situacionales específicos. Esta alteración consiste en una elevación crónica de la presión de la sangre en las arterias, que se refleja en la presión sistólica (mayor o igual a 120 mmHg) y en la presión diastólica (mayor o igual a 80 mmHg), o bien, en ambas ( JNC, 2003). 

La HA es una importante alteración fisiológica que afecta a un gran número de personas en los países occidentales. Se refiere a las elevaciones de la presión arterial que se mantienen en forma persistente por encima de los límites considerados normales. Muchos de los que la padecen no son conscientes de su condición, ya que, por lo general, pasa desapercibida debido a que se desarrolla sin síntomas. Los valores de la HA se incrementan a medida que avanza la edad. Esta alteración no se asocia a ninguna manifestación clínica hasta que se establecen los daños en los órganos blandos. Al menos un tercio de los hipertensos no sabe que lo es. Se calcula que la mitad de éstos no recibe tratamiento y sólo la cuarta parte tiene su PA aceptablemente controlada. Esta condición entraña un riesgo sustancial de enfermedad cardiovascular.

Tal como ocurre en el resto de las provincias, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte de la provincia de San Luis (Argentina), responsables de aproximadamente 30% de la mortalidad ( OPS, 2001). En 90% de los casos, la etiología de la presión sanguínea alta es usualmente desconocida, por lo que se la denomina HA primaria, esencial o idiopática ( HAE). 

En el caso de la HAE existen datos suficientes para afirmar que los factores psicológicos desempeñan un papel decisivo en su desarrollo, ya sea  por medio de comportamientos inadecuados, o bien a través de los efectos relacionados con el estrés sobre el sistema cardiovascular. Así, variables individuales de predisposición y estilos de afrontamiento inadecuados ante situaciones particulares pueden actuar sinérgicamente desencadenando y/o manteniendo la alteración. Rutledge y Hogan (2002), en una revisión crítica de estudios longitudinales cuantitativos, evaluaron asociaciones entre factores psicológicos (ansiedad, cólera, depresión) y desarrollo de hipertensión. Los autores concluyeron que hay un moderado apoyo para los factores psicológicos como predictores de HA. Las tres variables mencionadas fueron estadística y clínicamente relevantes.

El concepto de personalidad hipertensiva es una hipótesis controvertida en medicina psicosomática. Supone una importante relación entre ciertos rasgos psicológicos y la probabilidad de desarrollar presión sanguínea alta. 

Engel (1998) realizó una revisión durante casi seis décadas de trabajos sobre HA, señalando que, tradicionalmente, se ha reconocido el papel que desempeñan los estímulos afectivos y los estados emocionales. 

Son numerosas las investigaciones que establecen una relación estrecha entre emociones negativas (cólera, ansiedad, depresión), defensividad y HAE, pero los resultados aún no han sido concluyentes. Dimsdale y cols. (1986), Schneider y cols. (1986), y Sharma, Krishna y Spielberger (1996) aportaron evidencias de la asociación entre la afectividad negativa y la HAE. Jorgensen y cols. (1996) han señalado que en los hipertensos se da una mayor emocionalidad negativa y defensividad, y menor expresión del afecto. Vögele y Steptoe (1992) señalan mayores niveles de cólera contenida o encubierta. En varios trabajos se observó que los sujetos con conocimiento de su diagnóstico de  HA informan significativamente más síntomas físicos y problemas psicológicos que los normotensivos (Nyklícek y cols., 1998).

Goldstein y Shapiro (2000) encuentran que la combinación de determinados rasgos de personalidad con una historia familiar de hipertensión (ambos padres hipertensivos) está asociada a valores elevados en la presión arterial ambulatoria. Rasgos de personalidad como alta hostilidad, alta de fensividad, baja cólera expresada o alta ansiedad, combinados con una historia familiar de hipertensión, incrementarían el riesgo de hipertensión. 

El nivel de reactividad cardiovascular se ha considerado un factor facilitador de la condición hipertensiva. La combinación de factores de riesgo constitucionales y psicológicos en la determinación de la reactividad cardiovascular con relación al estrés mental sería superior a la consideración del efecto de cada uno de los factores por separado (Vögele, 2002).

Se ha señalado que el hipertenso es un sujeto que inhibe y controla constantemente sus reacciones emocionales. Esta inhibición consciente y voluntaria de la tensión emocional determinaría una activación cada vez más permanente de los mecanismos psicofisiológicos responsables del aumento de la tensión. Distintos estudios han encontrado que la ira inhibida o reprimida está positivamente correlacionada con HA, particularmente bajo condiciones de estrés. La no expresión de la hostilidad y la cólera llevaría a una mayor reactividad cardiovascular (Lawler y cols.,1998; Demaree y Harrison, 1997). Johnson y Spielberger (1992) describieron al individuo hipertenso como una persona pasiva, sumisa, no asertiva e inclinada a suprimir su cólera y hostilidad. Sommers-Flanagan y Greenberg (1989) y Jern -1986 confirman esta asociación inversa entre HA y baja expresividad de la cólera. No obstante, hay trabajos como el Framingham Heart Study (Haynes, Feinleib y Kannel, 1980) que no apoyan esta asociación, y manifiestan que la cólera expresada y altos niveles de características coléricas han sido relacionados con PA alta. Individuos con altos niveles de expresión de hostilidad o potencial de hostilidad, bajo condiciones estresantes, presentan respuestas exageradas de presión sanguínea. La expresión de la ira ha sido asociada con el incremento en el riesgo de enfermedad coronaria mortal.

A raíz de los estudios sobre personalidad tipo A se ha señalado la importancia de los componentes de ira-hostilidad como predictores de enfermedad coronaria, lo que ha motivado el interés en medir la cólera para observar si esta emoción actúa como un factor de riesgo independiente del patrón comportamental tipo A. Este patrón de comportamientos, globalmente considerado, no estaría correlacionado con HA, aunque sí el componente de hostilidad cínica (Pickering, 2000).

Existen datos que muestran que la cólera es característica de los suje tos hipertensivos (Dimsdale y cols., 1986; Goldstein y cols., 1988; Johnson y Spielber ger, 1992; Everson y cols., 1998). Cólera, hostilidad y agresión se han considerado por mucho tiempo como factor es importantes en los pro- blemas cardiovasculares (Diamond, 1982; Friedman Rosenman, 1974; Matthews y cols., 1977). Fredickson y cols. (2000) observaron que individuos hostiles exhibieron mayor reactividad sistólica y diastólica, así como mayor presión arterial diastólica sostenida durante el recuerdo de un episodio colérico autoseleccionado. Larkin y Zayfert (2004) encontraron que los hipertensos esenciales presentaban déficit en habilidades sociales específicas, observándose que, en situaciones de confrontación, fueron menos asertivos que los individuos normotensos del grupo control.

Una relación positiva entre ansiedad e hipertensión ha sido reportada por distintos autores (Johnson, 1984; Schneider y cols., 1986; Sharma y cols., 1996). Wei y Wang (2006) encontraron que 12% de los individuos hipertensos presentaban síntomas de ansiedad. El sexo femenino, la duración de la  HA y la historia de hospitalización estuvieron asociados a la severidad de los síntomas de ansiedad. La efectividad de los tratamientos antiansiolíticos en la HAE demuestra la importancia que tiene esta variable psicológica en los hipertensos severos (Grossman y cols., 2005).

La defensividad se ha definido como un estilo de afrontamiento caracterizado por una orientación sesgada en el tratamiento de la información, en el entendido de que es habitual que el individuo defensivo distorsione o niegue sus estados emocionales negativos, por ejemplo, minimizando la situación de distrés. Es evidente que la negación de la ira y la hostilidad que ocurre en individuos altamente defensivos puede relacionarse con el concepto de inexpresión o inhibición de la ira/hostilidad, lo cual ha sido presentad como un factor de riesgo para la HA y procesos de enfermedad cardiovascular (Jamner y cols., 1991). En el estilo de afrontamiento represivo se activan mecanismos de defensa consistentes en el autoengaño y en engañar a los demás, de forma tal que se suprimen o niegan emociones negativas (Weinberger, 1990).

Mann y James (1998) informaron que la defensividad estaría más estrechamente asociada a la HAE que la cólera o la ansiedad. Rutledge y Linden (2000) en un seguimiento a los tres años, comprobaron que la defensividad estaba relacionada a un mayor riesgo de HA, confirmando la relevancia clínica entre características de personalidad y PA .

El objetivo general del presente trabajo fue esclarecer variables psicológicas de índole emocional asociadas a la condición de hipertensión arterial esencial en individuos con conciencia de su condición de hipertensivos y en individuos sin conciencia de este estado. Se establecieron los siguientes objetivos específicos: 



  • Explorar valores de ira como rasgo y estado, manifiesta y encubierta en individuos hipertensos esenciales con diagnóstico médico confirmado e individuos hipertensos sin conocimiento de su condición  hipertensiva. 
  • Explorar valores de ansiedad como rasgo y estado en individuos hipertensos esenciales con diagnóstico médico confirmado e individuos hipertensos sin conocimiento de su condición hipertensiva. 
  • Analizar valores de defensividad en las condiciones de HA con conocimiento  versus desconocimiento de tal  condición.






  • Se plantearon las siguientes hipótesis:



  • Los sujetos hipertensos tendrían valores más elevados de cólera rasgoestado, cólera manifiesta y encubierta que los normotensos. 
  • Los sujetos hipertensos manifestarían valores más elevados de ansiedad rasgo-estado que los normotensos.
  • Los sujetos hipertensos sin conocimiento de su condición obtendrían valores más elevados en la escala de defensividad que los sujetos hipertensos con conocimiento de su estatus hipertensivo.
  • Los individuos hipertensos (con y sin conocimiento de su hipertensión) obtendrían valores de defensividad más elevados que los normotensivos.








  •  

    Metodología     

    SUJETOS De la muestra total de 228 sujetos, se seleccionar on 72 individuos hiper ten sos de ambos sexos.

    Se compararon los siguientes grupos:



    • Normotensos. 35 sujetos (16 mujeres y 19 hombres) con una edad media de 36.16 ( DE = 6.16; con valores extremos entre 31 y 50 años). Del total de individuos, 23 informaron tener antecedentes familiares de hipertensión.
    • Hipertensos esenciales leves con diagnóstico. 35 sujetos (17 mujeres y 18 hombres) con una edad media de 45.26 ( DE = 8.06; con valores extremos entre 31 y 55 años). 26 individuos del grupo total informaron tener antecedentes familiares de hipertensión.
    • Hipertensos esenciales leves sin diagnóstico. 37 sujetos (15 mujeres y 22 hombres) con una edad media de 43.00 ( DE = 8.62; con valores extremos entre 29 y 55 años). 20 sujetos informaron tener antecedentes familiares de hipertensión. 






     El test de Tukey indicó que las muestras de hipertensos eran homogéneas.

    Todos los participantes de las muestras eran de un nivel socioeconómico medio (empleados públicos administrativos o docentes). Se tomaron como referencia las normas internacionales del VII Report of the Joint National Committe on Prevention, Detection, Evaluation, and Treatment of High Blood Pressure ( JNC, 2003), según las cuales, para mayores de 18 años, los valores de pre-hipertensión oscilan entre 120-139 mmHg y 80-89 mmHg. La categoría de hipertensos se divide en dos estadios a partir de 140 mmHg y 90 mmHg para la presión sistólica y diastólica, respectivamente.

     

    Instrumentos

    Se aplicaron los siguientes instrumentos a la totalidad de las muestras:  



    • Cuestionario de cólera rasgo-estado (ST AXI ) de Spielber ger (1988).
    • Cuestionario de ansiedad rasgo-estado (IDARE) de Spielber ger y cols. (1976).
    • Escala de deseabilidad social (Marlowe y Crowne, 1960).






    Cuestionario de antecedentes familiares sobre hipertensión elaborado adhoc destinado a indagar antecedentes hipertensivos y si el participante conocía o no su estado de HA.

    Esfigmomanómetro aneroide AMC. Aparato manual, usado habitualmente en contexto clínico.

     

    Procedimiento

    Se evaluó la presión arterial sistólica y diastólica a más de 228 individuos de ambos sexos. Se les solicitó a los sujetos que 30 minutos antes del control evitaran el consumo de café, alcohol, y cigarrillos. Los dos primeros registros se obtuvieron en el lugar de trabajo; posteriormente se realizaron cinco controles más en contextos extralaborales. En las muestras de hipertensos se incluyeron los individuos que presentaron un valor de PA sistólica mayor o igual a 120 mmHg, PA diastólica mayor o igual a 80 mmHg, o bien, en ambas ( JNC, 2003).

    Observando los valores para las variables de cólera, ansiedad y defensividad en cada grupo, no se encontraron diferencias significativas intergrupales.

    Con respecto a la variable cólera, teniendo en cuenta las dimensiones de rasgo, estado, cólera inhibida y manifiesta, no se observan diferencias significativas en el grupo total de hipertensos con respecto al de normotensos.

    Sin embargo, los hipertensos con y sin diagnóstico presentan, en estado y rasgo de cólera, mayor puntaje que el grupo de los individuos normotensos. De esta forma, los valores encontrados están orientados en un sentido convergente al que señalan diversos autores, aunque el resultado obtenido no es significativo.

    En la variable cólera, la totalidad de los sujetos hipertensos (con y sin diagnóstico) también presentan mayores puntajes en cólera inhibida, en una dirección que coincide con los resultados obtenidos por diferentes investigadores (Johnson y Spielberger, 1992; Vögele y Steptoe, 1992; Goldstein y Shapiro, 2000), aunque, de nuevo, en esta dimensión no aparecen diferencias significativas ( ANOVA).

    La variable ansiedad-rasgo aparece en los hipertensos en general, con valores más altos en relación con los normotensos, y con una dirección convergente a la encontrada habitualmente en los estudios de este tipo, aunque la falta de significatividad en los valores no permite aceptar la hipótesis enunciada anteriormente.  

    En cuanto a la afectividad negativa (sentimientos de ansiedad, ira), los resultados observados en la muestra de sujetos no conscientes de su hipertensión no indican diferencias importantes en relación con los individuos que eran conscientes de su condición de hipertensos. Estos resultados no coinciden con lo observado por varios investigadores (Jorgensen y cols., 1986; Nyklícek y cols., 1998; Mena-Martín y cols., 2003). 

    Los valores similares de ansiedad y cólera (incluyendo cólera manifiesta y encubierta) en los individuos normotensivos versus hipertensos encontrados en este trabajo son convergentes con los obtenidos por WallManning y cols. (1986), y Sparrow y cols. (1982).

    El grupo total de hipertensos no manifestó mayor grado de defensividad que el grupo de los sujetos normales, a diferencia de lo encontrado por Rutledge y Linden (2000), y Mann y James (1998).

    Contrario a lo esperado, en la variable defensividad, los valores de los individuos hipertensos aparecen más bajos que en los grupos de normotensos e hipotensos. La comparación intergrupal de los hipertensos indica que entre éstos no hay diferencias en relación con esta variable. 

     

    Conclusiones 

    Los resultados obtenidos no confirman mayores niveles de cólera, ansiedad y defensividad en los individuos hiper tensos en r elación con los nor moten sos. Tampoco se encontró una diferencia significativa en emocionalidad negativa en relación con el conocimiento del estatus hipertensivo versus el desconocimiento del mismo. De la misma manera, Schmitz, Thefeld y Kruse (2006) no encontraron asociación entre conciencia de hipertensión y  mayor afectividad negativa. La diferencia que observaron estos autores fue en relación con el tratamiento versus no tratamiento, con conciencia del estado hipertensivo. Los individuos con conciencia de su estado hipertensivo sin tratamiento presentaron mayores alteraciones psicológicas y de comportamiento que los hipertensos con tratamiento. 

    El efecto de “rotulamiento” (conciencia de HA) asociado al deteriorio del estado subjetivo de salud no fue observado en estos sujetos, a diferencia de lo encontrado por Mena-Martín y cols. (2003).

    Aunque los datos empíricos de los individuos hipertensos, en relación con rasgo y estado de cólera, con y sin conciencia de su estado hipertensivo, presentan mayores valores que los normotensos, las puntuaciones no alcanzan a ser significativas.

    Los datos obtenidos no apoyan ninguna de las cuatro hipótesis enunciadas anteriormente, aunque las puntuaciones tienden a ser mayores en afectividad negativa (cólera-rasgo, cólera-estado y cólera inhibida, y ansiedad estado) en ambos grupos de hipertensos, en relación con los individuos normotensos.

    Los datos de cólera inhibida se orientan en una dirección convergente a lo encontrado por Ohira y cols. (2002), al igual que los datos de ansiedad estado, con respecto a Kang (2005).

    El tema de la medición (cómo y cuántas veces se mide la presión) para determinar si una persona puede ser rotulada como hipertensa o no es inherente a la problemática general de esta disfunción psicofisiológica. García-Vera y Sanz (1999) señalan que un procedimiento confiable consiste en medir la PA tres días consecutivos, tomándola en dos contextos diferentes, o bien, una sola medición cada dos días en tres contextos distintos. Cual quiera de estos procedimientos permitiría generalizar la P A a través de dis tintos contextos y en el tiempo. En el presente trabajo se tomaron como mínimo siete medidas de P A (dos en contexto laboral y cinco en contextos no laborales). Se puso especial atención en el procedimiento de las mediciones, invirtiendo mucho tiempo en la conformación de las muestras, ya que se sabe que el procedimiento de medición aplicado puede constituir una importante fuente de error. 

    Podría incidir en los resultados logrados la ausencia de contraste entre los grupos (hipertensos versus normotensos), ya que la mayoría de los sujetos hipertensos eran leves, presentaban valores de un nivel 1 ( JNC, 2003). Habría que considerar la posibilidad de que los resultados diferentes si los grupos de hipertensos versus normales fueran más contrastantes en sus valores de PA. 

    Las variables de edad y sexo, así como el tamaño reducido de las muestras podrían afectar los resultados, ya que faltaría representar en éstas la franja etárea, que va de los 18 a los 28 años, así como una mayor representación del sexo femenino en la constitución de las mismas.

    Con el fin de aumentar la confiabilidad de las medidas obtenidas se sugiere la conveniencia de realizar entrevistas estructuradas para evaluar reacciones emocionales, en lugar de aplicar  procedimientos autoadministrados. Los datos empíricos obtenidos se orientan a apoyar la idea de que la combinación de antecedentes familiares y ciertos  rasgos de personalidad aumentarían la probabilidad de riesgo hipertensivo.

     





    Autores

    LIC. MARÍA EUGENIA BATTAGLIA: EscuelaEspecial núm. 11 “El Portal” de Cos Malal, Neuquén, Argentina.

    D RA. LILIA MABEL LABIANO: Cátedra de Psicología para los Profesorados en Biología y Química, Universidad Nacional de San Luis, Argentina.

    L IC. CLAUDIA BRUSASCA: Cátedra de Neurofisiología, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad de San Luis, Ar gentina.

     





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    Etiquetas:   Psicología

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