. Se constituyeron tres grupos: 1) hipertensos con conocimiento de su
estatus hipertensivo; 2) hipertensos sin conocimiento, y 3) normotensos. Se
tomaron como mínimo siete medidas de presión arterial (dos en contexto laboral
y cinco en contextos no laborales). Se controló rigurosamente el procedimiento
de las mediciones. En cada uno de los grupos se analizaron las variables
ansiedad, cólera y defensividad. Aunque no se observaron diferencias
significativas en lo que respecta a diferenciar estas variables psicológicas en
relación con el conocimiento versus el desconocimiento del estatus
hipertensivo, los resultados encontrados tienden a coincidir con los obtenidos
por otros investigadores en lo que respecta a la cólera inhibida, ansiedad y
condiciones hipertensivas. No se observó mayor defensividad en los individuos
hipertensos que en los del grupo control.
Introducción
A
partir de la década de 1970 comienzan a elaborarse las bases teóricas para
explicar el desarrollo y la cronificación de la hipertensión arterial ( HA).
Esta alteración supone un interjuego de factor es biopsicosocioambientales y,
desde un punto de vista psicológico, factores subjetivos emocionales y de
estrés, habitualmente presentes en el incremento de la presión sanguínea, la
cual es el resultado final de una multiplicidad de factor es genéticos y
ambientales.
En
los modelos explicativos actuales de las alteraciones fisiológicas se integran
diferentes aspectos cognitivo-conductuales. Se entiende que en esta alteración
específica están implicadas conductas habituales de la persona (su estilo de
vida) y el manejo específico que ella hace para enfrentar las demandas tanto de
su medio externo como interno. La presión arterial ( PA) como mecanismo
biológico está condicionada por una vulnerabilidad biológica heredada, así como
por aprendizajes, estilos de conducta y requerimientos situacionales
específicos. Esta alteración consiste en una elevación crónica de la presión de
la sangre en las arterias, que se refleja en la presión sistólica (mayor o
igual a 120 mmHg) y en la presión diastólica (mayor o igual a 80 mmHg), o bien,
en ambas ( JNC, 2003).
La
HA es una importante alteración fisiológica que afecta a un gran número de
personas en los países occidentales. Se refiere a las elevaciones de la presión
arterial que se mantienen en forma persistente por encima de los límites
considerados normales. Muchos de los que la padecen no son conscientes de su
condición, ya que, por lo general, pasa desapercibida debido a que se
desarrolla sin síntomas. Los valores de la HA se incrementan a medida que
avanza la edad. Esta alteración no se asocia a ninguna manifestación clínica
hasta que se establecen los daños en los órganos blandos. Al menos un tercio de
los hipertensos no sabe que lo es. Se calcula que la mitad de éstos no recibe
tratamiento y sólo la cuarta parte tiene su PA aceptablemente controlada. Esta
condición entraña un riesgo sustancial de enfermedad cardiovascular.
Tal
como ocurre en el resto de las provincias, las enfermedades cardiovasculares
son la primera causa de muerte de la provincia de San Luis (Argentina),
responsables de aproximadamente 30% de la mortalidad ( OPS, 2001). En 90% de
los casos, la etiología de la presión sanguínea alta es usualmente desconocida,
por lo que se la denomina HA primaria, esencial o idiopática ( HAE).
En
el caso de la HAE existen datos suficientes para afirmar que los factores
psicológicos desempeñan un papel decisivo en su desarrollo, ya sea por medio de comportamientos inadecuados, o
bien a través de los efectos relacionados con el estrés sobre el sistema
cardiovascular. Así, variables individuales de predisposición y estilos de
afrontamiento inadecuados ante situaciones particulares pueden actuar
sinérgicamente desencadenando y/o manteniendo la alteración. Rutledge y Hogan
(2002), en una revisión crítica de estudios longitudinales cuantitativos,
evaluaron asociaciones entre factores psicológicos (ansiedad, cólera,
depresión) y desarrollo de hipertensión. Los autores concluyeron que hay un
moderado apoyo para los factores psicológicos como predictores de HA. Las tres
variables mencionadas fueron estadística y clínicamente relevantes.
El
concepto de personalidad hipertensiva es una hipótesis controvertida en
medicina psicosomática. Supone una importante relación entre ciertos rasgos
psicológicos y la probabilidad de desarrollar presión sanguínea alta.
Engel
(1998) realizó una revisión durante casi seis décadas de trabajos sobre HA,
señalando que, tradicionalmente, se ha reconocido el papel que desempeñan los
estímulos afectivos y los estados emocionales.
Son
numerosas las investigaciones que establecen una relación estrecha entre
emociones negativas (cólera, ansiedad, depresión), defensividad y HAE, pero los
resultados aún no han sido concluyentes. Dimsdale y cols. (1986), Schneider y
cols. (1986), y Sharma, Krishna y Spielberger (1996) aportaron evidencias de la
asociación entre la afectividad negativa y la HAE. Jorgensen y cols. (1996) han
señalado que en los hipertensos se da una mayor emocionalidad negativa y
defensividad, y menor expresión del afecto. Vögele y Steptoe (1992) señalan
mayores niveles de cólera contenida o encubierta. En varios trabajos se observó
que los sujetos con conocimiento de su diagnóstico de HA informan significativamente más síntomas
físicos y problemas psicológicos que los normotensivos (Nyklícek y cols.,
1998).
Goldstein
y Shapiro (2000) encuentran que la combinación de determinados rasgos de
personalidad con una historia familiar de hipertensión (ambos padres
hipertensivos) está asociada a valores elevados en la presión arterial
ambulatoria. Rasgos de personalidad como alta hostilidad, alta de fensividad,
baja cólera expresada o alta ansiedad, combinados con una historia familiar de
hipertensión, incrementarían el riesgo de hipertensión.
El
nivel de reactividad cardiovascular se ha considerado un factor facilitador de
la condición hipertensiva. La combinación de factores de riesgo
constitucionales y psicológicos en la determinación de la reactividad
cardiovascular con relación al estrés mental sería superior a la consideración
del efecto de cada uno de los factores por separado (Vögele, 2002).
Se
ha señalado que el hipertenso es un sujeto que inhibe y controla constantemente
sus reacciones emocionales. Esta inhibición consciente y voluntaria de la
tensión emocional determinaría una activación cada vez más permanente de los
mecanismos psicofisiológicos responsables del aumento de la tensión. Distintos
estudios han encontrado que la ira inhibida o reprimida está positivamente
correlacionada con HA, particularmente bajo condiciones de estrés. La no
expresión de la hostilidad y la cólera llevaría a una mayor reactividad
cardiovascular (Lawler y cols.,1998; Demaree y Harrison, 1997). Johnson y
Spielberger (1992) describieron al individuo hipertenso como una persona
pasiva, sumisa, no asertiva e inclinada a suprimir su cólera y hostilidad.
Sommers-Flanagan y Greenberg (1989) y Jern -1986 confirman esta asociación
inversa entre HA y baja expresividad de la cólera. No obstante, hay trabajos
como el Framingham Heart Study (Haynes, Feinleib y Kannel, 1980) que no apoyan
esta asociación, y manifiestan que la cólera expresada y altos niveles de
características coléricas han sido relacionados con PA alta. Individuos con
altos niveles de expresión de hostilidad o potencial de hostilidad, bajo
condiciones estresantes, presentan respuestas exageradas de presión sanguínea.
La expresión de la ira ha sido asociada con el incremento en el riesgo de
enfermedad coronaria mortal.
A
raíz de los estudios sobre personalidad tipo A se ha señalado la importancia de
los componentes de ira-hostilidad como predictores de enfermedad coronaria, lo
que ha motivado el interés en medir la cólera para observar si esta emoción
actúa como un factor de riesgo independiente del patrón comportamental tipo A.
Este patrón de comportamientos, globalmente considerado, no estaría
correlacionado con HA, aunque sí el componente de hostilidad cínica (Pickering,
2000).
Existen
datos que muestran que la cólera es característica de los suje tos
hipertensivos (Dimsdale y cols., 1986; Goldstein y cols., 1988; Johnson y
Spielber ger, 1992; Everson y cols., 1998). Cólera, hostilidad y agresión se
han considerado por mucho tiempo como factor es importantes en los pro- blemas
cardiovasculares (Diamond, 1982; Friedman Rosenman, 1974; Matthews y cols.,
1977). Fredickson y cols. (2000) observaron que individuos hostiles exhibieron
mayor reactividad sistólica y diastólica, así como mayor presión arterial
diastólica sostenida durante el recuerdo de un episodio colérico
autoseleccionado. Larkin y Zayfert (2004) encontraron que los hipertensos
esenciales presentaban déficit en habilidades sociales específicas,
observándose que, en situaciones de confrontación, fueron menos asertivos que
los individuos normotensos del grupo control.
Una
relación positiva entre ansiedad e hipertensión ha sido reportada por distintos
autores (Johnson, 1984; Schneider y cols., 1986; Sharma y cols., 1996). Wei y
Wang (2006) encontraron que 12% de los individuos hipertensos presentaban
síntomas de ansiedad. El sexo femenino, la duración de la HA y la historia de hospitalización
estuvieron asociados a la severidad de los síntomas de ansiedad. La efectividad
de los tratamientos antiansiolíticos en la HAE demuestra la importancia que
tiene esta variable psicológica en los hipertensos severos (Grossman y cols.,
2005).
La
defensividad se ha definido como un estilo de afrontamiento caracterizado por
una orientación sesgada en el tratamiento de la información, en el entendido de
que es habitual que el individuo defensivo distorsione o niegue sus estados
emocionales negativos, por ejemplo, minimizando la situación de distrés. Es
evidente que la negación de la ira y la hostilidad que ocurre en individuos
altamente defensivos puede relacionarse con el concepto de inexpresión o
inhibición de la ira/hostilidad, lo cual ha sido presentad como un factor de
riesgo para la HA y procesos de enfermedad cardiovascular (Jamner y cols.,
1991). En el estilo de afrontamiento represivo se activan mecanismos de defensa
consistentes en el autoengaño y en engañar a los demás, de forma tal que se
suprimen o niegan emociones negativas (Weinberger, 1990).
Mann
y James (1998) informaron que la defensividad estaría más estrechamente
asociada a la HAE que la cólera o la ansiedad. Rutledge y Linden (2000) en un
seguimiento a los tres años, comprobaron que la defensividad estaba relacionada
a un mayor riesgo de HA, confirmando la relevancia clínica entre
características de personalidad y PA .
El
objetivo general del presente trabajo fue esclarecer variables psicológicas de
índole emocional asociadas a la condición de hipertensión arterial esencial en
individuos con conciencia de su condición de hipertensivos y en individuos sin
conciencia de este estado. Se establecieron los siguientes objetivos
específicos:
Explorar
valores de ira como rasgo y estado, manifiesta y encubierta en individuos
hipertensos esenciales con diagnóstico médico confirmado e individuos
hipertensos sin conocimiento de su condición
hipertensiva. Explorar
valores de ansiedad como rasgo y estado en individuos hipertensos esenciales
con diagnóstico médico confirmado e individuos hipertensos sin conocimiento de
su condición hipertensiva. Analizar
valores de defensividad en las condiciones de HA con conocimiento versus desconocimiento de tal condición.
Se
plantearon las siguientes hipótesis:
Los
sujetos hipertensos tendrían valores más elevados de cólera rasgoestado, cólera
manifiesta y encubierta que los normotensos. Los
sujetos hipertensos manifestarían valores más elevados de ansiedad rasgo-estado
que los normotensos.Los
sujetos hipertensos sin conocimiento de su condición obtendrían valores más
elevados en la escala de defensividad que los sujetos hipertensos con
conocimiento de su estatus hipertensivo.Los
individuos hipertensos (con y sin conocimiento de su hipertensión) obtendrían
valores de defensividad más elevados que los normotensivos.
Metodología
SUJETOS
De la muestra total de 228 sujetos, se seleccionar on 72 individuos hiper ten
sos de ambos sexos.
Se
compararon los siguientes grupos:
- Normotensos.
35 sujetos (16 mujeres y 19 hombres) con una edad media de 36.16 ( DE = 6.16;
con valores extremos entre 31 y 50 años). Del total de individuos, 23
informaron tener antecedentes familiares de hipertensión.
- Hipertensos
esenciales leves con diagnóstico. 35 sujetos (17 mujeres y 18 hombres) con una
edad media de 45.26 ( DE = 8.06; con valores extremos entre 31 y 55 años). 26
individuos del grupo total informaron tener antecedentes familiares de
hipertensión.
- Hipertensos
esenciales leves sin diagnóstico. 37 sujetos (15 mujeres y 22 hombres) con una
edad media de 43.00 ( DE = 8.62; con valores extremos entre 29 y 55 años). 20
sujetos informaron tener antecedentes familiares de hipertensión.
El test de Tukey indicó que las muestras de
hipertensos eran homogéneas.
Todos
los participantes de las muestras eran de un nivel socioeconómico medio
(empleados públicos administrativos o docentes). Se tomaron como referencia las
normas internacionales del VII Report of the Joint National Committe on
Prevention, Detection, Evaluation, and Treatment of High Blood Pressure ( JNC,
2003), según las cuales, para mayores de 18 años, los valores de
pre-hipertensión oscilan entre 120-139 mmHg y 80-89 mmHg. La categoría de
hipertensos se divide en dos estadios a partir de 140 mmHg y 90 mmHg para la
presión sistólica y diastólica, respectivamente.
Instrumentos
Se
aplicaron los siguientes instrumentos a la totalidad de las muestras:
- Cuestionario
de cólera rasgo-estado (ST AXI ) de Spielber ger (1988).
- Cuestionario
de ansiedad rasgo-estado (IDARE) de Spielber ger y cols. (1976).
- Escala
de deseabilidad social (Marlowe y Crowne, 1960).
Cuestionario
de antecedentes familiares sobre hipertensión elaborado adhoc destinado a
indagar antecedentes hipertensivos y si el participante conocía o no su estado
de HA.
Esfigmomanómetro
aneroide AMC. Aparato manual, usado habitualmente en contexto clínico.
Procedimiento
Se
evaluó la presión arterial sistólica y diastólica a más de 228 individuos de
ambos sexos. Se les solicitó a los sujetos que 30 minutos antes del control
evitaran el consumo de café, alcohol, y cigarrillos. Los dos primeros registros
se obtuvieron en el lugar de trabajo; posteriormente se realizaron cinco
controles más en contextos extralaborales. En las muestras de hipertensos se
incluyeron los individuos que presentaron un valor de PA sistólica mayor o igual
a 120 mmHg, PA diastólica mayor o igual a 80 mmHg, o bien, en ambas ( JNC,
2003).
Observando
los valores para las variables de cólera, ansiedad y defensividad en cada
grupo, no se encontraron diferencias significativas intergrupales.
Con
respecto a la variable cólera, teniendo en cuenta las dimensiones de rasgo,
estado, cólera inhibida y manifiesta, no se observan diferencias significativas
en el grupo total de hipertensos con respecto al de normotensos.
Sin
embargo, los hipertensos con y sin diagnóstico presentan, en estado y rasgo de
cólera, mayor puntaje que el grupo de los individuos normotensos. De esta
forma, los valores encontrados están orientados en un sentido convergente al
que señalan diversos autores, aunque el resultado obtenido no es significativo.
En
la variable cólera, la totalidad de los sujetos hipertensos (con y sin
diagnóstico) también presentan mayores puntajes en cólera inhibida, en una
dirección que coincide con los resultados obtenidos por diferentes
investigadores (Johnson y Spielberger, 1992; Vögele y Steptoe, 1992; Goldstein
y Shapiro, 2000), aunque, de nuevo, en esta dimensión no aparecen diferencias
significativas ( ANOVA).
La
variable ansiedad-rasgo aparece en los hipertensos en general, con valores más
altos en relación con los normotensos, y con una dirección convergente a la
encontrada habitualmente en los estudios de este tipo, aunque la falta de
significatividad en los valores no permite aceptar la hipótesis enunciada
anteriormente.
En
cuanto a la afectividad negativa (sentimientos de ansiedad, ira), los
resultados observados en la muestra de sujetos no conscientes de su
hipertensión no indican diferencias importantes en relación con los individuos
que eran conscientes de su condición de hipertensos. Estos resultados no coinciden
con lo observado por varios investigadores (Jorgensen y cols., 1986; Nyklícek y
cols., 1998; Mena-Martín y cols., 2003).
Los
valores similares de ansiedad y cólera (incluyendo cólera manifiesta y
encubierta) en los individuos normotensivos versus hipertensos encontrados en
este trabajo son convergentes con los obtenidos por WallManning y cols. (1986),
y Sparrow y cols. (1982).
El
grupo total de hipertensos no manifestó mayor grado de defensividad que el
grupo de los sujetos normales, a diferencia de lo encontrado por Rutledge y
Linden (2000), y Mann y James (1998).
Contrario
a lo esperado, en la variable defensividad, los valores de los individuos
hipertensos aparecen más bajos que en los grupos de normotensos e hipotensos.
La comparación intergrupal de los hipertensos indica que entre éstos no hay
diferencias en relación con esta variable.
Conclusiones
Los
resultados obtenidos no confirman mayores niveles de cólera, ansiedad y
defensividad en los individuos hiper tensos en r elación con los nor moten sos.
Tampoco se encontró una diferencia significativa en emocionalidad negativa en
relación con el conocimiento del estatus hipertensivo versus el desconocimiento
del mismo. De la misma manera, Schmitz, Thefeld y Kruse (2006) no encontraron
asociación entre conciencia de hipertensión y
mayor afectividad negativa. La diferencia que observaron estos autores
fue en relación con el tratamiento versus no tratamiento, con conciencia del
estado hipertensivo. Los individuos con conciencia de su estado hipertensivo
sin tratamiento presentaron mayores alteraciones psicológicas y de
comportamiento que los hipertensos con tratamiento.
El
efecto de “rotulamiento” (conciencia de HA) asociado al deteriorio del estado
subjetivo de salud no fue observado en estos sujetos, a diferencia de lo
encontrado por Mena-Martín y cols. (2003).
Aunque
los datos empíricos de los individuos hipertensos, en relación con rasgo y
estado de cólera, con y sin conciencia de su estado hipertensivo, presentan
mayores valores que los normotensos, las puntuaciones no alcanzan a ser
significativas.
Los
datos obtenidos no apoyan ninguna de las cuatro hipótesis enunciadas
anteriormente, aunque las puntuaciones tienden a ser mayores en afectividad
negativa (cólera-rasgo, cólera-estado y cólera inhibida, y ansiedad estado) en
ambos grupos de hipertensos, en relación con los individuos normotensos.
Los
datos de cólera inhibida se orientan en una dirección convergente a lo
encontrado por Ohira y cols. (2002), al igual que los datos de ansiedad estado,
con respecto a Kang (2005).
El
tema de la medición (cómo y cuántas veces se mide la presión) para determinar
si una persona puede ser rotulada como hipertensa o no es inherente a la
problemática general de esta disfunción psicofisiológica. García-Vera y Sanz
(1999) señalan que un procedimiento confiable consiste en medir la PA tres días
consecutivos, tomándola en dos contextos diferentes, o bien, una sola medición
cada dos días en tres contextos distintos. Cual quiera de estos procedimientos
permitiría generalizar la P A a través de dis tintos contextos y en el tiempo.
En el presente trabajo se tomaron como mínimo siete medidas de P A (dos en
contexto laboral y cinco en contextos no laborales). Se puso especial atención
en el procedimiento de las mediciones, invirtiendo mucho tiempo en la
conformación de las muestras, ya que se sabe que el procedimiento de medición
aplicado puede constituir una importante fuente de error.
Podría
incidir en los resultados logrados la ausencia de contraste entre los grupos
(hipertensos versus normotensos), ya que la mayoría de los sujetos hipertensos
eran leves, presentaban valores de un nivel 1 ( JNC, 2003). Habría que
considerar la posibilidad de que los resultados diferentes si los grupos de
hipertensos versus normales fueran más contrastantes en sus valores de PA.
Las
variables de edad y sexo, así como el tamaño reducido de las muestras podrían
afectar los resultados, ya que faltaría representar en éstas la franja etárea,
que va de los 18 a los 28 años, así como una mayor representación del sexo
femenino en la constitución de las mismas.
Con
el fin de aumentar la confiabilidad de las medidas obtenidas se sugiere la
conveniencia de realizar entrevistas estructuradas para evaluar reacciones
emocionales, en lugar de aplicar
procedimientos autoadministrados. Los datos empíricos obtenidos se
orientan a apoyar la idea de que la combinación de antecedentes familiares y
ciertos rasgos de personalidad
aumentarían la probabilidad de riesgo hipertensivo.
Autores
LIC. MARÍA EUGENIA BATTAGLIA: EscuelaEspecial núm.
11 “El Portal” de Cos Malal, Neuquén, Argentina.
D RA. LILIA MABEL LABIANO: Cátedra de Psicología
para los Profesorados en Biología y Química, Universidad Nacional de San Luis,
Argentina.
L IC. CLAUDIA BRUSASCA: Cátedra de Neurofisiología,
Facultad de Ciencias Humanas, Universidad de San Luis, Ar gentina.
B
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