Lobos desesperados por el poder 2.0



¿Qué poderes mueven a los políticos hoy? ¿Sus motivaciones, causas o proyecciones son determinadas por un sentimiento o ambición común, independiente del color político? Tal vez la respuesta a estas interrogantes está en sus propios  hechos.

 


 

La política, es definida desde su naturaleza como lo relativo al ordenamiento de la ciudad, un proceso orientado ideológicamente hacia la toma de decisiones para consecuencia de un grupo determinado. Aquí aparece el conocido “bien común”. Dos palabras pronunciadas a lo largo de todo el mundo y en Chile utilizadas por todos los partidos políticos, pero ¿Existe política de bien común en el siglo XXI?

 

En el 2006, Edgardo Boeninger Kausel, ex ministro secretario general de la presidencia, se vio enfrentado a una pregunta directa en este sentido al ser entrevistado por Mauricio Carvallo. ¿La alternativa en el poder aliviaría la crisis política? Fue la pregunta planteada por el periodista.

 

Su respuesta es dura y casi una profecía: “Tiene que producirse en algún instante. Pero ésta no ocurrirá mientras la oposición no tenga mayor capacidad de atracción. Pero si la Concertación no fuera capaz, de aquí a 2009, de corregirse, el castigo sería merecido.”

 

Traigo al juego este recuerdo de Edgardo Boeninger, para confirmar desde la misma concertación su crisis pasada y la actual. Hoy nos encontramos en pleno 2011, con un Gobierno encabezado por la anterior oposición, con un presidente que ascendió al poder con un resultado de 51,61 versus el 48,38 del candidato de la Concertación.

 

Hace algunas semanas nos encontramos con una problemática que vivencia la crisis de poder y la fragilidad  de la Concertación.  Jorge Gajardo, comunicó su renuncia a la alcaldía, en la segunda comuna más poblada del país, La Florida. Casi de inmediato comenzó a ponerse en juego el peligro de poder de una balanza que ponía por un lado a la Concertación  y por otro a la UDI, representada por el concejal de dicho partido Rodolfo Carte, dando inicio así a una de las teleseries más vergonzosas de nuestra política.

 

Diversas son las alternativas que se barajan, una de ellas es seguir dilatando la sucesión de Jorge Gajardo y no dar quórum a las sesiones extraordinarias del concejo donde se elige al alcalde. De acuerdo con informes jurídicos manejados en la Concertación, la ley les permitiría convocar hasta 60 veces dichas sesiones.

Alternativa que hasta la fecha se ha dado, pero hasta este episodio ha perjudicado a la Concertación, demostrando falta de inteligencia para llevar a cabo un conflicto que debería haber tenido rápida solución bajo el alero de la ley.  Y es que no sabemos que es lo que permite la ley en el caso de La Florida.

 

Hasta ahora la concertación no ha sido capaz de instalarse con argumentos y determinación frente a esta microcrisis.  Más bien se muestra débil y desesperada por perder el poder, lo que la lleva a cometer errores como el anterior.

 

La desesperación  por el poder y el afán por tener una cuota de él ha primado hasta ahora. Ello ha sido la causa de razonamientos como el doble cetro, planteado por el Diputado Carlos Montes (PS), quién planteó: dividir entre la Concertación y la Alianza los diecinueve meses que restan de gestión. Amigos en el cetro para que ninguno pierda el poder ¿A esto le llamamos bien común? Más bien es el bien individual, tanto de cada candidato político que se nos presenta en la cotidianidad de la vida, como la individualidad de un partido político que busca ante todo su bien personal para lograr tantas cosas, como echar en sus bolsillos millones.

 

La prolongación de este conflicto daña la imagen de los partidos, sin distinciones y es por esto que con mayor razón aparecen estas propuestas extrañas, que demuestran la debilidad, falta de credibilidad y ,sobre todo,  falta de interés en la lucha política por el bien común.

 

La política del siglo XXI baila constantemente entre los personajes de la telenovela mexicana y superhéroes que esconden su ego tras la capa roja. Chile no es el único país que ha perdido la ideología política, gran parte del globo ha perdido el fundamento.

 

La inestabilidad política de un país como Libia, en el que existe una batalla campal entre el bien común y el personaje Gadafi, que representa un bien: el individual, que se traduce en ese gusto por el buen habla y buena vida. Gadafi es sólo un ejemplo de los miles de políticos que se pasean por las calles gritando promesas para el bien de las personas, pero cuando llegan a sus casas cuelgan las chaquetas ¿No se suponía que la política, el político aspira al bien común?

 

“Soberano es el Estado que sirve para proteger a su población. El gobierno que no protege a sus ciudadanos y que por el contrario se convierte en su principal enemigo no merece seguir gobernando”. Menciona Lluís Bassets en el Diario El País sobre el conflicto en Libia. La frase de Bassets puede ser aplicada para todos los países del mundo, incluso para el pequeño conflicto televisivo del caso “La Florida” 

 

En esta época, dictadores, demócratas, todos, están encantados con el poder y muy pocos enamorados de la lucha constante por lograr bienes para la multitud. Es tiempo de que se tome un trapo con agua, se limpie la frente de muchos y se comience a pensar en las personas, en limpiar nuestra política, pues es lo único que asegura la soberanía.

 

En Chile de una vez por toda la concertación debe entender que seguirán perdiendo fuerzas si pelean por una política de carrera y no por una de humanidad, pues parecen lobos desesperados por el poder, más que leones capaces de luchar por sus crías para hacer un bien común. Lobos también en la UDI, pero incluso quizás más astutos y por supuesto los Gadafis, que se mezclan entre el rostro del león y la esencia permanente del lobo.

 

Necesitamos política, necesitamos políticos, necesitamos volver al principio, cerrar puertas y ventanas para hacer un análisis y desde ahí implementar las nuevas formas gubernamentales, tanto en Chile, como en Libia, Egipto, Venezuela, por mencionar algunos. Sólo desde dentro se pueden hacer los verdaderos cambios a los errores escondidos y tal como ahora le corresponde a la concertación en Chile, quizás le corresponda al oficialismo en dos años más.

 

Muchos esperan por ver salir a flote a una concertación que no de vergüenza, muchos esperan la justicia en Libia para el bien común, muchos esperan política y no politiquería.

 

 



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Lobos desesperados por el poder 2.0


¿Qué poderes mueven a los políticos hoy? ¿Sus motivaciones, causas o proyecciones son determinadas por un sentimiento o ambición común, independiente del color político? Tal vez la respuesta a estas interrogantes está en sus propios  hechos.

 


 

La política, es definida desde su naturaleza como lo relativo al ordenamiento de la ciudad, un proceso orientado ideológicamente hacia la toma de decisiones para consecuencia de un grupo determinado. Aquí aparece el conocido “bien común”. Dos palabras pronunciadas a lo largo de todo el mundo y en Chile utilizadas por todos los partidos políticos, pero ¿Existe política de bien común en el siglo XXI?

 

En el 2006, Edgardo Boeninger Kausel, ex ministro secretario general de la presidencia, se vio enfrentado a una pregunta directa en este sentido al ser entrevistado por Mauricio Carvallo. ¿La alternativa en el poder aliviaría la crisis política? Fue la pregunta planteada por el periodista.

 

Su respuesta es dura y casi una profecía: “Tiene que producirse en algún instante. Pero ésta no ocurrirá mientras la oposición no tenga mayor capacidad de atracción. Pero si la Concertación no fuera capaz, de aquí a 2009, de corregirse, el castigo sería merecido.”

 

Traigo al juego este recuerdo de Edgardo Boeninger, para confirmar desde la misma concertación su crisis pasada y la actual. Hoy nos encontramos en pleno 2011, con un Gobierno encabezado por la anterior oposición, con un presidente que ascendió al poder con un resultado de 51,61 versus el 48,38 del candidato de la Concertación.

 

Hace algunas semanas nos encontramos con una problemática que vivencia la crisis de poder y la fragilidad  de la Concertación.  Jorge Gajardo, comunicó su renuncia a la alcaldía, en la segunda comuna más poblada del país, La Florida. Casi de inmediato comenzó a ponerse en juego el peligro de poder de una balanza que ponía por un lado a la Concertación  y por otro a la UDI, representada por el concejal de dicho partido Rodolfo Carte, dando inicio así a una de las teleseries más vergonzosas de nuestra política.

 

Diversas son las alternativas que se barajan, una de ellas es seguir dilatando la sucesión de Jorge Gajardo y no dar quórum a las sesiones extraordinarias del concejo donde se elige al alcalde. De acuerdo con informes jurídicos manejados en la Concertación, la ley les permitiría convocar hasta 60 veces dichas sesiones.

Alternativa que hasta la fecha se ha dado, pero hasta este episodio ha perjudicado a la Concertación, demostrando falta de inteligencia para llevar a cabo un conflicto que debería haber tenido rápida solución bajo el alero de la ley.  Y es que no sabemos que es lo que permite la ley en el caso de La Florida.

 

Hasta ahora la concertación no ha sido capaz de instalarse con argumentos y determinación frente a esta microcrisis.  Más bien se muestra débil y desesperada por perder el poder, lo que la lleva a cometer errores como el anterior.

 

La desesperación  por el poder y el afán por tener una cuota de él ha primado hasta ahora. Ello ha sido la causa de razonamientos como el doble cetro, planteado por el Diputado Carlos Montes (PS), quién planteó: dividir entre la Concertación y la Alianza los diecinueve meses que restan de gestión. Amigos en el cetro para que ninguno pierda el poder ¿A esto le llamamos bien común? Más bien es el bien individual, tanto de cada candidato político que se nos presenta en la cotidianidad de la vida, como la individualidad de un partido político que busca ante todo su bien personal para lograr tantas cosas, como echar en sus bolsillos millones.

 

La prolongación de este conflicto daña la imagen de los partidos, sin distinciones y es por esto que con mayor razón aparecen estas propuestas extrañas, que demuestran la debilidad, falta de credibilidad y ,sobre todo,  falta de interés en la lucha política por el bien común.

 

La política del siglo XXI baila constantemente entre los personajes de la telenovela mexicana y superhéroes que esconden su ego tras la capa roja. Chile no es el único país que ha perdido la ideología política, gran parte del globo ha perdido el fundamento.

 

La inestabilidad política de un país como Libia, en el que existe una batalla campal entre el bien común y el personaje Gadafi, que representa un bien: el individual, que se traduce en ese gusto por el buen habla y buena vida. Gadafi es sólo un ejemplo de los miles de políticos que se pasean por las calles gritando promesas para el bien de las personas, pero cuando llegan a sus casas cuelgan las chaquetas ¿No se suponía que la política, el político aspira al bien común?

 

“Soberano es el Estado que sirve para proteger a su población. El gobierno que no protege a sus ciudadanos y que por el contrario se convierte en su principal enemigo no merece seguir gobernando”. Menciona Lluís Bassets en el Diario El País sobre el conflicto en Libia. La frase de Bassets puede ser aplicada para todos los países del mundo, incluso para el pequeño conflicto televisivo del caso “La Florida” 

 

En esta época, dictadores, demócratas, todos, están encantados con el poder y muy pocos enamorados de la lucha constante por lograr bienes para la multitud. Es tiempo de que se tome un trapo con agua, se limpie la frente de muchos y se comience a pensar en las personas, en limpiar nuestra política, pues es lo único que asegura la soberanía.

 

En Chile de una vez por toda la concertación debe entender que seguirán perdiendo fuerzas si pelean por una política de carrera y no por una de humanidad, pues parecen lobos desesperados por el poder, más que leones capaces de luchar por sus crías para hacer un bien común. Lobos también en la UDI, pero incluso quizás más astutos y por supuesto los Gadafis, que se mezclan entre el rostro del león y la esencia permanente del lobo.

 

Necesitamos política, necesitamos políticos, necesitamos volver al principio, cerrar puertas y ventanas para hacer un análisis y desde ahí implementar las nuevas formas gubernamentales, tanto en Chile, como en Libia, Egipto, Venezuela, por mencionar algunos. Sólo desde dentro se pueden hacer los verdaderos cambios a los errores escondidos y tal como ahora le corresponde a la concertación en Chile, quizás le corresponda al oficialismo en dos años más.

 

Muchos esperan por ver salir a flote a una concertación que no de vergüenza, muchos esperan la justicia en Libia para el bien común, muchos esperan política y no politiquería.

 

 




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