“Hay enfermedades del alma que son más perniciosas que las del cuerpo”.
Cicerón.
Nos enfermamos por diversas causas.
Determinarlas a ciencia cierta, es tarea de los profesionales en la materia.
Sin embargo, la experiencia nos dice que existen enfermedades que
son hereditarias. Aquellas que se nos presentan debido a un alto
código genético predeterminado. Otras enfermedades son causadas por el medio
ambiente o por circunstancias relacionadas con determinada actividad física.
Asimismo existen enfermedades llamadas psicosomáticas que, como su nombre
lo dice, el cuerpo somatiza determinados patrones psicológicos o emocionales.
Con motivo del Día Mundial del Enfermo, a celebrarse este sábado 11 de
febrero, hablaremos de las enfermedades, sus posibles causas y también, de la
manera de evitarlas.
En el caso de las primeras, las
hereditarias como las llaman, es importante optar por un estilo de vida
saludable y mantener un cuidado personal para ser menos vulnerables.
También es importante no programarnos mentalmente para que así suceda.
No tiene por qué ser regla general. Al contrario, podríamos incluso
romper ese patrón manteniendo una ética del cuidado y una cultura de
prevención.
En el segundo caso, nos encontramos con
aquellos padecimientos provocados por factores externos, como la contaminación,
los contagios, el paso del tiempo en nuestras vidas. Aquí cabe también
extremar las medidas preventivas. El cuidado físico, ejercicio,
alimentación balanceada, evitar malos hábitos, son medidas que nos ayudan.
Sin embargo, ¿Qué pasa con esas
enfermedades que se presentan sin causa precedente aparente? Aquella a las que
invitamos por propia voluntad, las que atraemos, las que consciente o
inconscientemente, queremos que vivan con nosotros.
Les comparto el texto de un correo electrónico que me llegó hace algunos
años y que nos habla del arte de no enfermarse.
HABLA DE TUS SENTIMIENTOS: La palabra,
oral o escrita, es un poderoso remedio. Hablar de nuestros sentimientos nos
ayuda a verlos desde otra perspectiva. Comunicar lo que sentimos de una manera
asertiva, y buscar el acompañamiento adecuado, esa persona que nos ama y nos
sabe escuchar. Reprimirlos provoca enfermedades como gastritis, úlcera y dolor
de columna.
TOME DECISIONES.- En lo personal, superar
mi indecisión ha sido un arduo trabajo personal. Una persona indecisa siempre
duda y eso le causa ansiedad y angustia. Aprender a tomar decisiones en
base a tus necesidades, principios, valores, es un buen paso. Nos evitamos
dolencias nerviosas y problemas en la piel.
SEA ALEGRE.- El buen humor, la risa, el
reposo, la alegría, recuperan la salud y atraen larga vida. La persona alegre
tiene el don de alegar el medio ambiente donde vive. La alegría es salud y
buena terapia.
BUSQUE SOLUCIONES.- Evitar las
negatividad. La persona negativa no consigue soluciones y aumentan los
problemas. Prefieren la lamentación, la murmuración y el pesimismo. Los
pensamientos negativos generan energía negativa, misma que se transforma en
enfermedad.
ACÉPTESE.- El rechazo hacia sí
mismo, la ausencia de autoestima hacen que nos volvamos ajenos a nosotros
mismos. Quienes no se aceptan difícilmente pueden amarse. Se vuelven
envidiosos, competitivos, celosos, destructivos e imitadores. Todo esto se
traduce en enfermedades.
CONFÍE.- Qué difícil es confiar en este
época, sin embargo, es necesario saber confiar, saber en qué y en quién
confiar. Quienes no confían en nada, no se abren a los demás, no se relacionan,
no son creativos y no tienen relaciones duraderas ni estables. La
desconfianza es falta de fe en sí, en los demás y en Dios. La fe es una
excelente medicina.
Cualquiera que sea el caso y la causa de
la enfermedad, lo cierto es que nadie estamos exentos de ellas. Las personas
enfermas merecen nuestro amor y nuestra bondadosa comprensión Necesitan un
abrazo, no un sermón. Mucho menos un regaño. Darles un amor compasivo, es
también acompañarlos en su dolor y sufrimiento. Les deseo mucha
salud. ENHORABUENA.