Momento de definiciones y posiciones

El momentun es histórico, porque exige definiciones claras y definitivas. No es posible eludir los temas que le dan verdadero sentido a la lucha política.

 

. No es posible eludir los temas que le dan verdadero sentido a la lucha política.
 

Johan Rodríguez Perozo  

 

El debate político venezolano va cobrando la intensidad que le es característica, en un contexto como el ofrecido por la realidad actual. La lucha por desplazar del poder a quienes lo detentan, pone a prueba los mejores talentos de la política nacional.

 

Por una parte, el desgarramiento y desgaste natural producido por el ejercicio vacuo del poder de quienes gobiernan y por la otra, la capacidad de quienes se oponen al régimen, para descifrar las claves más importantes e imponer su discurso, conforman la trama a través de la cual, deberán producirse los acontecimientos más importantes de los próximos meses.

 

En el entramado opositor al régimen de Chávez, ocurren diversas situaciones que vale la pena evaluar. Corriendo el riesgo de la vituperación por algunos avezados de la política tradicional, nos atrevemos a señalar el intento por secuestrar el sentido del debate abierto, democrático y plural.

 

La circunstancia impuesta por el régimen, basada fundamentalmente en la idea de imponer un modo de vida incompatible con las mejores tradiciones del venezolano, ha llevado a la construcción de una plataforma unitaria, como desiderátum a la salida de los males que nos aquejan como sociedad.

 

El notable esfuerzo por conformar la plataforma unitaria, cuya misión básica es la de coordinar el esfuerzo por desplazar al régimen de Chávez del poder, tiene como elemento focal la debilidad estructural y organizativa del entramado partidista que la integra. Paralelamente al interés de grupo de los partidos, va corriendo el de las individualidades aspirantes a convertirse en los líderes de la ocasión. Tirios y troyanos admiten la premisa antes señalada, como el punto de partida para un combate a librar en varios escenarios y a la vez, en planos diferentes donde nunca quedan atrás las viejas querellas.

 

Diversos estudios e investigaciones de opinión pública, muchos de éstos difundidos interesadamente por los medios (la opinión publicada), recogen de manera sólida aspectos a considerar debidamente, por quienes adelantan sus respectivas estrategias, destinadas a moldear el animus colectivo de una manera determinada y acorde con sus intereses. Que ha de ser alguien consustanciado con los tiempos que corren, el líder llamado a encabezar la titánica tarea política de desplazar al chavismo gobernante del poder, es algo expresado de manera contundente y recurrente en dichas investigaciones de opinión pública.

 

Los mismos estudios nos dicen, que no es precisamente esta la hora de mayor influencia en la sociedad de los partidos políticos, como instituciones orientadoras de la vida y las decisiones públicas. Porcentajes modestos le son asignados a las organizaciones políticas, en distintas mediciones de los niveles de aceptación por la gente, de la razón de ser de estas instituciones.

 

En tal sentido, y en aceptación tácita del significado de la realidad expresada, se hace perfectamente comprensible que algunos sectores “refunfuñen” y se nieguen a admitir la contundencia de la circunstancia. Claro está que el liderazgo representado, básicamente, por Capriles, López, Pérez y Machado, marca la impronta de una generación que está llamada a asumir responsabilidades para las cuales probablemente no estaban listos.

 

Ello no los descalifica, en tanto en cuanto también tienen individualmente, el deseo y la decisión de ser protagonistas de su propio tiempo. Con base a esta realidad, queremos entonces, plantear y porque no decirlo claramente, colocar en evidencia el “extraño” discurso levantado por algunos personeros de la política tradicional, intentando descalificar de manera aviesa, a quienes la circunstancia histórica a colocado en el camino de ayudar a dilucidar el destino de la sociedad venezolana de estos tiempos.

 

En nuestra modesta opinión, creemos que hay que darle “un parao” a algunos personeros con pretensiones de encauzar una orientación moralizadora de la política, en vano intento por influir en las decisiones públicas. Pretendiendo hacerlo además, desde la trashumancia de la atalaya del exilio voluntario, marchando a contra pelo de las realidades que bordean los riesgos asumidos por quienes aquí están “poniendo el pecho”, prestos al combate necesario.

 

Discursos como el de Rafael Poleo y personeros similares, considerados una suerte de factótums de la política venezolana, sólo contribuyen a enrarecer aún más, el complejo escenario del mundo opositor al régimen gobernante en Venezuela.

 

Ha llegado la hora del ajuste de cuentas de la sociedad venezolana consigo misma. El país se mueve entre el maremágnum del peligro de continuidad de un régimen que, cual elefante en vidriera, ha destruido el entramado institucional, llevándose por delante las esperanzas de progreso de un pueblo y las complejas contradicciones de un liderazgo desgastado, aparentemente negado a abrirle paso a las nuevas realidades, convirtiéndose así y de manera eventual en rémora para los cambios necesarios y el empuje de una generación resuelta a asumir su responsabilidad.

 

Para la dirigencia a la que ya se le pasó su cuarto de hora, es momento de dejar atrás los protagonismos de viejos tiempos y asumir sin ambages, el apoyo solidario al liderazgo de este tiempo. Son éstos y no otros, los llamados a rescatar el país de manos de la tropa demencial, que hace ya trece años lo tomó por asalto para llevarnos a la ruina. Es el tiempo de los Capriles, los López, los Pérez y las Machado y no el de los Poleo, quienes más allá de recrearnos con sus crónicas trashumantes, deben abrir paso a quienes están llamados a conducir el movimiento de salvación nacional que hoy exige la sociedad venezolana.

(*) @johanperozo

UNETE



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