Llego el fin del
Calderonismo.
El resultado de la
elección interna para la candidatura presidencial del partido acción nacional,
no solo arroja como consecuencia el triunfo de Josefina Vázquez Mota, es por
añadidura el final político de la era calderonista y eso no solo es por una
cuestión natural de vencimiento de plazos o relevos normales, porque la
elección misma, por sus características y secuelas se erige como fallo
contundente, en el que la conclusión de la influencia de Calderón, al interior
de su partido caduca por prescripción tanto como por ausencia de autoridad, un
colofón que concluye dramáticamente contra su predominio.
Con la victoria de
Josefina Vázquez Mota, ganan también las corrientes, en este caso ampliamente
mayoritarias, contrarias al designio y voluntad de Calderón, no se trata de una
rebeldía, es simplemente un rechazo tajante que bien puede entenderse como
castigo, porque independientemente de la competencia y las simpatías que cada
candidato podía conseguir, siempre estuvo de por medio el fantasma de la
imposición, la operación orquestada y conducida desde los Pinos, para intentar
hacer prevalecer sus deseos.
Situación similar, que
confirma el escenario, la que
sucedió en simultaneo en la elección de candidato a gobernador del PAN, en el estado
de Guanajuato, en la que la estructura bajo el mando del gobernador Oliva,
derroto al doctor José Ángel Córdoba Villalobos, ex secretario de salud del
régimen, también en contra de la voluntad calderonista, a quien se envió a
competir con la garantía de que su triunfo dependía más de la voluntad y los
apoyos de Calderón, que de los ánimos y preferencias locales.
Porque con las derrotas de
su Delfín y quien fuera su secretario de salud, toda proporción guardada en el
tamaño de cada descalabro, no solo pierde Ernesto Cordero o Córdoba Villalobos,
el gran derrotado es el propio Felipe Calderón, quien a pesar de todas las
mediciones y pronósticos adversos los impulso hasta el último suspiro.
Es evidente que aun y a
pesar del gigantesco despliegue oficial en apoyo de la candidatura de Ernesto
Cordero, que hay que reconocer que gracias a esa ayuda, obtuvo un porcentaje de
votación que no se esperaba pudiera alcanzar, la militancia sin embargo logro
sobreponerse a esa coyuntura, votando copiosamente en comparación a otras
situaciones similares, para equilibrar
el manejo electoral oficial, motivada seguramente por hacer patente su
desencanto, no solo por la postulación de Cordero, sino por los magros
resultados de la gestión de Calderón al frente del ejecutivo, que han sido
completamente decepcionantes hasta para sus mismos correligionarios.
Prueba de ello y lo
comentábamos anteriormente en este espacio, la cargada de personalidades de ese
partido, que se fue sumando paulatinamente a favor de Vázquez Mota, no solo por
lo que eso implicaba en la adhesión a su bando, porque al ser publicas
significaban no solo una desbandada, una falta de respeto a su investidura como
jefe del partido, sino un reto expuesto, un mensaje directo para Calderón, que
no quiso o no pudo entender.
O tal vez y esa es otra
posibilidad, entendió el mensaje pero no le dio la importancia suficiente, el
exceso de confianza en la capacidad operativa del aparato oficial, tanto como
el del aparente control que presumía tener de las estructuras del partido, le
hicieron minimizar el desarrollo del proceso, asumiendo la ventaja que esas
herramientas le podían dar en el manejo de los comicios.
Porque independientemente
de las versiones de última hora en las que se esgrimía que Calderón había
abandonado a Cordero debido a las mediciones de preferencias y establecido
pactos con Vázquez Mota, lo que sucedió el domingo en el transcurso de la
elección comprueba que Calderón, desplego todas las herramientas a su
disposición para intentar hacer ganar a su candidato, el rostro desencajado de
Ernesto Cordero, en el anuncio de la victoria de Josefina y las palabras
entrecortadas que le dirigió a sus seguidores posteriormente, demuestran que
Cordero y por ende Felipe Calderón también, pensaron que si podían ganar. Sus
esfuerzos terminaron por ser insuficientes, peso mucho más el desgaste.
Ahora bien como
apuntábamos, los tiempos y el resultado implican el surgimiento de un nuevo
liderazgo en acción nacional en relación lógica con la situación de la
candidatura presidencial, independientemente de que la situación personal entre
Josefina Vázquez Mota y Felipe Calderón se reencauce positivamente por la
obviedad, por la necesidad de establecer un frente común para tratar de
mantener la presidencia de la república, lo que se antoja materialmente
improbable, quien asume desde ahora el privilegio de la conducción es ella, es
por definición Vázquez Mota es la nueva jefa del panismo.
Bajo esa perspectiva y
considerando que Josefina Vázquez Mota, requerirá del auxilio del aparato
gubernamental para la logística y el financiamiento de su campaña, tendrá que
decidir la ruta que le presenta la encrucijada de deslindarse de Calderón,
reconocer abiertamente el gran cumulo de errores de su administración y
proponer modificaciones reales y tangibles que al menos en la propuesta la
diferencien de las pésimos gobiernos federales panistas, de los que por cierto
ella misma ha sido pieza fundamental, o mantener por conveniencia la aparente
cordialidad, que ha estado presumiendo desde el anuncio de su triunfo, con el
costo que eso le va a ocasionar ante el electorado.
Vázquez Mota y su equipo
tendrán que valorar que el argumento fundamental que les dio la victoria, fue
precisamente ir en contra de la voluntad de Calderón, el mensaje manifiesto de
reprobación de su misma militancia, por tanto que su cualidad principal hasta
ahora ha sido precisamente su independencia de él y eso no habrá de cambiar
considerablemente en la campaña, porque si los propios panistas ya le dieron la
pauta en ese sentido, con mayor razón tendrá que continuar con esa estrategia
en la búsqueda del voto fuera de su ámbito de preferencias históricas, es decir
con su voto duro y más aun con los que todavía están indecisos.
Josefina Vázquez Mota,
puede resultar ser una
contendiente atractiva más allá de su condición de género, si se deslinda de la
ideología y los métodos frustrados del Calderonismo, incluso más aun que
enfrascándose en ataques hacia sus rivales, Andrés Manuel López Obrador y
Enrique Peña Nieto, quienes a su vez tendrán cada uno por su lado una agenda de
señalamientos fundados en contra de la actual administración, por tanto para la
candidata panista será muy complicado e inútil salir en su defensa, a cambio
del reconocimiento tácito del fracaso del régimen y una oferta tanto
administrativa como ideológica que en la practica la diferencie del mismo.
Independientemente de lo
que suceda en el transcurso de la campaña, del resultado de la elección, el
arribo oficial de Vázquez Mota a la contienda considerando los demás argumentos
de esta reflexión, marcan el fin político del Calderonismo.
Sin embargo Calderón, con
lo poco que le queda intentara por encima de su derrota interna y los
claroscuros de su relación con Vázquez Mota, aferrase primero a no perder el
gobierno y mucho menos entregárselo a quienes considera sus peores y mas
acérrimos enemigos, Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto
respectivamente, entre quienes todo parece indicar se definirá al vencedor.
Calderón comenzara desde
ahora a experimentar la verdadera e incruenta soledad, el vacio que se enmarca
en el termino del poder, a observar como quienes antes eran sus incondicionales
defensores de oficio, se convertirán en sus más severos críticos.
guillermovazquez991@msn.com
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