Demócratas insatisfechos

Por Javier Urrea Cuéllar

 

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¿En la democracia, qué es lo que debemos exigir como ciudadanos a nuestros partidos? Tal vez podemos señalar tres características básicas a tener cuenta para explicar los retos democráticos y su relación con la crisis de los partidos políticos.

Un primer elemento, consiste en la importancia de la responsabilidad política. No basta con estudiar la forma tradicional de las instituciones políticas y las debilidades de los mecanismos de representación. Se debe tomar en cuenta también, las percepciones ciudadanas y la manera en que éste afecta a las instituciones democráticas. El valor subjetivo es de primordial importancia, sobre todo cuando los espacios de comunicación entre el gobierno y la sociedad son limitados o inexistentes. En este sentido de responsabilidad política, resulta pertinente reforzar los vínculos entre los ciudadanos, las organizaciones civiles y las instituciones formales de gobierno.

Un segundo factor se concentra en la calidad y la eficiencia de las instituciones democráticas, incluyendo las organizaciones partidarias. No sólo se trata de cumplir, sino también de mejorar las acciones institucionales en función de la representación, mediación y agregación de intereses. Es fácil ver cómo en nuestro país una significativa cantidad de ciudadanos manifiestan altos grados de insatisfacción no sólo con el modelo de gobierno, sino con el funcionamiento de las instituciones democráticas. No obstante, si a partir de la hipótesis de que las instituciones representativas y democráticas son aún débiles, nos debemos preguntar si esta debilidad es solamente temporal o más bien estructural y hasta que punto se convierte en responsabilidad de los partidos políticos.

Y un tercer elemento se fundamenta en la lucha contra la corrupción política. Es importante comprender cómo las “crisis de los partidos” en los países latinoamericanos está directamente relacionada con los niveles de corrupción de sus gobernantes, y que, en consecuencia, el tema de la lucha anticorrupción debe ser una prioridad de los gobiernos, no sólo para superar el declive de las instituciones partidarias, sino también para aliviar la tendencia generalizada de desencanto e insatisfacción con la democracia.

Las permanentes denuncias sobre corrupción, contribuyen a la deslegitimación de los partidos. A estas acusaciones de corrupción, debe añadírsele la universalización del clientelismo político intrapartidista, que difícilmente puede evitarse teniendo en cuenta la debilidad ideológica por la que incursionan los partidos hoy en día.

No significa nada nuevo comprender que el funcionamiento y desempeño de los partidos políticos, hoy en día, se ve duramente criticado por la mayoría de la población, hasta el punto de convertirlos ocasionalmente en una amenaza de descrédito y desprestigio para el sistema democrático. Sin embargo, podemos considerar que muchos ciudadanos actualmente somos demócratas insatisfechos, que sabemos distinguir entre el sistema de gobierno y el desempeño los gobernantes.

En ese sentido, el descontento generalizado con las instituciones democráticas en general y los dirigentes de los partidos políticos en particular ubican nuestro entorno y futuro político en un estado de alerta que debe estar bien controlado, con el único objetivo de no retroceder en lo que más hemos avanzado durante los últimos años; en la democracia como la mejor alternativa de gobierno.

Esta columna también se encuentra en politicadirecta.net / @politicadirect

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