Igualdad de perspectivas de vida de los niños.

En alguna parte de este país existen dos personas que tienen la misma edad, ambas tienen 23 años y en febrero del próximo año, también ambas, cumplirán 24. Ambas tienen, más o menos, la misma inteligencia y ninguna de las dos ha tenido problemas graves de salud. Ambas personas, también, parecen ser igualmente animosas y felices. Sin embargo, a pesar de todas estas similitudes, ambas difieren en algo muy importante: sus perspectivas de vida.

 

. Ambas tienen, más o menos, la misma inteligencia y ninguna de las dos ha tenido problemas graves de salud. Ambas personas, también, parecen ser igualmente animosas y felices. Sin embargo, a pesar de todas estas similitudes, ambas difieren en algo muy importante: sus perspectivas de vida.
Una de estas personas, a la que podemos llamar Gabriel, nació en una pequeña población del estado de México. Allá, en su población, realizó estudios de primaria y de telesecundaria.  A él le habría gustado estudiar la preparatoria, sin embargo, sus papás decidieron que ya no siguiera estudiando porque les sería muy difícil enfrentar el gasto de mandarlo a la preparatoria. Así, Gabriel, que ya no tenía nada que hacer a los 15 años, empezó a buscarse pequeños trabajos en la población. Algunas veces trabajaba como ayudante de albañil, algunas veces como ayudante de carnicero, algunas veces arreglando el jardín de alguna persona, etc.  Posteriormente, Gabriel, se casó a los 20 años y ahora, a los 23, él y su esposa ya tienen una niña de año y medio.

Por su parte, la otra persona, a la que podemos llamar Jorge, también nació y creció en el estado de México. Pero, a diferencia de Gabriel, él creció en una colonia de clase media-alta muy próxima al Distrito Federal. Desde pequeño, Jorge asistió a escuelas particulares y siempre existió la convicción y la seguridad, por parte de sus padres, de que Jorge haría estudios universitarios, cosa que así sucedió. A los 23 años Jorge ha terminado la carrera de ingeniería civil y tiene distintas y diversas oportunidades para incorporarse al mercado de trabajo. De igual forma también tiene otras alternativas como, por ejemplo, continuar estudiando una maestría en México o, incluso, en el extranjero si así lo quisiera.

Tanto Gabriel como Jorge son personas que tienen los mismos talentos naturales y ambas personas son igualmente buenas. Lo que las hace totalmente diferentes, ahora, a los 23 años, es que Jorge –gracias a la educación universitaria que ha recibido– ha generado un conjunto de habilidades que le permiten tener unas expectativas de ingreso y riqueza muy superiores a las expectativas de ingreso y riqueza que tiene Gabriel. De igual forma, también, se le han abierto otras oportunidades que le permiten tener un abanico de formas de vida mucho más amplio que el abanico de Gabriel. Por ejemplo, Jorge tiene más oportunidad que Gabriel para cambiar de lugar de residencia, y el conjunto de actividades económicas a las que se puede dedicar es mucho más grande que el conjunto de actividades que Gabriel tiene a su alcance.

Si bien es cierto que no existe culpa alguna en Jorge de que Gabriel tenga unas expectativas de ingreso muy inferiores a las suyas, también es cierto que tampoco es culpa de Gabriel que así sea. Éste último habría sido tan buen ingeniero civil como lo es Jorge de haber tenido la oportunidad de asistir a las mismas instituciones educativas. Sin embargo, sin tener responsabilidad alguna, Gabriel no tiene, a sus 23 años, las mismas expectativas de ingreso y riqueza que tiene Jorge quien tuvo la suerte, totalmente involuntaria, de nacer y crecer en condiciones económicas y sociales más favorables. Es decir, no existe forma alguna de hacer responsable a cada uno de ellos de encontrarse en la posición en la que se encuentran. Tanto Jorge como Gabriel siempre han tomado las mejores decisiones en sus vidas –dados sus talentos, inteligencia y recursos económicos– que les han llevado a alcanzar su máximo potencial.

Es evidente que una sociedad que pretenda ser juzgada como justa debería incluir unos principios que garanticen a las personas con iguales talentos, inteligencia y dedicación tener a su alcance, desde su nacimiento y durante su niñez y adolescencia,  los medios y las oportunidades que les permitan acceder a unas perspectivas de vida que sean, al menos, tan buenas como las de los demás.

Lo que hagan posteriormente con sus vidas podría ser considerado responsabilidad de ellos. Por ejemplo, si Gabriel y Jorge hubieran terminado ambos la universidad –puesto que ambos así lo deseaban y tenían los mismos talentos e inteligencia para conseguirlo– sería responsabilidad de cada uno de ellos si Jorge termina teniendo mayor ingreso, y mayor riqueza, porque decide trabajar para una empresa petrolera que lo obliga a permanecer largas temporadas en medio del Golfo de México, mientras que Gabriel tiene menor ingreso porque prefiere tener un trabajo más cómodo en una pequeña empresa que se encuentra muy cerca de su casa.

Es decir, una sociedad justa es aquella que otorga a todos sus niños y adolescentes –cuyos talentos naturales, dedicación e inteligencia son similares–, a todos por igual, las mismas oportunidades para tener unas perspectivas de vida semejantes. Éstas últimas serán semejantes si otorgan –a todos por igual– un conjunto de oportunidades que permitan a todos acceder a aquellos trabajos que garantizan un ingreso, y en consecuencia un nivel de riqueza, suficiente para tener una vida en la que se tenga oportunidad de hacer y ser muchas cosas que pueden ser consideradas importantes.

En el caso de Gabriel y Jorge, es indiscutible que no existe forma alguna de hacer responsables a ninguno de los dos de las expectativas de ingreso y riqueza que ambos tienen para el resto de sus vidas. A pesar de que ambos corrieron con la misma suerte genética, puesto que ambos nacieron con los mismos talentos naturales, la misma inteligencia y las mismas condiciones de salud, a pesar de ello, a ambos les tocó enfrentar otro tipo de suerte diferente: mientras que Jorge nació ya con unas condiciones sociales y económicas que casi le garantizaban tener una vida que él pudiera considerar como una buena vida, en cambio Gabriel se tiene que enfrentar diariamente a condiciones mucho más adversas que únicamente le permiten acceder a un conjunto de formas de vida mucho más reducido que el conjunto de Jorge.

Por lo tanto, en el caso de Gabriel y Jorge, la justicia debería exigir al menos tres cosas: la primera es que las expectativas de ingreso y riqueza de Jorge no disminuyan puesto que no se le puede culpar a él por tener unas expectativas más altas que las de otras personas, es decir, no se le haría justicia a Gabriel intentando disminuir las perspectivas de vida de Jorge para hacerlas similares a las de él

Lo segundo que tendría que exigir la justicia es que Gabriel pudiera aspirar a conseguir un trabajo que le garantizara un salario, lo suficientemente alto, para poder mantener a su familia –la cual tampoco tiene culpa alguna de que Gabriel tenga unas perspectivas de vida inferiores a las de otras personas; además, la justicia también exigiría que Gabriel tuviera a su alcance  un conjunto suficientemente amplio de bienes y servicios públicos como los que tiene Jorge a su alcance, ya que Gabriel, a pesar de que aporta menos ingresos al Estado que Jorge, es una parte fundamental de todo el sistema económico conjunto. Sin el trabajo de Gabriel, y de otras personas similares a él, el sistema económico no podría funcionar, por lo tanto, él tiene derecho a gozar de los mismos bienes públicos de los que gozan aquellos que son los que más aportan. A pesar de que la aportación en impuestos de Gabriel sea menor, finalmente su aportación en trabajo es igual de importante que la aportación de todos los demás –excepto, aquellos que deliberadamente prefieren dedicarse a las actividades consideradas como ilícitas, en cuyo caso no tendrían derecho a gozar de los mismos bienes públicos que los demás.

Finalmente, en tercer lugar, la justicia exigiría que tanto los hijos de Gabriel como los hijos de Jorge no crezcan teniendo unas perspectivas de vida tan desiguales como las que tuvieron sus padres. La justicia debe exigir que el mismo patrón de injusticia pueda ser derrumbado de alguna forma. Si los hijos de Jorge y de Gabriel son igualmente dedicados, inteligentes y talentosos, no deberían crecer con unas perspectivas de vida desiguales. Finalmente ellos no son culpables, como tampoco lo fueron Gabriel y Jorge, de que las contingencias sociales les hayan sido más favorables a unos que a los otros.

Por lo tanto, es posible afirmar que la justicia exige que todos los niños nazcan, sin excepción, con unas perspectivas de vida que no difieran a las de los demás niños. Lo que ellos hagan, después, con esas perspectivas de vida semejantes será ya cosa de ellos. Así, algunos terminarán teniendo ingresos más grandes porque decidan ser y hacer unas cosas y no otras, por ejemplo, ser corredores de bolsa o políticos profesionales, mientras que otros tendrán menores ingresos porque decidan de otra forma, por ejemplo, ser filósofos, o médicos en una población rural. Lo importante es que los que decidieron ser filósofos, o médicos en una pequeña población rural, tengan unas expectativas de ingreso y riqueza menores, únicamente, porque así ellos lo decidieron, porque es una decisión de vida; es decir, habrían tenido la oportunidad de ser políticos o ser corredores de bolsa pero no lo quisieron así.  De otra forma, si éstos últimos habrían preferido ser políticos o corredores de bolsa pero no hubieran tenido la oportunidad de serlo, entonces se estaría cometiendo una grave injusticia.

¿Cuántos niños mexicanos -y del mundo- nacerán hoy siendo ya objeto de una grave injusticia, aún sin haber tenido oportunidad de tomar la más insignificante decisión de vida?

UNETE



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