Gustavo Petro “Patros” y el método socrático

Por Javier Urrea Cuéllar

 

. De allí se desprende la idea que uno de los hombres más sabios de Grecia fue Sócrates, y con su método más de uno, como Gustavo Patros, llegó a la conclusión de “solo sé que nada sé”.

Uno de los diálogos más famosos lo tuvo Sócrates con Céfalo, cuando le preguntó qué es la justicia; y Céfalo dijo que la justicia era decir la verdad y pagar las deudas. Entonces Sócrates preguntó: “Si tomas prestada y sin permiso la espada de alguien, deberás devolverla, ¿no es cierto? Pero, ¿qué harías si supieras que la persona dueña de la espada se ha vuelto loca de atar?” Céfalo admitió que se trataba de un caso excepcional y concluyó dos cosas: primero, que en dicha situación la justicia significa no darle a alguien lo que se le debe; y segundo, que no sabía lo que creía saber sobre la justicia.

Ahora, situémonos en la ciudad-estado de Batenas justo después de elecciones en medio de gente con túnicas blancas y algunas coronas de olivo. El sabio Sócrates preguntó ¿es usted corrupto?, y el joven Patros respondió “no lo soy”. Dijo que nunca lo había sido, que mientras ostentó cargos públicos siempre tuvo una hoja de vida intachable y que precisamente uno de sus objetivos políticos desde que estaba en al Ágora de la República fue su ejemplar batalla enfrentando sin descanso la corrupción política.

Sócrates le siguió preguntando ¿cómo combate la corrupción?, y Patros sugirió que con actos de probidad y denunciando a todos los corruptos. Añadió que con ayuda de los ciudadanos y un equipo transparente, lo ha podido hacer desde hace un par de años en su ciudad-estado. El brillante Patros, en un momento de reflexión recordó, que uno de sus principales colaboradores movido por razones egocéntricas y no por motivaciones morales, le proporcionó vital ayuda para desmontar un cartel de corruptos que azotaba a Batenas dejando el Partenón a medias, los pilares rotos, las columnas en medio de los caminos y la acrópolis destrozada. Sin embargo, Sócrates le increpó: “si uno de los ciudadanos que le ayuda a combatir la corrupción es corrupto ¿lo denunciaría?”, y con un experto discurso sobre la relatividad, fruto de su paso por la academia y la influencia de los espartanos, Patros admitió que existen excepciones; y mencionó el ejemplo de la rebeldía como exclusión a la norma cuando la causa del individuo se considera justa. Terminó diciendo que si un ciudadano le ofrece desmantelar el carrusel de la contratación de la acrópolis prefiere no denunciarlo, mientras le ayude a denunciar a otros. Inclusive, por un momento se atrevió a tenerlo en cuenta políticamente; hecho que animó a retomar el debate de la ética en los asuntos públicos.

En este caso, combatir la corrupción requiere de no denunciar a todos los corruptos concluyó Patros y sumergido en su propio razonamiento, demostró que desconocía lo que creía saber sobre la lucha anticorrupción. Por su parte, Sócrates terminó su argumento y luego abordó a otra persona.

Algunos curiosos concluyeron que plantear preguntas, encontrar faltas y convencer a Patros de que no sabe de qué habla, podría parecer un método muy negativo utilizado por Sócrates. Sin embargo, poner a prueba lo que se cree y analizarlo concienzudamente condujo a pensar que la mayor parte de las cosas que se creen saber no lo son. Otros dijeron que Patros era uno de los discípulos más adelantados dentro de la escuela racional, que tomaba decisiones en función de las posibilidades de aumentar sus preferencias y que sus objetivos apenas estaban comenzando. La opción de ser percibido ante los ciudadanos como un denunciante de la corrupción frente al costo de separarse de su antiguos colegas, incluso dejándose asistir por colaboradores con sed de venganza, hacían de Patros un ser calculador y con un llamativo criterio de la maximización de la utilidad. La única preocupación para los filósofos de la época consistía en entender cómo la geometría política en ocasiones podía dejarse por fuera los conceptos relacionados con la ética y la moral.

Después se escuchó a un efebo gritando como loco “ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón”, todos querían dialogar sobre política y ética; mientras tanto, el joven y brillante Patros ya sabía lo que tenía que hacer y con media mirada fija se quedó buscando a Sócrates que perdido estaba entre la multitud.

Esta columna también se encuentra en políticadirecta.net / @politicadirect

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