Señales de ruptura entre Peña Nieto y Salinas de Gortari
Confesiones.
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Señales de ruptura entre
Peña Nieto y Salinas.
Desde que se empezó a
mencionar hace cosa de cinco años, que Enrique Peña Nieto, quien ese entonces
transitaba por los primeros años de su gubernatura en el estado de México,
sería el candidato del revolucionario institucional a la presidencia de la
república, dos argumentos han acompañado desde ese momento y todo este lapso de
tiempo de manera consistente esa probabilidad, primero que Enrique Peña Nieto
era el candidato de Televisa, cadena televisiva que lo destapo como se dice en
el lenguaje político mexicano y segundo, que detrás suyo estaba la figura del
ex presidente Carlos Salinas de Gortari, como su principal guía e impulso
político.
Con el correr del tiempo
todas esas afirmaciones paulatinamente se han venido cumpliendo, sin embargo
también han sido dos acontecimientos recientes los que ponen en entredicho la
continuidad de la relación personal entre ambos personajes.
Por un lado, el
rompimiento abrupto de la alianza electoral entre el revolucionario
institucional con el PANAL, necesariamente obliga a pensar en la participación
de Carlos Salinas de Gortari en el hecho, cualquiera que esta haya sido,
partiendo de la base de que es a la única persona a la que Elba Esther
Gordillo, le hace caso en términos políticos y que siendo este como se menciona
mentor del candidato priista, algo tuvo que ver para bien o para mal.
Por el otro lado, la
sensación de que la reunión informal que Enrique Peña Nieto sostuvo en Davos
Suiza, en el marco del foro económico mundial, con el ex presidente Ernesto
Zedillo, el más acérrimo enemigo de Carlos Salinas, no pudo bajo ninguna
circunstancia ser del agrado de este ultimo.
Considerando entonces la
cercanía de tiempo que media entre ambos eventos y lo que estos significan cada
uno por separado, pero sobre todo vistos como parte de un contexto, no puede
negarse que estos hechos son señales contundentes de la posibilidad de una
ruptura entre Peña Nieto y Salinas de Gortari, al menos que las cosas no andan
bien entre ellos y que el virtual candidato priista a la presidencia está
tratando de enviar un mensaje en ese sentido, porque como lo hemos apuntado en
múltiples ocasiones, en política no hay casualidades, lo que hay son
causalidades.
En cuanto al tema que se
relaciona con la cancelación de la coalición electoral entre el PRI y nueva
alianza, dada la influencia que se presume tiene Salinas sobre Elba Esther
Gordillo y Peña Nieto, es innegable que independientemente de las razones
expuestas para romper la alianza, mismas que ya hemos abordado anteriormente en
este espacio, el pleito a pesar de que este quiera inútilmente negarse, no le
convendría al ex presidente en función de la influencia que ejerce sobre ambos,
porque da la impresión de que no tuvo la autoridad necesaria para mediar en el
conflicto, mismo que convierte a sus ahijados en rivales y eso le resta mucho a
su figura de poder tras bambalinas.
Porque lo primero que se
observa es que Peña Nieto, decidió concluir el acuerdo electoral a pesar de la
cercanía de Elba Esther Gordillo con Carlos Salinas de Gortari, atendiendo sus
propios y particulares intereses, sin importarle el efecto que eso pudo causar
en su relación con el ex mandatario.
El rompimiento entre
estas fuerzas infiere considerablemente en la estrategia personal de Salinas de
Gortari, de asumirse como el gran operador de la política mexicana, base
fundamental en la planificación que conlleva el intento de recomponer su
imagen.
Sin embargo el asunto de
Zedillo resulta mucho peor, porque este se relaciona con el carácter intimo y
personal, en la querella permanente que sostiene con quien fuera su sucesor,
precisamente quien usando toda la fuerza del poder de la investidura que el mismo
le otorgo, lo empujo al descredito y el rechazo colectivo.
Porque en el caso de
Elba Esther, sosteniendo la teoría expuesta en la columna anterior en que nos
referíamos a que estos eventos pueden ser los antecedentes de su ocaso, el
principio de su fin, existe la remota posibilidad de que, Salinas hubiera
estado de acuerdo en la ruptura, si y solo si el también quisiera que la
Gordillo perdiera su fuerza, lo que eventualmente es cuestionable suponiendo
que ese poder le siga siendo útil al propio Salinas, en el caso de Zedillo, por
supuesto eso es imposible.
Porque si partimos de la
base de que la coincidencia en Davos no le obligaba a Peña Nieto a
entrevistarse con el ex mandatario, ni siquiera en atención de la cortesía, la
reunión con Zedillo que además seguramente fue intrascendente de
fondo, implica una grave afrenta para Salinas, tal vez hasta un desmarque que
se circunscribe a un mensaje de independencia.
Al menos así podría
explicarse que Enrique Peña Nieto haya consentido en el encuentro, incluso
haciendo a un lado la circunstancia de que para los priistas, fue Ernesto
Zedillo quien permitió la alternancia en la presidencia, a quien se le
recrimina su tibieza en la operación política, que tanto debilito la
candidatura de Francisco Labastida, para favorecer el triunfo de Vicente Fox,
que como todos recordamos anuncio con tanta prisa.
De tal suerte que la
reunión con Ernesto Zedillo en Suiza, por casual que pudiera parecer, realmente
no significa para Peña Nieto ningún avance en términos publicitarios y mucho
menos políticos, desde ese punto de vista podría verse hasta como innecesaria,
precisamente por eso se fortalece la idea de que esta tenía otra intención.
Un propósito de
emancipación tal vez o de autonomía quizá, como sea lo que queda en claro es
que para el candidato presidencial el resultado de las interpretaciones fue de
más importancia, que la reacción de Carlos Salinas, porque evidentemente sabía
que esta se provocaría y que no sería positiva.
Es imposible suponer que
Salinas de Gortari, le hubiera aconsejado a Peña Nieto sostener este encuentro
con su peor enemigo, ni siquiera bajo la perspectiva de una actitud política
abierta e incluyente, incluso como una estrategia superior, premeditada
para hacernos pensar que Carlos Salinas no está detrás de Peña Nieto como su
asesor principal y guía, para con ello tratar de minimizar los efectos
negativos que esa relación puede causar, al contrario lo que Salinas quiere a
toda costa es que se piense que efectivamente es él quien mueve los hilos y con
la última persona con la que aceptaría un arreglo es con Ernesto Zedillo.
Enrique Peña Nieto,
sigue mostrando señales de una conducta política pragmática, a pesar de los
conflictos personales en los que se ha visto envuelto recientemente, una
eventual ruptura con Carlos Salinas de Gortari, que no podría considerarse un
hecho fortuito, más bien producto del cálculo y sus implicaciones y habrá que
ver las dimensiones de estas, es precisamente una medida muy enérgica.
Más allá de la simpatía
personal y los arreglos construidos en la intimidad, Salinas de Gortari
desplego y utilizo toda la influencia que mantiene sobre las diversas fuerzas
políticas al interior del PRI, para fortalecer la aspiración a la candidatura
presidencial de Peña Nieto, situación que se considera fue un factor
determinante para lograrla, en contra peso al efecto negativo que supone su
imagen en términos electorales.
Un acuerdo de
conveniencias, para uno en la medida de alcanzar primero la candidatura y
eventualmente la presidencia y para el otro y gracias a ello, mantener el
privilegio de su influencia, corregir la percepción social contraria hacia él y
poder vengarse de su verdugo Ernesto Zedillo.
Evidentemente si este
pacto se rompe se pone en riesgo el objetivo primario que lo construyo y
ninguno podría lograr sus objetivos y ambiciones.
guillermovazquez991@msn.com
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