Cierto programa de televisión en el que se realizó una encuesta entre los espectadores sobre el miedo, me ha hecho reflexionar una vez más sobre lo extendido y bien distribuido que está este sentimiento entre nosotros. Que yo recuerde, nunca había habido tanto miedo junto en este país. Todos tenemos miedo. Unos tienen miedo de que este gobierno triunfe nuevamente y todo se termine yendo al mismísimo infierno. Los militares y burócratas comprometidos con este proceso tienen miedo de que por su incondicionalidad sufran algún tipo de persecución si gana definitivamente la oposición. El empresario tiene miedo de que el gobierno se “enamore” de su empresa y el día de mañana se quede con ella. El periodista teme ser perseguido, censurado, y los medios de comunicación social, cerrados. Las universidades autónomas temen por su autonomía y que el Tribunal Supremo anule cualquiera de sus comicios para elegir rector y demás autoridades. El que va a su trabajo tiene miedo de que la empresa donde trabaja termine siendo expropiada y se quede definitivamente en la calle. Los trabajadores de las empresas ya expropiadas temen que no se les paguen sus salarios. Los empleados públicos temen ser perseguidos si el gobierno los sorprende votando por la oposición. Los dueños de tierras tienen miedo de que sus fincas sean invadidas. Los dueños de apartamentos y arrendadores temen que sus inquilinos se queden con sus inmuebles. Los padres tienen miedo de que sus hijos abandonen el país. Tememos que nos asalten, que nos roben o nos maten; que nos aumenten los precios de los productos o que éstos escaseen; que modifiquen la educación de nuestros hijos; que se vaya la luz; que amanezcamos sin agua o gas, que el gobierno se haga el loco cuando haya un desastre natural; que terminemos siendo damnificados ; que se siga endeudando el país; que continúe deteriorándose la industria petrolera; que no se reconozcan los resultados electorales; que proliferen las enfermedades endémicas; que la relación con Ahmadineyad nos sitúe en una posición peligrosa a nivel mundial. Y hasta se podría decir que el mismo presidente tiene miedo de perder las elecciones y no terminar su “obra”.



