Rio Hondo, parte 1.

Rio Hondo frontera con Belice y sus poblaciones Botes, Robirosa, Calderón, Revolución, La Unión y un campamento de menonitas.

 

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El día en que llegue a Chetumal de inmediato me dirigí al ingenio azucarero Álvaro Obregón, siguiendo las instrucciones del señor Stanford profesor de Etnomusicología en la Escuela de Antropología, de ahí me transportaría hasta el poblado de Botes, en donde lo encontraría junto con los demás compañeros. El día estaba nublado, el sol asomaba por momentos, la tierra y la hierba se veían humedecidas, el verde los campos  era intenso, el camino algo deteriorado lleno de escollos por la época de lluvias, hacia que la marcha fuera lenta, pasamos por establos y poteros un poco más adelante uno de los poblados hacia desnivel con la carretera por lo que se habían formado charcos y lodazales, no vi hasta ese momento ningún sembradío de caña, era como la una de la tarde y a la camioneta subió algunos estudiantes de secundaria y enfermeras, estábamos cerca del ingenio camiones sobrecargados dejaban caer sobre el camino la caña  que se veía en parte quemada, la camioneta entro al poblado recorrió unas cuantas calles angostas por las que solo cabía un coche, llego a una glorieta donde retorno, una columna de humo negro anunciaba el ingenio, a la entrada de este un colegio de bachilleres, camiones entraban y salían continuamente, se veían muy de cerca las chimeneas, mucha gente transitaba sobre esta calle principal en la que había bastantes negocios, la terminal un terreno lodoso, sobre la misma calle estaban los coches colectivos, pregunte cuál de ellos se dirigía Robirosa un pueblo cerca de Botes, tardamos unos minutos en salir y retomar el camino, empezamos a subir la pendiente que formaban los cerros, ya no eran los campos planos y los caminos rectos que distinguen a la península de Yucatán, aquí los cerros y los arboles se levantaban a los lados del camino, llegamos al poblado de Botes donde algunos de los pasajeros empezaron a bajar a uno de ellos le pregunte sobre mis compañeros a lo que respondieron que no los habían visto, decidí ir hasta el siguiente pueblo Robirosa que estaba a mas o menos un kilometro, casi no había separación entre estos pueblos las casa sobre la carretera hacia un solo corredor.

El objetivo de este viaje, no era precisamente el de un paseo, estamos en esta ribera de práctica de campo del taller de Etnomusicología  que dirigía el señor Stanford, lamentablemente ya fallecido, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, así como parte de la investigación de campo es ir hasta estas comunidades y registrar en cintas magnéticas la música de los hombres que hablan maya-yucateco y que habitan sobre la ribera del Rio Hondo en el estado de Quintana Roo.

Llegamos a los poblados de Botes y Robirosa para la fiesta llamada de la “cabeza de cochino”, teníamos que registrar un regional estilo de música llamada “mayapax”, para esta fiesta supimos que los músicos son contratados en Belice, donde hay también hablantes del idioma maya. Los pobladores de la ribera son en su mayoría migrantes del estado de Yucatán  y de otros estados de la república mexicana como Veracruz, esto se debía a las políticas de repoblamiento que se llevo a cabo desde la definición de la frontera México Belice.

He querido presentar este relato de viaje para compartir mi visión particular de este, lo que encontré, lo que me compartieron las personas que conocí y a las que yo he preferido llamar los hombres que hablan maya-yucateco.

UNETE



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