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Porque si bien era inminente y necesaria una corrección en
los precios de una gran cantidad de activos, para que este proceso se iniciara tuvieron
que ocurrir, por un lado, las revueltas sociales en el norte de África (Túnez,
Egipto y Libia), extendidas ahora a otros países del mundo árabe, que llevaron
al barril de petróleo a superar la barrera de los 100 dólares. Y por otro lado,
una catástrofe natural de imponente magnitud, como el terremoto, tsunami y
amenaza de contaminación nuclear que ha sufrido Japón, la tercera economía del
mundo.
Amén de las inmensas pérdidas en términos de vidas humanas, y
de la destrucción de ciudades enteras, se pudieron apreciar importantes caídas
en todos los índices accionarios del mundo, así como también fuertes
correcciones en los precios de los commodities, en especial los agrícolas, ante
el temor de que el costo de la reconstrucción japonesa (entre 2 y 3 puntos de
su PBI) dispare un enfriamiento de la demanda global. Y aunque sobre el fin de
la semana que acaba de terminar se insinuó un tenue rebote, con pobre volumen
de operaciones, sería apresurado declarar el fin de las bajas.
Es probable que el mercado ya haya descontado casi todo el
daño causado por tanta calamidad, y que, de no mediar nuevos eventos que
modifiquen los “fundamentals” económicos, estemos cerca de una clara
oportunidad de compra, tanto de acciones de empresas de primera línea, como de
títulos públicos de países emergentes con cotizaciones deprimidas, prestos a
rebotar.
Pero aconsejamos no apresurarse. Todavía no están bien
definidos los alcances de tantos eventos negativos, y desde el 12 de Marzo
pasado, la nueva tendencia del S&P500, el índice más significativo de los
mercados del mundo, es bajista.
Paciencia. En poco tiempo más el panorama será mucho más claro, y
podremos actuar teniendo a nuestro favor los términos de la ecuación
riesgo-retorno.