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Binominalismo: la luz al final del túnel


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21/01/2012


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Es la gran chance del Presidente Piñera de convertirse en la dimensión histórica de largo plazo, en el Presidente liberal que destrabó la democracia de sus principales lastres, consagrando la inscripción automática y voto voluntario y dando término al sistema electoral binominal que ha distorsionado la representatividad popular en la sociedad chilena con un régimen presidencialista altamente concentrado y centralista.


Eliminar el sistema binominal, una de las principales medidas de amarre que dejó  Pinochet a sus aliados en la Constitución Política del 80, la misma que redactara principalmente Jaime Guzmán, estaría sellando un largo período político, que transitó desde la dictadura instaurada en 1973, pasando por el autoritarismo de los 80, a un sistema representativo de democracia protegida que lleva ya 22 años.

El Acuerdo RN-DC es un hito relevante en la historia política de las últimas 4 décadas, pues marca una salida de Estado a un problema de legitimidad institucional, permitiendo que,  logradas las mayorías necesarias que exigen las Leyes Orgánicas Constitucionales, se pueda divisar la luz que lleve a la sociedad chilena a una democracia sin camisas de fuerza, ni tutelas autoritarias.

Es la posibilidad de revertir una situación de desgaste que ha sufrido el Gobierno, y que también arrastra a la Concertación o lo que queda de ella. En parte principal el deterioro de la credibilidad de Gobierno y Oposición se ha debido a sus propios yerros, a actuaciones que van de espaldas a las sensibilidades sociales expresadas en las calles. También se aprecia un déficit en gestión política, y una acción corrosiva de una oposición  que, entre tumbos,  no encontró nada mejor que opacar los avances que se han alcanzado, como la eliminación del 7% de salud a los jubilados, el prenatal de 6 meses, medidas  incipientes de corrección en lo educacional, la aprobación de la inscripción automática y el voto voluntario.

Ha habido objetivamente una metódica actitud descalificadora hacia el Jefe de Estado, a lo que se ha sumado la sobre exposición mediática que lo ha puesto en riesgo innecesario. Por su parte,  los movimientos sociales que remecieron el 2011 las instituciones, colocaron en la agenda principios de consenso respecto a cambios de fondo, que lleven a reducir la concentración de la riqueza y eliminar las malas prácticas enquistadas en el sistema de libertinaje que durante 20 años reinó en el país en perjuicio de la población.

El Acuerdo de Renovación Nacional con la Democracia Cristiana irrumpe en la vida cívica como una gran oportunidad de cambios, que significa articular un civismo de centro democrático que no admite etiquetas de izquierda o derecha, pues es transversal y expresa el sentimiento y anhelos de un amplísimo sector democrático, que quiere mirar al futuro, que rechaza los ultrismos anarquistas nihilistas y las nostalgias militaristas del período militar, volviendo a su sitio la institucionalidad nacional con la mayor legitimidad.

Si ese Pacto se reforzara mediante una consulta ciudadana, un plebiscito respaldado en los registros electorales, en donde el Ejecutivo propusiese los parámetros de una reforma profunda, se podría conformar un hito de refundación política, que asegure la diversidad, la tolerancia y el respeto a las mayorías reales. Un nuevo sistema electoral que permita volver a una representación proporcional y que apunte a un sistema de partidos transparente y pluralista, dando cabida a un espectro amplio de sensibilidades, permitiendo alianzas en el libre juego de la democracia y la participación ciudadana. Además, cambios al presidencialismo y una línea de fortalecimiento de las regiones.

Si el Presidente Piñera es capaz de romper amarras con los sectores recalcitrantes que permanecen en los dos partidos de la Alianza y genera un movimiento cívico transversal con visión de Estado, podrá romper esquemas estancos y verticalistas, para construir una mayoría parlamentaria que le dé espaldas al cambio. Por su parte, la DC tiene en este pacto la oportunidad de sumar y compartir las sensibilidades de la clase media chilena que busca sincerar la democracia y refrescar las instituciones gastadas, atrayendo a la vida ciudadana a esa mayoría silenciosa que ahora puede votar si ve en este derrotero político la luz al final del túnel.

 

Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, 21 de enero de 2012.

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