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Arribamos de manera definitiva al año 2012. La expectativa general de la sociedad venezolana, se centra en el hecho electoral. Dos eventos fundamentales marcan tal acontecimiento: las elecciones primarias de oposición, para el 12 de febrero y la elección presidencial el 7 de octubre. Se podría decir además, que en el contexto de un tiempo de mucha agitación y conflictos políticos y sociales, el país avanza en la búsqueda de un camino definitivo. La ambigüedad de una pretendida “revolución”, cuyo único leymotiv ha sido el de intentar imponer a toda la sociedad el proyecto político chavista y la resistencia de una ciudadanía, cuya cultura democrática se encuentra profundamente arraigada en los genes de su composición social, conforman el marco en el cual se desarrollan los acontecimientos en ciernes.
Trece largos años han sido suficientes, para demostrar el evidente fracaso de un régimen cuya base de sustentación, la constituye el control del entramado institucional y su conversión en herramienta política, el manejo discrecional del erario público y una inmensa plataforma clientelar, la cual se nutre de la perversa ecuación a la cual concurren por igual, la necesidad, el miedo y la esperanza. En el contexto del fracaso, resalta de manera protuberante, la incapacidad de Chávez y sus conmilitones por llevar adelante un manejo político de calidad, de la situación que los circunda. La ausencia de un liderazgo de nivel, con la responsabilidad que exige los asuntos de Estado; la innumerable cantidad de casos relacionados con operaciones corruptas sin castigo alguno; la putrefacción y deterioro creciente del sistema judicial, policial y penitenciario del país; la conversión de la estructura militar en instancia de operaciones políticas y mercantiles; la incapacidad para organizar un partido capaz de aportar al debate político nacional, sobre todo en el ámbito parlamentario, son algunas de las muestras que permiten afirmar todo lo señalado anteriormente.
El contexto internacional en el cual se ha desarrollado el proyecto político chavista, permite resaltar el empeño de sus mentores por exportar el sub modelo venezolano, hacia países vecinos, en asociación con culturas extrañas a nuestro devenir histórico. El erario público, manejado de manera corrupta y discrecional por el régimen chavista, ha hecho de nuestro principal recurso económico: el petróleo, la base crematística que le ha permitido “extraer” de las arcas venezolanas el dinero a manos llenas para financiar sus sueño de grandeza, allende la frontera. Los gobiernos “nuevos y mejores amigos y hermanos” de Rusia, Bielorrusia, Ucrania, China, España, la mayor parte de los países de Centroamérica y el Caribe, al igual que Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Ecuador, así como algunos de África, han sido beneficiarios directos del afán megalómano del régimen. De la misma manera como ha sido repartido el dinero venezolano, le ha sido negado a las necesidades más ingentes que afectan a la mayoría de nuestra población.
Del otro lado del campo, la sociedad democrática se apresta a dar la más dura de las luchas que le ha correspondido en los últimos tiempos. La era chavista ha significado también, la posibilidad de aprender políticamente de los errores del pasado. Si bien es cierto que no está planteada la dicotomía conflicto y salida electoral, la población no deja de expresar su preocupación por las maniobras del régimen en este tema. Cierto es que no existe total confianza en la infraestructura electoral, totalmente controlada por el régimen. Pero no menos lo es que la convicción democrática se impone en el estado de ánimo de la mayoría de los venezolanos. El tránsito por la salida democrática que ha de definir el futuro del país, es la apuesta más importante que haya hecho la sociedad venezolana en estos tiempos. La base que sustenta esta conducta, la constituyen el binomio sociedad civil y partidos políticos. Estos últimos, con la responsabilidad de construir la plataforma político electoral, a través de la cual se ha de encauzar el esfuerzo de participación electoral. La creación de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), constituye tal desideratum. De la dinámica planteada en el contexto de la actuación de la MUD, surge el compromiso unitario de partidos, personalidades, instituciones civiles y grupos sociales independientes y distintos de los partidos, para configurar el panorama ideal de confrontación final.
La elección primaria planteada para su ejecución el próximo 12 de febrero, rubricará el inicio de las acciones que pondrán en marcha la formidable maquinaria política y civil, que ha de confrontar al régimen en la contienda democrática del 7 de octubre. En la estrategia que conducirá el proceso a partir del 12F, estará la clave del éxito que la sociedad democrática aspira, para lograr el cambio que la mayoría exige. Es pues, de una inmensa responsabilidad, que cada uno de los venezolanos, preocupados por la suerte y el futuro de su país, asuman la parte que a les corresponde. De ello depende de manera definitiva, no sólo que podamos superar el tráfago chavista, sino además, que podamos construir sobre bases sólidas el verdadero que futuro que nos merecemos los venezolanos.