. Los conductores que
transitan por la autopista Francisco Fajardo aceleran sus vehículos para llegar
temprano a sus trabajos y evitar la cola que seguramente se formará minutos más
tarde. A la altura de la estatua de María Lionza , vía centro, un dálmata
bastante asustado trata de cruzar la avenida. Unos y otros reducen la velocidad con la esperanza de que
el animal alcance por fin los jardines del lado derecho. Cuando al fin está por
llegar, un camionetero, en actitud burlona
y sin conmoverse, acelera y se lleva por delante al pobre perro. Los diferentes
conductores no salen de su asombro, sin embargo saben que deben reanudar la marcha:
el trabajo los espera y la bendita cola no se hará esperar. Por lo tanto, hay
que tragar grueso y olvidar. Total, éste
es el país que nos tocó vivir, como dice Mingo.
Aunque
no comulgo mucho con aquellos que miman en
demasía a sus mascotas y que, sin embargo, no muestran ningún tipo de
consideración hacia los que pasan trabajo a su alrededor; y estoy consciente de
que lo narrado no es de ninguna manera comparable a las 19.336 muertes
violentas que sucedieron en el país durante el año 2011 ,o a los 123.919 casos
de personas asesinadas entre el 2003 y el año pasado, este hecho de la vida
real pone en evidencia igualmente los niveles alarmantes de deshumanización y
violencia en que hemos caído; niveles que han obligado al episcopado nacional a llamar la atención
sobre “la guerra civil camuflada” que vive el país.
No
sabemos mucho (más bien poco) sobre el sentido de esto que llamamos existencia.
Pero lo que sí parece que tenemos claro es que la misma debe ser lo más
placentera y agradable posible; y ello no sería posible si no nos pusiéramos de
acuerdo en la forma que debe tener nuestra convivencia. Al respecto, existen varias
y diferentes propuestas; y es tarea de los políticos y conductores de
hombres convencernos de que unas son mejores que otras. Pero todas, todas, deben incluir tanto el
respeto por el otro como por nuestro entorno. Lo contrario nos conduciría a la
barbarie y a épocas ya superadas por el hombre.
En
1996 los autores George Kelling y
Catherine Coles publicaron un libro de criminología titulado Arreglando ventanas rotas. Restaurando el
orden y reduciendo el crimen. En el
mismo se exponía más en detalle la teoría de las Ventanas Rotas que Kelling
había expuesto en un artículo académico seis años antes, y que terminó siendo
la inspiración de lo que se conoció como la política de “tolerancia cero”, implementada en New York por
el alcalde Rudy Giuliani y el “super policía” Bratton . En pocas palabras, se trataba de demostrar
que en la sociedad suceden cosas similares a las que pueden acontecer, por
ejemplo, en un edificio de apartamentos.
Si éste tiene una ventana rota y la misma no se arregla inmediatamente, los
desadaptados y antisociales tenderán a romper unas ventanas más y, si la
edificación está desocupada, tratarán finalmente de irrumpir en ella. También
se ponía el ejemplo de una esquina o un banco de plaza donde se acumulaba un
poco de basura. Si la esquina o el banco no se limpian a tiempo, pronto la
gente comenzará a dejar bolsas de basura y aquello terminará convirtiéndose en
un basurero.
En
verdad no sé si esta teoría es correcta o no (aunque lo que sucede en varias
esquinas y edificios de Caracas parece
confirmarla). Tampoco entiendo mucho de qué se trata esta revolución. Sin
embargo, y mientras tanto, no estaría demás arreglar unas cuantas ventanas o
hacer respetar algunas normas de convivencia; pues de lo contrario corremos el
riesgo de convertirnos en un país “invivible”, como decía, refiriéndose a República
Dominicana, el desaparecido presentador quisqueyano Freddy Beras
Goico cuando defendía a algunos de sus compatriotas,
como los jugadores de las Grandes Ligas,
que se negaban a regresar a Santo Domingo.