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Nuestro futuro es el presente de otro*


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17/01/2012

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Don Jorge Olavarría (Q.E.P.D), diputado y varias veces candidato presidencial venezolano, apoyó la llegada de Hugo Chávez al poder. Pero el 5 de julio de 1999, a solo cinco meses de la llegada del militar golpista al gobierno, denunció, ante el Congreso de su país y en presencia del propio dictador en ciernes, un discurso premonitorio que, cual Nostradamus, planteó con cruda dureza lo que podía suceder a la Venezuela de entonces, si no se frenaban los primeros indicios de autoritarismo de los nuevos inquilinos en el poder.




Así, inició diciendo que Venezuela vivía una ‘hora menguada de la patria, una hora triste, tensa, bochornosa, preñada de peligros y amenazas para los que queremos vivir en libertad y democracia bajo el imperio de la ley’.



Si en este momento le cambiamos el nombre del país y hacemos autor del discurso a un honesto, valiente, desprendido e inexistente político panameño, nos daremos cuenta con asombro de lo vigente que serían las palabras anteriores ante la situación política nacional.



Y es lo que más me preocupa. Como allá y en esas épocas, aún una gran cantidad de venezolanos rechazó estas palabras, ya que creían que este venido a menos discípulo de Fidel Castro llevaría el ‘cambio’ a su país y acabaría con la hegemonía de los partidos políticos tradicionales y sus taras. Ya entonces Chávez había iniciado su campaña de odio y lucha de clases, así como el señalar como apátridas a los que lo criticaban. Increíble lo asombroso del parecido de eso con un gobierno por ahí.



Sí había una diferencia: aún el Órgano Judicial venezolano, su Congreso y su Poder Electoral no eran una extensión burda del poder del Ejecutivo. Eso lo logró más adelante, previa reforma de la Constitución y la sustitución de magistrados por allegados a él y su partido.



Lo sucedido con Bosco Vallarino, es en alguna medida culpa de los dirigentes de los partidos que conformaron la alianza de gobierno recientemente destruida por ambiciones desmedidas de unos y el desborde de los intereses partidarios de los otros.



En la llegada de esa alianza al poder también tiene alguna culpa el principal partido de oposición. Luego de un gobierno exitoso, era impensable un año antes que no repitiera. Pero las luchas intestinas, las intrigas y el enanismo político de quienes, planeando repetir en el poder en futuras elecciones, prefirieron secundar una candidatura que polarizaba y alejaba a los independientes.



Es por lo anterior que quiero llamar la atención sobre el inicio de este artículo. Si bien no vivimos una dictadura; no una, son varias las personalidades que han denunciado el rumbo equivocado que lleva la conducción del Ejecutivo en materia política.



Por favor, entendamos que los principales culpables de que todo lo anterior suceda, somos nosotros, los ciudadanos, con nuestra irresponsable forma de elegir a nuestros gobernantes.



No podemos seguir apoyando al más bonito o la más simpática. Peor aún, apoyar al que más regala o el que más engaña. No podemos volver a permitir que delincuentes internacionales definan quién es bueno y quién no. No es posible que solo votemos por el signo partidario a ciegas, sin saber quién es el que está detrás de las siglas y símbolos del partido el cual, y está probado, se podría vender al mejor postor por unas cuantas monedas y terminar en otra tolda política en un abrir y cerrar de ojos.



Podemos seguir borrachos de crecimiento económico que nadie ve, observar impávidos cómo se construye infraestructura a costos que dejan a los de la época militar como unos aprendices, o cómo el partido gobernante se convierte en un nuevo Partido—Estado en la región. Si eso es lo que queremos, entonces pregunten a un venezolano cómo su país terminó como lo predijo don Jorge Olavarría. Ese será nuestro futuro.



Publicado por el díario La Estrella de Panamá el 17.1.12



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