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Peligro de Incendies


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07/01/2012

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Cuando Joseph entró al aula nos quedamos con la boca abierta. Nos pareció inmenso. Medía tal vez 1,70 m. Claro que esa cantidad de centímetros ahora no deslumbra pero en cuarto grado de primaria era impresionante. Tenía doce años y no hablaba español. Sabíamos su nombre, su apellido, su edad, su estatura y un dato que nos desinformaba: acababa de llegar del Líbano. En esos días apenas si aprendíamos de memoria y con dificultad el nombre y ubicación de los estados y ciudades capitales del mapa de nuestro propio país, de modo que nadie tenía idea de dónde quedaba el Líbano ni lo que se estaba viviendo allá; no podíamos comprender por qué Joseph empezaba su año escolar cuando ya íbamos por la mitad del curso. Entonces, la maestra nos pidió colaboración y solidaridad "porque él viene con su familia huyendo de la guerra".






En cuarto grado la guerra era un compilado de películas, de hombres uniformados tirados en tierra con cascos y caras sucias, o de altos rangos dando órdenes para derrotar al enemigo, vestidos con impecables uniformes de traje y corbata. En cuarto grado la guerra era en blanco y negro, dentro y fuera de la pantalla: buenos y malos, matar o morir, ganar o perder, llorar o reír. Reír, sí, porque en aquellas películas también había absurdos momentos de alegría.





En la vida no he visto muchos filmes sobre guerra (cualquier guerra de tantas; la historia de esta “civilización” forjada a punta de actos de barbarie e imposición) que dejen una impresión muy distinta de aquellas maniqueas. No he visto muchas películas sobre guerra donde la historia de la historia verse más allá de aniquilar al contrario y, en cambio, muestre lo que en realidad pierden no solo quienes sufren la derrota sino también quienes celebran la victoria.





Tal vez sea por eso que todavía recuerdo cada imagen de la película Incendies y por lo mismo creo que no las voy a olvidar. Como pocos (Apocalypse now, Ay Carmela, The boy in the striped pijamas, Lord of the war), el filme estremece y te cambia la perspectiva, sobre todo, te cambia las preguntas; o más: te somete a una tormenta en el desierto de las preguntas. Aunque utiliza ciertas referencias libanesas, de forma intencional el autor sitúa la historia en un impreciso lugar de ficción (habla del norte y del sur, de ciudades cuyo nombre inventó para no herir susceptibilidades), porque lo que importa realmente no es el territorio (para eso están los notarios), ni la religión, ni la ideología, ni el arsenal de unos, ni el tamaño de otros, ni la duración de los enfrentamientos, ni siquiera la cantidad de bajas; lo que realmente importa es lo que implica la guerra para quien la sobrevive, ¿cómo quedan su corazón y su mente? ¿qué parte de sí se perdió y no podrá ya recuperar? ¿cuáles son los miedos o deseos que reposarán en sus almas y nutrirán nuevos conflictos?





También Incendies permite a quien solo ha tenido una mirada espectadora sobre una guerra (de tantas guerras, cualquiera) notar la poca importancia que le damos a esas peleas lejanas entre gente que no conocemos, que se mata por razones que no comprendemos.  Logra que nos percatemos, además, de una tristeza: si bien no existe una sola generación, ninguna, en la historia de la humanidad que haya vivido exenta de noticias o padecimientos sobre alguna confrontación armada, aún no se piensa en una educación para la paz.





Hemos construido más bien una familiaridad espeluznante en torno a la guerra. Asimilamos con docilidad tantas películas, le sumamos las series de televisión, las cadenas de noticias (el gran debut de CNN, un show de fuegos artificiales que en realidad era el bombardeo a los malos iraquíes que invadieron Kuwait) y, en un nivel más peligroso, esa evidencia lúdica de que poco nos importa: los video-juegos. De algún modo, los modernos compilados de imágenes siguen nutriendo la insensibilidad ante las vivencias de quienes han soportado las beligerancias extremas y fomentan la calma idiota de ver la guerra a lo lejos, a través de una pantalla, como confirmación de que no estamos, de que no estuvimos ahí.







Incendies revolvió mis recuerdos sobre Joseph y las preguntas que ni nos hicimos ni le hicimos a él: cuáles imágenes traía aquel niño en su memoria cuando entró a aquel salón, cuántos afectos perdió, cuáles miedos adoptó. Incendies también es capaz de alborotar inquietudes sobre tantas otras confrontaciones armadas pasadas y presentes (revoluciones, dictaduras, terrorismo, guerrilla, paramilitarismo, bandas criminales, carteles, polarización política, delincuencia común) que han sometido y someten a colectivos específicos y azarosos; que han abandonado y abandonan a la deriva de la impunidad a cada persona sujeto, como si el tiempo no hubiese transcurrido, como si la "civilización" no tuviese suficientes lecciones acerca de cómo la destrucción supera lo material, como si no fuera evidente el lucro de ese reducido circuito de proveeduría interesado y comprometido en avivar las diferencias de cualquier bando. Como si todavía se pudiera sostener la ingenuidad hipócrita de que mientras estén lejos y no sean nuestras, lo que sucede en las guerras no nos afecta.







Incendies es un relato de guerra que muestra sin melodrama los daños cotidianos y sus irónicas secuelas. Cuenta un conflicto armado donde casi no se ve sangre pero que hiere como pocas historias. Es una película peligrosísima, en resumen, es mejor no verla, no, porque rememora todos los cabos que la historia humana mantiene sueltos.





Incendies, ficha técnica

Dirección:  Denis Villeneuve. Guión: Denis Villeneuve y Valérie Beaugrand-Champagne, basada en la obra de teatro Scorched de Wajdi Mouawad. Elenco: Lubna Azabal,Mélissa Désormeaux-Poulin, Maxim GaudetteRémy Girard, Allen Altman. Canadá-Francia, 2010.

Incendies, el trailer oficial

Incendies, la sinopsis

Jeanne y Simon Marwan nacieron gemelos y tienen una relación más o menos difícil con su madre. Cuando ella muere, el notario encargado de su testamento entrega dos cartas a la joven y a su hermano, una que debe ser entregada al padre que creían muerto y otra que deben entregar al hermano cuya existencia ignoraban. Es así como emprenden un viaje al territorio árabe donde nació y creció su madre, y en la búsqueda de aquellos dos seres que ahora son parte de su familia descubrirán la historia de activismo y supervivencia de la mujer que les dio la vida.

En Twitter: @yeniterpoleo





Etiquetas:   Cine   ·   Guerra

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