Cuando Joseph entró al aula nos quedamos con la boca abierta. Nos pareció inmenso. Medía tal vez 1,70 m. Claro que esa cantidad de centímetros ahora no deslumbra pero en cuarto grado de primaria era impresionante. Tenía doce años y no hablaba español. Sabíamos su nombre, su apellido, su edad, su estatura y un dato que nos desinformaba: acababa de llegar del Líbano. En esos días apenas si aprendíamos de memoria y con dificultad el nombre y ubicación de los estados y ciudades capitales del mapa de nuestro propio país, de modo que nadie tenía idea de dónde quedaba el Líbano ni lo que se estaba viviendo allá; no podíamos comprender por qué Joseph empezaba su año escolar cuando ya íbamos por la mitad del curso. Entonces, la maestra nos pidió colaboración y solidaridad "porque él viene con su familia huyendo de la guerra".



