. Pero ojo, no todo podía
ser catutos con mermelada de frambuesa para el guardián, además de darle
la “remisión condicional de la pena”, Ramírez perdió su derechos
políticos y “la inhabilitación absoluta para cargos u oficios
públicos”…mientras dure la condena.
Ramírez era para la fecha en que le disparó a Matías Catrileo, Cabo
Segundo de Carabineros y asignado a la unidad de Fuerzas Especiales de
Temuco. Lo normal hubiera sido que este cabo fuera dado de baja a raíz
de su procesamiento, pero no cuando se trata de causas Mapuche. Así, fue
enviado a Coyahique como miembro de la Central de Comunicaciones de
Carabineros. El hecho de que careciera de anotaciones prontuarias y la
vida de hoja funcionaria “incólume”, fueron la demostración del
“permanente acatamiento del orden jurídico” y del “comportamiento ético
social apropiado”. Es decir, Ramírez no hubiera “obrado con celo”.
Felipe Harboe, en aquellos tiempos, señalaba la existencia de fuego
cruzado y enfrentamientos de la misma índole a lo cual se respondió con
armas. Carabineros, por su parte, fueron claros al decir que los seis
disparos al aire que realizó Ramírez con su armamento UZI fueron en
defensa personal contra las piedras lanzadas por los comuneros mapuche.
Fue en ese momento, en que el “¡métele un balazo!” selló la suerte de
uno de los comuneros que exigían la devolución de las tierras
históricamente reivindicadas.
Eran cerca de las seis con cuarenta y cuatro minutos de la madrugada
del 3 de enero del 2008 cuando una veintena de comuneros ingresaron al
ex fundo Santa Margarita, de propiedad de Jorge Luchsinger, el mismo que
repetía que el “indio no ha trabajado nunca”, eran unos depredadores
que no aportaban a la naturaleza, no tenían capacidad intelectual,
porque al final de la historia “no tenían nada”, remataba el agricultor
de La Frontera.
El disparo, que fue efectuado en un campo extenso, plano y sin
árboles en sus cercanías, ingresó por la espalda de Catrileo, para salir
por el pecho rozándole una parte de su mano. Esto, sin duda pone en
cuestión la intencionalidad de Ramírez, ya que su disparo no fue para
disuadir, o como dice la resolución, disparar “por sobre ellos”.
Si Alex Lemun estuviera vivo, tendría la misma edad que Catrileo, a
su vez, ambos tendrían la misma edad de Mendoza Collío. Estamos hablando
de una generación de Mapuche que han muerto en reivindicaciones de
tierras y que a excepción de Mendoza, han quedado en impunidad total.
Pero no es sólo eso, quedó coartada la creación intelectual de un
militante Mapuche. Sin embargo, como dijo Waikilao en su libro Bitácora
Guerrillera, “nunca olviden que la sangre que pisotearon los colonos/se
levantó chorreado de fuego en Lumako/y ahora marcha en nuestras venas”.
Y aunque Catrileo dice en uno de sus poemas “Y así murió/ En esta
historia/ese puñado de sueños”, las recientes noticias en Wallmapu que
dan cuenta de la devolución de tierras en Temulemu, la resistencia de
los presos en Angol y la protesta política de las organizaciones
representativas de nuestro pueblo, nos hablan del continuo camino en la
reconstrucción de la nación Mapuche. “Conversemos, les pido”, dice
nuestro poeta Chihuailaf, “en la ternura de nuestros antepasados tenemos
toda una sabiduría por ganar”.
Si atendiéramos a ese recado de nuestro poeta, podríamos ver con
buenos ojos que en las comunidades no se pueda disparar gases
lacrimógenos. El problema es que hace tiempo que se utilizan balas de
guerra, por ende, las buenas intenciones claramente marchan detrás de la
historia en este conflicto, que aún espera una resolución social y
política, en desmedro de la impunidad y de los casquillos inexistentes
de los comuneros en aquella madrugada del 3 de enero del hoy Lof-Yeupeko
Catrileo, ex fundo Santa Margarita.