LA INDIGNACIÓN FRENTE A LAS REALIDADES

Las protestas ciudadanas, ante los abusos y tropelías de diferentes regímenes de gobierno, marcaron los sucesos más importantes a nivel mundial. Difícilmente, Venezuela escapará de esta realidad.

 

. Difícilmente, Venezuela escapará de esta realidad.

Johan Rodríguez Perozo (*)

Millones de personas, de distinta nacionalidad, edad, raza y religión, se constituyeron en protagonistas de los hechos más resaltantes de la vida pública a nivel mundial. Diversas manifestaciones, integradas por personas con diferentes motivos para ello, salieron a las calles para hacer valer sus derechos ante el poder establecido. Desde solicitudes de cambio de regímenes de gobierno, pasando por reclamos laborales, económicos, reivindicaciones estudiantiles, problemas sociales, ambientales e incluso, temas relacionados con la discriminación racial y de género, sirvieron de plataforma para las grandes movilizaciones de masas en diversas latitudes del mundo. 

Algunas de estas manifestaciones, quizás la mayoría, lograron su cometido, al conseguir el derrumbe de los gobiernos en contra de los cuales protestaban. En otros casos, como el de Libia, surgieron los conflictos armados, como regla general de resolución de los conflictos. Tal situación bélica, produjo de manera adicional, la intervención de los organismos internacionales que se ocupan de la materia. Finalizando el año 2011, aún se mantienen situaciones de confrontación en la calle, en países como Siria. En otras latitudes, como Latinoamérica, los conatos surgidos han obtenido respuestas, en algunos casos inadecuadas, para la resolución de los mismos. Ejemplo de ello es la prolongación de la confrontación que mantienen los estudiantes chilenos, ante el gobierno de ese país. En otras regiones, como Colombia, los conflictos han sido negociados, pero no solucionados de manera definitiva. Casos como el venezolano, dicen mucho de lo que será el caldo de cultivo para el ambiente de conflictividad que se ve venir, en el marco electoral planteado para el año 2012.

La “rabia” colectiva de millones de personas en el mundo, surgida como estímulo para la protesta contra longevas y nuevas dictaduras o democracias en funcionamiento, pero duramente cuestionadas en su desempeño, aún se mantiene como combustible ideal para la protesta. Hace unos doce meses, un acto individual de protesta originado en Túnez, literalmente encendería los reclamos por la apertura democrática en el Magreb. Este hecho daría lugar a repercusiones hasta entonces difíciles de imaginar. Mohamed Bouazizi, un vendedor ambulante de frutas y verduras, rociando su cuerpo de combustible, prendióse fuego a sí mismo, en señal de protesta por la confiscación de sus productos por parte de la policía. El singular hecho ocurrido en la población de Sidi Bouzid, es considerado como el principal detonante de todos los acontecimientos ocurridos en el mundo árabe durante el año que está por concluir.

El importante acontecimiento que ha significado la movilización masiva de ciudadanos en el mundo árabe, dado en llamar por estudiosos y analistas como “La Primavera Árabe”, seguramente en acto de recordación de eventos históricos tales como , “La Primavera de Praga” o el “Mayo Francés”, logró contagiar a países vecinos de Túnez, tales como: Egipto, Libia, Siria, Jordania, Marruecos, Yémen, Bahrein y Omán. En el caso de Egipto, las movilizaciones populares lograron con éxito el derrocamiento del dictador de turno, Hosni Mubarak; en el de Libia, dio origen a una cruenta guerra civil que concluyó con la muerte de uno de los dictadores de más vieja data, Muamar El Gadafi. 

Más allá de la realidad surgida en el contexto árabe, situación que para muchos observadores, aún está en pleno desarrollo, veamos lo ocurrido en otras latitudes. En Europa, la crisis económica ha sido el detonante para muchas de las protestas surgidas. La situación económica de países como Grecia e Italia, produjo la caída, por la vía democrática, de los gobiernos de ambos países. En España, a iniciativa ciudadana, surgió el llamado “Movimiento de los Indignados”. Este emblemático movimiento, inspiró a ciudadanos de todo el mundo, dando lugar al surgimiento de movilizaciones similares, no sólo en Europa, sino además, en el sagrado templo de las finanzas mundiales: el Wall Street de la ciudad de New York. La manifestación de los denominados “ocupas” en pleno centro de Manhattan, movilizó a los ciudadanos norteamericanos en muchas de las ciudades de Estados Unidos, en reclamo intenso por la situación de crisis económica generalizada, la cual afecta a millones de ciudadanos de todo el planeta. 

Chile, Colombia, Bolivia y Venezuela, constituyen el escenario latinoamericano de las protestas de diverso orden. Con los estudiantes como protagonistas, tanto en Chile como en Colombia, los indígenas en Bolivia y los trabajadores en Venezuela, vemos como el marco diverso de la protesta consigue su ampliación a nivel intercontinental. Cuando está por concluir el año 2011 e iniciarse el 2012, surgen conflictos de hondo calado en países como Rusia, donde la protesta callejera ha encontrado albergue en el sentimiento popular, poniendo en evidencia la fragilidad del régimen oligárquico que gobierna en este país. Venezuela, como caso concreto marcado por su futuro, se avizora un clima lleno de intensas confrontaciones. El régimen moribundo de Chávez, aferrado a la idea de imponer un sistema de gobierno obsoleto e históricamente derrotado, entra en lo que se podría denominar, la fase de confrontación final. El régimen, aferrado intensamente a la idea de no abandonar el poder a costa de lo que sea, con una sociedad democrática, también dispuesta a “echar el resto”, para provocar una situación de cambio, constituyen el cuadro protagónico de una lucha que tiene como fecha de definición, el próximo 7 de octubre, fecha en la cual ha sido convocado el acto electoral que elegirá al nuevo Presidente de Venezuela. 

De tal manera que, la expectativa en torno a la realidad venezolana, será centro de atención del mundo, por el significado que tendrá la derrota de Chávez en el contexto internacional. Falta sólo saber, si quienes se oponen internamente a este régimen, jugarán con la estrategia y loes elementos adecuados, para el logro de tal objetivo. Creemos firmemente que es posible el cambio de régimen en Venezuela, lo cual traerá  a Latinoamérica y el mundo, la paz, el bienestar y el progreso que todos los pueblos del mundo aspiran. Amanecerá y veremos.

(*) johanperozo

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