. Las declaraciones del ministro de Economía son lo bastante
pobres como para empezar a desconfiar. Cuando se celebre el siguiente Consejo
de ministros van a sacar a relucir toda su creatividad; es decir, decidirán
revalorizar las pensiones y congelar el sueldo de los funcionarios. La primera
de las medidas tiene su razón de ser pero no así la segunda.
Congelar de nuevo el sueldo de
los funcionarios demuestra un encefalograma plano y una cortedad de miras fuera
de lo común. Con Aznar estuvieron congelados los sueldos de los funcionarios varios
años; con Zapatero sufrieron los mismos otros tres años de congelación y uno de
agudo recorte que, en algún caso, llegó hasta el 9,72%. Mientras tanto, a los
trabajadores de las empresas privadas seguían subiéndoles el sueldo año tras año, con lo que
se generó un brutal desequilibrio.
Lo más crudo de eso es que los
sindicatos de clase azuzaban esas diferencias. Pero no se lo pierdan ustedes: ¡todavía
la semana pasada hablaban los sindicatos de firmar la subida de los convenios
colectivos! ¿Pero de qué subida habla esta gente? ¿Es posible que sean tan
miserables y dañinos? ¡Aquí, y ahora, o empuja toda la ciudadanía en la misma
dirección o entre todos hacemos que desbarre el ‘barco de Mariano’!
Los ajustes son necesarios, sí.
Pero en todas las nóminas y para todas las empresas: públicas y privadas. Los
mayores ajustes están en manos de Cristóbal Montoro y debe andar con pies de
plomo porque puede encontrarse con una toma brutal de la calle. Los recortes no
son necesarios allí donde pretenden hacerlos a primera vista. El grueso está en
otras partes como: las comunidades autónomas (sobran varios miles de
funcionarios contratados de forma irregular y al margen de la ley); la
duplicidad y triplicidad de cometidos entre el Estado y las comunidades; la
figura del Defensor del Pueblo puede suplir a todas las ‘figuras figurantes’, con
nombres diversos, que se han inventado las comunidades; subasta de coches
oficiales como en Castilla La Mancha; supresión de cargos políticos de libre
designación; eliminación de ayudas a los sindicatos obreros; reducción de
liberados sindicales hasta en un 72% respecto a los existentes, entre otros.
Son pequeños ejemplos de donde se puede recuperar mucho dinero de lo malgastado.
Solo con atender esas medidas indicadas casi se cumple ya el compromiso de
reducción del déficit.
Rodríguez Zapatero dilapidó todo
el ahorro de los gobiernos de Aznar, hasta el punto de acabar dando dinero en
ayudas a curiosos de ceja y graciosos de ojera, además de ociosos, colectivos
feministas, asociaciones de gays y lesbianas de Mozambique y a curiosos ‘investigadores’
para hacer mapas del clítoris. ¡Se dedicaban a jugar, a malgastar y a dilapidar
el trabajo ajeno!
Sin duda, el socialismo
gobernando se convirtió en un problema social y en un drama nacional; no hay
más que preguntárselo a parados, estudiantes universitarios y pymes. Hasta tal punto es así que el septenio negro
del socialismo que presidía Zapatero será recordado como el periodo de las
insensateces, de los muñecos ministrables, de las “miembras” de Bibiana Aído y
del “iboprufeno” de Pajín. ¡Joder, qué tropa!, hubiera repetido Romanones.
Si lo que pretende De Guindos es ahorrar 16.500
millones y recortar el déficit, lo tiene muy fácil. Tiene que aprobar un
decreto de “no disponibilidad de gasto” para poder recortar algunas partidas
presupuestarias. Muchas de ellas deben hacerse sobre lo que hemos indicado más
arriba. A ello hay que añadir la fijación de “tope de gasto” para las
comunidades autónomas y la eliminación de ayudas bananeras que estos años ha implantado
el caótico socialismo. No va a ser difícil llegar al déficit del 4,4 del PIB
cuando acaba 2012, siempre que las cuentas heredadas de los socialistas sean
las previstas, pero ya verán como el agujero es entre dos y tres puntos por
encima de lo confesado. Lo mismo pasó en Castilla La Mancha y en Extremadura.
Cuando se conozca lo de Andalucía, muchos se van a caer de espaldas porque
alcanza cifras desorbitadas y a la enésima potencia.
Austeridad, sí, pero para todos.
No se ahorra reduciendo el sueldo a los funcionarios y subiendo los convenios a
los trabajadores de la empresa privada. No se ahorra recortando en papel y
bolígrafos pero manteniendo las ayudas del paro durante dos años de holganza.
No se ahorra nombrando cargos públicos con sueldo desorbitado y sin imponer un
techo a las comunidades autónomas. No se ahorra manteniendo la duplicidad o
triplicidad de cometidos y, a la vez, permitiendo la existencia de las
Diputaciones provinciales y las embajadas catalanas. Seamos serios, señores
políticos.
Jesús Salamanca
Alonso