Las cárceles en México parecen hoteles cinco estrellas.
Por: Gonzalo Andrés Muñoz.
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Habitaciones de lujo, bares
llenos de bebidas y alimentos finos. No se trata de un hotel, sino de algunas
prisiones mexicanas.En las cárceles mexicanas hay más que presos y
custodios. En los últimos meses las
autoridades han encontrado, dentro de varias prisiones, desde animales
exóticos, armas, licores finos o teléfonos satelitales, hasta mesas de billar o
sistema de aire acondicionado.
El caso más reciente ocurrió en la cárcel de
Acapulco, en el sur del país, donde los internos tenían gallos de pelea,
pavos reales, sacos con marihuana y convivían con 19 mujeres que
ofrecían servicios sexuales. Las prisiones son uno de los problemas de seguridad más
graves de ese país.
La
Secretaría de Seguridad Pública reconoce que desde el interior de algunos
centros de reclusión se organizan secuestros y extorsiones, e incluso han
ocurrido casos en que líderes de carteles de narcotráfico se esconden en las
cárceles para evadir a grupos rivales.
La independiente Comisión Nacional de Derechos
Humanos (CNDH) ha dicho que los presos gobiernan en 100 de las 429
prisiones que hay en el país.
El sistema penitenciario de ese país está
colapsado, arrastra vicios desde hace muchos años. Las cárceles son nidos de corrupción,
abusos, arbitrariedades. Ni siquiera sirven para aplicar
castigos ejemplares.
Recientemente en la prisión estatal de Sonora, al
norte de México, se descubrió que un reo sorteó el uso de su celda, remodelada
como habitación de lujo.
Cada boleto costaba unos US$20, y el ganador
podría disfrutar de un espacio con nevera, horno de microondas, bar, televisión
por cable, teléfono y lo más atractivo, servicio de aire acondicionado para
sobrevivir al verano de esa región, cuando la temperatura suele alcanzar los 45
grados Celsius.
En esa prisión también funcionaba una barbería, un
restaurante de comida del mar y un centro de empeño, donde el administrador
–también reo– prestaba dinero a sus compañeros de celdas.
Un caso que no es extraño en México. Semanas antes
del hallazgo, soldados y policías federales desmantelaron un salón de fiestas
que operaba dentro de la cárcel de Chihuahua.
El sitio contaba con mesas de billar, bar,
aparatos de música, pantallas de plasma y una nevera con 200 botes de cerveza.
Los militares demoraron cuatro horas en
desmantelar el local, que funcionaba con el permiso de las autoridades del
centro penitenciario.
Pero las historias peculiares en las cárceles
mexicanas no se limitan a lujos y comodidades.
La directora de la prisión femenil de Santa
Martha, en Ciudad de México, fue despedida cuando se descubrió que utilizó las
instalaciones médicas para aplicarse un tratamiento de belleza con base en
bótox.
Otra funcionaria, la encargada de la prisión de
Gómez Palacio, Durango, permitía salir por las noches a un grupo de reos para
asesinar a miembros de un grupo rival.
Y en Nuevo León, al noreste del país, se descubrió
que un grupo de secuestradores vinculados con el cartel de Los Zetas escondió
en la cárcel del municipio de Juárez a dos de sus víctimas.
Detrás de estas historias existe un común
denominador, corrupción de autoridades locales.
Es un riesgo de seguridad para los mexicanos, pues
el sistema penitenciario del país no cumple con la tarea de reinsertar a los
delincuentes en la sociedad.
Las cárceles en México son una bomba de tiempo que desata
motines, amparan la delincuencia y la ilegalidad.