“Desde el comienzo mismo la travesía es de
regreso a casa”. H. Miller.
De sur a norte, de oriente a occidente, de
lo rural a lo urbano, de la aldea al pueblo y del pueblo a la gran ciudad;
cruzando un río, atravesando un desierto, sorteando muros, surcando mares;
de Ceuta y Melilla a España, de Guatemala a Chiapas, de Tijuana a San
Diego, de Cuba a la Florida…de muchas maneras y por diversas causas la
migración de seres humanos es un fenómeno que existe y ha existido en
todas las épocas y lugares del planeta; dejar el lugar de origen,
desprenderse del terruño y de los seres queridos, dejar el corazón en un
lugar, para orientarse físicamente a otro en busca, principalmente, de mejores
condiciones de vida y mayores oportunidades de empleo.
La migración entendida como el cambio de
residencia temporal o definitiva, de manera legal o indocumentada, por razones
que varían desde la oferta de trabajo hasta motivos empresariales, educativos o
de turismo, puede ser una fuente de riqueza intercultural, de apoyo mutuo entre
las naciones y de oportunidad de crecimiento tanto personal como comunitario.
Sin embargo, la realidad de millones de migrantes es otra.
El 18 de diciembre se conmemora el Día
Internacional del Migrante, proclamado así por la ONU desde el año 2000. El
objetivo primordial es , al lado de otras organizaciones internacionales como
Human Right Watch, Sin Fronteras y la Comisión Internacional de los Derechos
Humanos, velar por el respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales
de los migrantes, bajo la premisa de que “todos los hombres nacen libres e
iguales en dignidad y derechos”, consagrada en la Declaración Universal de los
Derechos Humanos.
Aunque México es un país de destino,
que ha recibido a miles a extranjeros a lo largo de la historia,
distinguiéndose por su hospitalidad y cariñosa acogida, es también un país de
origen y tránsito. Datos del INEGI apuntan que más de 11 millones de mexicanos
viven en los Estados Unidos. El fenómeno de regreso a casa lo vemos cada
temporada navideña, época en la miles de compatriotas vuelven al hogar a pasar
con sus familias las fiestas decembrinas.
Como país de tránsito, por México
atraviesan una gran cantidad de migrantes centro y sudamericanos, hombres
y mujeres, jóvenes y hasta niños. El paso por nuestro país se convierte en un
calvario para ellos en el que tendrán que sobrevivir no solo al
hambre, frío, soledad, cansancio y posibles accidentes, sino también a factores
externos como la discriminación, el abuso, la explotación, el acoso y la
violencia. Sin Fronteras, acusa al Estado Mexicano de incumplir las
obligaciones internacionales en materia de derechos humanos.
Los migrantes mexicanos, en su travesía,
sufren de todo tipo de vejaciones. Desde la persona que contratan, el
llamado pollero, que muchas veces después de cobrarles, los abandonan en el
desierto, hasta las actitudes xenofóbicas en su contra por parte de quienes
viven del otro lado. La búsqueda del sueño americano se convierte par muchos en
una pesadilla.
QUE EMPIECE POR NOSOTROS.
Nos indignan las medidas que se han tomado
en los Estado Unidos en contra de los indocumentados, sin embargo, bien
podemos empezar por tratar bien a los migrantes que cruzan nuestro territorio
para llegar al país del norte. Hace algunos meses se difundió en la red y en
los medios de comunicación el documental de Las matronas, un grupo de mujeres
humildes que día con día preparan alimentos para los migrantes que viajan en el
tren. Me pareció un bello ejemplo de lo que podemos hacer para que su travesía
por el país sea menos pesada. Otro, estudiantes universitarios de León realizan
una campaña para llevar tenis y zapatos a las estaciones ferrocarrileras de más
afluencia migratoria.
Sin mapas en la mano, cartografiando su
propia ruta, dándole sentido al viaje, imaginando un futuro mejor, llevando en
el bolsillo algo de dinero y si acaso unas cuantas fotos de la familia,
guardando en el corazón el recuerdo de los que ama, los migrantes, los que van
y los que vienen, los que transitan de paso, los que no llegan, los que
ven en un nuevo cielo una esperanza de vivir mejor para su familia,
reclaman la dignificación de personas, sus derechos y el respeto a las
libertades fundamentales.