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20/12/2011

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DIA DEL MIGRANTE.


Cecy Valerio.

“Desde el comienzo mismo la travesía es de regreso a casa”. H. Miller.

De sur a norte, de oriente a occidente, de lo rural a lo urbano, de la aldea al pueblo y del pueblo a la gran ciudad; cruzando un río, atravesando un desierto, sorteando muros, surcando mares;  de Ceuta y Melilla a España, de Guatemala a Chiapas, de Tijuana a San Diego, de Cuba a la Florida…de muchas maneras y por diversas causas la migración de seres humanos es un fenómeno que existe y ha existido en  todas las épocas y lugares del planeta; dejar el lugar de origen, desprenderse del terruño y de los seres queridos,  dejar el corazón en un lugar, para orientarse físicamente a otro en busca, principalmente, de mejores condiciones de vida y mayores oportunidades de empleo.

La migración entendida como el cambio de residencia temporal o definitiva, de manera legal o indocumentada, por razones que varían desde la oferta de trabajo hasta motivos empresariales, educativos o de turismo, puede ser una fuente de riqueza intercultural, de apoyo mutuo entre las naciones y de oportunidad de crecimiento tanto personal como comunitario. Sin embargo, la realidad de millones de migrantes es otra.

El 18 de diciembre se conmemora el Día Internacional del Migrante, proclamado así por la ONU desde el año 2000. El objetivo primordial es , al lado de otras organizaciones internacionales como Human Right Watch, Sin Fronteras y la Comisión Internacional de los Derechos Humanos, velar por el respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales de los migrantes, bajo la premisa de que “todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, consagrada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Aunque México es un país de destino, que  ha recibido a miles a extranjeros a lo largo de la historia, distinguiéndose por su hospitalidad y cariñosa acogida, es también un país de origen y tránsito. Datos del INEGI apuntan que más de 11 millones de mexicanos viven en los Estados Unidos. El fenómeno de regreso a casa lo vemos cada temporada navideña, época en la miles de compatriotas vuelven al hogar a pasar con sus familias las fiestas decembrinas.

Como país de tránsito, por México atraviesan una gran cantidad  de migrantes centro y sudamericanos, hombres y mujeres, jóvenes y hasta niños. El paso por nuestro país se convierte en un calvario para ellos en el que tendrán  que sobrevivir  no solo al hambre, frío, soledad, cansancio y posibles accidentes, sino también a factores externos como  la discriminación, el abuso, la explotación, el acoso y la violencia. Sin Fronteras, acusa al Estado Mexicano de incumplir las obligaciones internacionales en materia de derechos humanos.

Los migrantes mexicanos, en su travesía, sufren de todo tipo de vejaciones.  Desde la persona que contratan, el llamado pollero, que muchas veces después de cobrarles, los abandonan en el desierto, hasta las actitudes xenofóbicas en su contra por parte de quienes viven del otro lado. La búsqueda del sueño americano se convierte par muchos en una pesadilla.

QUE EMPIECE POR NOSOTROS.

Nos indignan las medidas que se han tomado en los Estado Unidos  en contra de los indocumentados, sin embargo, bien podemos empezar por tratar bien a los migrantes que cruzan nuestro territorio para llegar al país del norte. Hace algunos meses se difundió en la red y en los medios de comunicación el documental de Las matronas, un grupo de mujeres humildes que día con día preparan alimentos para los migrantes que viajan en el tren. Me pareció un bello ejemplo de lo que podemos hacer para que su travesía por el país sea menos pesada. Otro, estudiantes universitarios de León realizan una campaña para llevar tenis y zapatos a las estaciones ferrocarrileras de más afluencia migratoria.

Sin mapas en la mano, cartografiando su propia ruta, dándole sentido al viaje, imaginando un futuro mejor, llevando en el bolsillo algo de dinero y si acaso unas cuantas fotos de la familia, guardando en el corazón el recuerdo de los que ama, los migrantes, los que van y los que vienen, los que transitan de paso, los que no llegan,  los que ven en un nuevo cielo  una esperanza de vivir mejor para su familia, reclaman la dignificación de personas, sus derechos y el respeto a las libertades fundamentales.  



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