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BOROMBOMBÓN


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15/03/2011


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Inicialmente tenía pensado escribir esta semana sobre el film que se está preparando para homenajear a Néstor Kirchner y sobre las diversas entrevistas y declaraciones que hasta el momento han concedido su director Adrián Caetano, y sus promotores y productores, el diputado provincial “Chino” Navarro y el publicista Jorge “Topo” Devoto. El film, lo que le leído hasta ahora y la página web www.yoquieroserpartedelahistoria.com.ar serán fruto de mi análisis, quizás, en alguna columna posterior.




Ayer a pesar de la diferencia horaria permanecí atenta vía Internet al acto realizado en la cancha del Huracán donde, inicialmente, iba a ser objeto de homenaje el 38º aniversario del triunfo electoral de Héctor Cámpora. No me sorprendí cuando pude comprobar que sin tan siquiera mencionarle, el encuentro se convirtió en un acto reivindicador del ausente Néstor Kirchner, su viuda la Presidente, y el modelo “Kirchnerista”, “Cristinista” o “Nacional y Popular” (el nombre en realidad, da igual). Remarco que no me sorprendí, porque creo poder afirmar sin temor a equivocaciones que una de las señas intrínsecas del Peronismo (en todas sus variantes) es su enorme y peligrosa capacidad para fagocitar y absorber, - con el fin de apropiárselos y posteriormente deformar-  tanto a sus líderes como a su historia.



Como siempre hago, fijé la vista con atención en esa marea de banderas, pasacalles, colores y globos o cánticos, que son santo y seña de estas convocatorias militantes. Por ser extranjera llaman mucho mi atención y en ocasiones me acaba resultando difícil distinguir  entre un Boca-River en la Bombonera y una concentración partidaria o sindical.



Más allá de la estética y puesta en escena del acto, quisiera analizar a través de estas líneas una serie de mensajes y conceptos importantes que Cristina Fernández de Kirchner desgranó a lo largo de su discurso. Para ser fiel a lo dicho por ella, advierto que todas y cada una de las citas entrecomilladas que encuentren han sido extraídas de la web de la Presidencia de la Nación.



Allá vamos…



“Quiero decirles que vengo también a reconocer que hay otro país diferente, afortunadamente, de aquellos tiempos y de todos los tiempos de estos últimos doscientos años en que las luchas nacionales y populares por construir un país independiente y soberano tuvieron largas marchas y contramarchas”.



La enmarañada y oscilante historia argentina ha mostrado países muy distintos – inclusive antagónicos - según las circunstancias  imperantes en cada ocasión. No es el de ustedes un país fácil, tal vez ninguno lo sea, pero a través de esas marchas y contramarchas que ayer citaba la Presidente existe un común denominador: considerar que en cada una de las etapas hay  un país “diferente” porque se refundó. Anular, mejor dicho ignorar,  importantes logros (obtenidos por otros) o gruesos errores (cometidos por los propios) da lugar demasiadas veces a ese espejismo de país diferente” que en el fondo es casi el mismo dando vueltas en torno a parecido lugar. Ese país “diferente”, por tanto, no nació el 25 de marzo de 2003 ni acabará en las elecciones que están por llegar si obtiene la victoria alguien ajeno al oficialismo. Millones de ciudadanos y ciudadanas anónimos lo han hecho a lo largo de siglos cambiar y es a los dirigentes a quienes incumbe dar calidad y solidez a lo obtenido, mejor vía el consenso que la imposición, para permitir evolución en lugar de involución.



“Por primera vez ustedes - generación del Bicentenario - se están incorporando a la política no contra alguien, sino por alguien, por una historia, por la Argentina por seguir mejorando las cosas”.



Lamento discrepar rotundamente con la Presidente. No es esa en absoluto la imagen, al menos analizada desde el exterior, que ofrece la juventud. Me refiero a esos jóvenes de los que el oficialismo se apropia y que excluyen y agreden permanentemente a muchos otros, jóvenes y argentinos también, que no adhieren las ideas y mística del Kirchnerismo, La Cámpora o otras organizaciones similares. Es más,  creo que se tiene una gran deuda histórica (más allá de los errores que cometieran) con la juventud de los años de la dictadura y los del regreso de la democracia. Y no me refiero a los jóvenes de la militancia “setentista” ni tan siquiera a los que cayeron víctimas del terror militar sino a todos aquellos que sin histrionismos, simplemente abocados a subsistir, crecieron, estudiaron y laburaron con la esperanza de un país más libre y mejor. Muchos jóvenes acompañaron, por ejemplo, a Raúl Alfonsín, en momentos críticos para el país; toda aquella juventud también hizo historia no contra nadie sino por algo: una Argentina en democracia y paz. No mencionarles jamás o no reconocer su silenciosa y cotidiana labor, merma credibilidad y grandeza al relato que el oficialismo tanto se esfuerza por imponer como el único auténtico y real.



“Siento que a lo largo de la historia el campo nacional y popular - liderado por hombres o por mujeres, cuando esos hombres o mujeres ya no estaban era como se desperdigaba porque faltaba la construcción orgánica; porque faltaba la construcción política e institucional que no hiciera depender la transformación y el cambio de una o dos personas”.



Siente bien la Presidente aunque lo hace cayendo en el mismo error que señala. Las alusiones permanentes al ex presidente Kirchner, el mesianismo que se atribuye a los líderes peronistas, el valor que se da al poder de conducción o de dominio territorial, las internas, las colectoras… junto con el desprecio por la institucionalidad formal, -  aquella que radica en el Congreso y el Senado, los Tribunales de Justicia, la Auditoria General de la Nación, la ley y la Constitución, no permiten trascender a los líderes para asentar un entorno estable y organizado en el cual, ante su ausencia, se siga construyendo cambio y transformación. Tanto Néstor como Cristina, ya desde sus épocas en Santa Cruz, promovieron mesas chicas, decisiones impuestas de forma arbitraria y unilateral, y pocas veces  han permitido colaborar con ellos a quiénes  pensaban diferente o tal vez desde otro ángulo de la realidad. Por ejemplo me permito recordar que, tras el famoso voto negativo del vicepresidente Cobos, gobernar insultándole y ninguneándole, sin hacer más mínimo gesto para recomponer la relación, no es precisamente una muestra de construcción institucional. No lo es actualmente, tampoco, gobernar sin presupuesto porque una y otra vez se ha decidido en el ámbito legislativo que las cosas deben ser aprobadas “sin variar una coma”, es decir, tal cual las diseña y decide quien detenta el poder presidencial. .



“Quiero decirles a todos ustedes, que cuando incorporen a otros argentinos no les pregunten de dónde vienen, no les pregunten cuál es su historia o su partido, pregúntenles si están de acuerdo con que la Asignación Universal por Hijo sirve para que millones de niños tengan derecho a la educación y a la salud (…) Quiero que le pregunten si quieren ser un país donde los derechos humanos son una bandera de toda la sociedad, sin ninguna distinción de ideología o partido, porque es lo que nos diferencia de la barbarie”.



Quizás estas preguntas son innecesarias o, en el mejor de los casos, debieran haber sido hechas años atrás. Más allá de sus variantes, algo muy parecido (si no mejor)  a la AHU estaba presente desde hace mucho tiempo en los programas y propuestas electorales de partidos como Coalición Cívica. Otras partidos, no precisamente afines al Kirchnerismo, han clamado y claman por una salud pública real, alejada de los manejos y negociados sindicales tanto perjuicio ha causado a la población. Y qué decir de los DDHH, esos que han sido vapuleados y mancillados por personas y organizaciones destacadas, que se los han apropiado como si el resto de la población, - en muchas ocasiones acusada a modo de escarnio público – han sido considerados sin distinción cómplices de la tortura y el terror. Esos DDHH han perdido gran parte de su esencia colectiva para convertirse en una especie de propiedad privada que se agita desde cargos y lugares de privilegio por su cercanía al poder actual.  En realidad durante estos años han sido muy pocos los esfuerzos realizados para “incorporar” a otros argentinos y,  aquellos que se han hecho, se realizaron más veces vía el sometimiento y la imposición que acudiendo a herramientas como el diálogo, el consenso y la negociación. Considero por tanto que las preguntas que enumeró la señora Fernández, - de las cuales sólo he destacado dos – son retóricas, llegan tarde y con poco sentido ya.



“Me atrevo y desafío que me digan si hubo un momento de mayor densidad y profundidad democrática, donde cada uno pudo expresarse como quiso y cómo quiere respecto de todo que esta Argentina que estamos viviendo hoy. Y esto nos tiene que llenar a todos de orgullo, pero también de una inmensa responsabilidad; la responsabilidad de profundizar a la organización popular, de abandonar vanidades y cuestiones dirigenciales que solo sirven para alejar a la gente de la política y creer que solamente esto es una feria de vanidades”.



Yo también me atrevo, sepan disculpar, a desafiar a que alguien me diga si la densidad y profundidad democrática se mide sólo por parámetros como la libertad de expresión. La legalidad, la ausencia de corrupción, la falta de autoritarismo, la transparencia y rendición de cuentas ante la ciudadanía o el mantener una estricta y honesta separación entre los distintos poderes o entre el Estado y el partido, son signos democráticos de igual calado o más. Respetar a la ciudadanía – no digo a tu militancia o votantes – y servirla sin pretender servirse de ella, resulta también fundamental. ¿Creen ustedes que lo que acabo de enumerar es hoy en día motivo de orgullo en la democracia argentina?, yo opino que no. De la misma forma advierto, más aún tratándose de un año electoral, que la feria de vanidades y esa puja por cuestiones dirigenciales (que mencionó la Presidente) no sólo ha tomado intensidad en los últimos meses muchas veces alentada conscientemente desde la Rosada, sino que en los próximos lo hará aún más. Ese es el desafío y la responsabilidad incumplidos durante estos años que nos impiden, si somos sinceros, hablar de una democracia profunda, auténtica y de calidad.



“A seguir trabajando por Argentina, a seguir trabajando por el pueblo, por la Nación, por la patria, siempre por la patria”



Quizás esta última frase, la que cerró el discurso de la señora Fernández, sea la única ante la cual yo también entonaría con esperanza y convicción: “borombombon, borombombon… a seguir trabajando por todo el pueblo y toda la Nación”. Con menos relatos, más hechos y sin distinción de color, ideario o condición.



* Esta nota ha sido publicada en el diario digital www.noticias.iruya.com de Salta, Argetntina





Etiquetas:   Política

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Marcela Varela, Periodismo Isabel, excelente exposición de ideas. El modelo K con algunas diferencias me recuerda a los modelos fascitas europeos del Siglo XX.
Gran parte del pueblo argentino compró este modelo y lo defiende con uñas y dientes. El tema es cuando la venda se les caiga de los ojos; la imagen sin temor a equivocarme será como los ciudadanos alemanes cuando caminaban por los campos de concentración cuando cayó régimen hitleriano.
Algunos defensores del modelo juzgarán exagerada la comparación, sin embargo, la sostengo con fervor ya que morir en una cámara de gas o morir de hambre, de sed y de frío es otra forma degradante de morir; de morir por culpa de la corrupción gubernamental.
Vivimos en una Argentina dividida, porque la reina K aprendió muy bien la enseñanza: divide y reinarás. Pero como suelo decir siempre "lo más sólido" también se cae: Hitler, Franco, el Muro de Berlín...




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