No ganamos para sustos en Europa. Como parece ser que con Grecia primero, Italia después, no hubiera habido ya demasiados sobresaltos, faltaba el veto de los ingleses para la reforma del Tratado de Lisboa y las presiones de la City Londinense, para que según Cameron, se defendieran los intereses del sector financiero que resulta ser el 10% del PIB. En la última Cumbre, ¿cuál habrá sido el objetivo de máxima de los dos grandes líderes, Merkel y Sarkozy?. Que se diera el visto bueno al nuevo Pacto, pero de parte de los 27 miembros, independientemente de su fortaleza económica, moneda de curso legal, déficit público, etc. Pero un objetivo necesario y suficiente, que resuelve en primera instancia las inconsistencias de origen de la eurozona, era y es finalmente, que sus miembros se comprometieran a las nuevas condiciones que dan soporte legal a la moneda común: 1º Ahora sí que los estados no podrán aprobar presupuestos públicos con déficit superiores al 0,5 % del PIB, ya que incumplirían con el nuevo Pacto Fiscal Común; antes lo podían hacer, ya que el Pacto de Lisboa, tenía un techo de déficit del 3 % y si era superado, existía un procedimiento punitivo, casi inviable; ningún estado ha sido sancionado a pesar de los excesos, las elusiones contables y los fraudes en las cuentas públicas. 2º Los recortes del sector público que se sucederán a partir de ahora, no solucionan el tema del crecimiento económico y el desempleo, por lo que si no se atiende este flanco, la austeridad impuesta acabará por aniquilar lo poco que queda aún de credibilidad en el sistema. 3º Los estados que venían soportando primas de riesgo elevadas, seguirán endeudándose a mayores tasas que los países más solventes, por lo que la situación de insolvencia podría salirse de cauce, si no se dan alguna de las dos siguientes condiciones: crecimiento con o sin incentivos estatales y/o financiamiento de los pasivos a tasas cercanas a la inflación de la eurozona. 4º Mientras el BCE siga de manera obsesionada concentrándose en la inflación, cuando gran parte de los actores políticos mundiales hacen hincapié en el crecimiento, el desempleo y la estabilidad financiera, como elementos vitales para la estabilidad y retomar la senda de expansión de la economía mundial, la eurozona va a seguir teniendo problemas. 5º Que se haya autoexcluido Reino Unido del Pacto Fiscal Europeo no es novedad alguna; nunca se sintieron europeos. Ya cuenta con otras alianzas, como los países que conforman el “commonwealth” palabra derivada del alemán gemeinwesen que significa “riqueza común” y de hecho la siempre presente sociedad estratégica con los Estados Unidos. Para los Británicos, suscribir el Pacto Fiscal Europeo, hubiera significado adoptar criterios de bienestar social y riqueza común, del conjunto de naciones que sí lo han suscrito (una especie de federalización política o tan siquiera un commonwealth europeo), pero ello estaba muy lejos de sus aspiraciones y metas prefijadas por el ala dura del conservadurismo inglés, puesto que exigieron garantías para resguardar sus “intereses” en caso de suscribirlo. Perder un socio de este calibre, con este ideal de solidaridad, no se puede decir que haya que lamentarlo. ¿Terminará Reino Unido saliendo de la UE? Tanto la prensa inglesa como muchos analistas británicos, han sido contundentes. Ian Trayno, Nichoas Watt, David Goy y Patrick Wintour, afirmaban al periódico The Guardian 24 hrs. después de finalizada la Cumbre: “David Cameron ha sumido a Gran Bretaña y su posición en Europa en la mayor incertidumbre en una generación”; en cuanto al futuro agregaban: “Gran Bretaña también ha perdido su lugar en la mesa donde el porvenir de Europa y el nuevo régimen euro estará determinado”. La otra cara de la moneda según estos medios, era que la canciller alemana Angela Merkel, la “administradora” central del nuevo régimen, se había mostrado optimista y que no le estaba preocupando demasiado el veto británico. Actitud coherente, ya que Merkel viene apostando por el futuro indisoluble entre Europa y el euro. Hasta ahora, así lo ha demostrado y efusivamente lo ha declarado frente a los diputados en el Bundestag. Pero ha sido el propio Nick Clegg que gobierna en coalición con Cameron, que dijera en su partido: “Cualquier euro-escéptico que se esté frotando las manos como regocijo por los resultados de la Cumbre, tendrá que ser muy prudente sobre sus deseos porque existe un claro riesgo potencial de una Europa de dos velocidades, en dónde la posición británica resulte más marginal y en el largo plazo será malo para el crecimiento y el empleo en nuestro país”. Pero las declaraciones incendiarias en contra de Cameron han ido aún más lejos, caso de Lord Ashdown, un aliado de Clegg, afirmando también al rotativo The Guardian: “El profundo y sostenido prejuicio antieuropeísta de algunos miembros del partido Conservador, respaldado por medios de comunicación antieuropeos, ha creado ahora un prejuicio antibritánico en Europa, especialmente en París”. Y agregó: “Habrá un alto precio que pagar y como consecuencia, las prioridades de nuestra política exterior de este país durante los últimos 40 años, se han ido por el inodoro en una sola noche”. Es evidente, que sin un puesto en la mesa de negociaciones, a partir de ahora Reino Unido no podrá influir en las nuevas políticas que impactarán en la City y su sector financiero. Relación entre PIB Mundial y el Stock de activos financieros En 1980, la relación entre el producto bruto global, todo lo que produce el mundo en bienes y servicios, y el stock de activos financieros, llámese bonos, derivados o cualquier otra denominación, era del 1,1. En 2010, llegó a 3,4 habiendo tenido una punta en 2006 de 3,6 veces. ¿Qué es lo que esto nos indica? Que el dinero y las diversas formas que asume para convertirse en un bien de pago, es casi 4 veces más que todos los bienes y servicios que existen en la economía mundial. ¿Qué es lo que ha crecido en realidad? El sector financiero y a una velocidad de vértigo. Y cuando introducimos en el análisis la productividad y el salario, considerando el salario real y el nivel de endeudamiento de las familias de las naciones desarrolladas, el salario es prácticamente una línea horizontal que no se mueve y la productividad de las empresas, esto es el PIB dividido por cada uno de los trabajadores, es casi vertical. Este “spread” de diferencias, es el endeudamiento y parte de lo que está pasando junto a los desequilibrios mundiales hoy en la economía global. Una economía que no se basa en la economía real, sino en una economía financiera. La tendencia agudizante del problema En 2004 el PIB mundial era de 28 billones de dólares y los stock financieros internacionales rondaban los 119 billones de dólares, esto es, había un 326 % más de “activos financieros” que bienes y servicios por comercializar. En uno de nuestros análisis ya publicados en esta tribuna, nos referimos al término “activo” que a la luz de todas estas circunstancias, necesariamente deberíamos recalificar o en su defecto encontrar, un término que defina en mejor grado a este tipo títulos financieros. Los activos financieros tienen siempre un subyacente o también puede llamarse colateral, que es una garantía aplicada sobre bienes reales, tangibles, ya que si no se paga el principal permiten recuperar lo invertido; no obstante vemos que existe una contradicción a nivel mundial entre lo que debiera ser un “activo” y las garantías reales que sustentan a los productos financieros, ya que si todos los tenedores de títulos decidiesen hacer caja de los mismos, no alcanzarían los bienes y servicios de la economía formal real, para liquidar las tenencias. Esto puede ser así porque los ahorros públicos destinados a la Seguridad Social, a los seguros de retiro y de vida, a los fideicomisos con fines determinados –a medio y largo plazo-, los depósitos bancarios a plazos fijos –a medio y largo plazo- etc., etc., existen hoy como “activos” pero su realización se ejecutará mucho más adelante en el tiempo. Sin embargo, el sólo hecho de haberse creado una deuda, implicaría que las sociedades están dispuestas a cumplir esos compromisos y la única forma de hacerlo, es generando bienes y servicios que en el futuro compensen esos “activos” y le den cobertura material. ¿Podrá el planeta crear tanta cantidad de bienes y servicios para dar sustento real a esos compromisos, sabiendo que en la actualidad, para sus tenedores son solamente “activos” financieros, pero que a medio plazo, deberían convertirse en recursos monetarios (cualquiera sea la divisa origen de dichos títulos), con un poder de compra similar o superior al que tenían cuando se generaron? En 2003 el PIB mundial era de 28 billones de dólares, el quantum del stock de deuda mundial en ese año, era un 326 % superior, esto es 119 billones de dólares; podemos desagregar este monto, de acuerdo a su composición que sería como sigue: 17,5 % corresponde a deuda soberana, 26,8 % a deuda corporativa, 27,6 % a acciones y 28,1 % a depósitos bancarios. Pero en 2010 el PIB mundial era de 76,3 billones de dólares. El quantum del stock de deuda mundial en ese año, fue un 274 % superior, esto es 209 billones de dólares y si se discrimina porcentualmente entre sus emisores o titulares, la composición es: 15,3 % corresponde a deuda soberana, 29,2 % a deuda corporativa, 27,3 % a acciones y 28,2 % depósitos bancarios. El 80 % del stock de deuda mundial se concentra en los EEUU, Japón, Reino Unido y Zona Euro. Cual es la raíz del problema: que el crecimiento del stock de deuda tiene una tasa interanual del 8,4 % cuando el crecimiento del PIB mundial está atenuándose a una tasa promedio del 3,5 % anual. Este desequilibrio explica por sí solo, la causa del problema sistémico que hoy aqueja a la eurozona y del cual no está exento Japón, Reino Unido y los EEUU. Cuando los mercados advierten que algunos países no podrán crecer a tasas que les permita cumplir con sus deudas soberanas Debe quedar claro que la crisis de la deuda se desata en Europa, cuando los mercados advierten que los países más endeudados ya no podrán siquiera crecer a tasas del 3 a 4 % anual; es más, muchos de ellos iban a entrar en recesión y por ende con una deuda abultada respecto de su PIB, en algunos casos 1,6 veces (Grecia por ejemplo). Los intereses de las deudas que están pactados a tasas de por lo menos el 4 % anual (hoy muchísimo más), implican una partida de gastos de 0,04 x 160 % del PIB = 6,4 % anual, que sería el porcentual del PIB que se debería abonar anualmente (en concepto de intereses), mientras se siga con crecimientos nulos o negativos, hasta que un ciclo de expansión pueda aliviar el pago de los servicios de la deuda. Los mercados sospecharon que destinar 6,4 % de los recursos públicos (deficitarios) para el pago de intereses de la deuda soberana, iba a ser una tarea imposible y por ello presionaron vendiendo posiciones en corto, para obligar a los políticos a efectuar un salvataje. Lejos estaba en ellos, considerar una quita, pero finalmente se dio en el caso de Grecia, por cuanto no había otro camino, por lo que algunos especuladores perdieron fortunas. La firma norteamericana MF Global se acogió al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos, revelando que poseía un porfolio de u$s 6.300 millones en deuda pública europea, con bonos del Tesoro de países como Bélgica, Italia, España, Portugal e Irlanda. Su consejero delegado Jon Corzine (exgobernador de Nueva Jersey y ex- director ejecutivo del banco de inversión Goldman Sachs) dijo antes del desenlace de Grecia: “Seguimos teniendo confianza en que poseemos los recursos y el conocimiento para continuar gestionando de manera satisfactoria esta exposición”, francamente una excusa disparatada. Mientras los intereses de esas deudas no puedan pagarse con recursos genuinos derivados de algún ciclo expansivo, o tomando nuevas deudas (si alguien pudiera prestar a tasas razonables) o colectivizando pasivos mediante instrumentos como los eurobonos, la situación es casi ingobernable; no hay política monetaria, ni fiscal que pueda corregir esta distorsión. Hasta cuándo es manejable la deuda respecto al PIB Cuando un país tiene un 60 % de su PIB comprometido con deudas adquiridas para cubrir sus desequilibrios presupuestarios, es manejable porque lo que se paga por intereses de la deuda, es más o menos equivalente a la inflación y puede decirse que se neutraliza la partida, cual si fuera una licuación de pasivos (nos referimos a la cuenta de intereses "no de capital" por supuesto). Veamos con un ejemplo simple: si el país "x" tiene comprometido el 60 % de su PIB con títulos de deuda a futuro, ello le impone una partida de intereses del orden del 4 % (prima de riesgo compatible con endeudamiento del 60 % del PIB o menos); el 4 % del 60 % es 2,4 % del PIB (intereses anuales para el pago de esa deuda); y si consideramos que el país "x" tiene una inflación mayor a 2 % anual y menor a 3 % anual, podemos concluir que ese nivel de deuda es ciertamente manejable, por cuanto es equivalente a la tasa inflacionaria, por lo que los servicios de la deuda están en un nivel compatible con las partidas de gasto generales de la economía. Si por el contrario, un país "y" con un endeudamiento del 120 % del PIB, tenemos que la tasa de financiamiento no será el 4 % anual como en el caso anterior; el mercado le pedirá una prima de riesgo adicional y estaríamos hablando de tasas del 7 % anual. Por lo que un 7 % de 120 % de deuda nominal anual, es 8.4 % del PIB comprometido en pagos de los servicios de la deuda únicamente. Si la economía de ese país "y" no crece a una tasa del 8,4 % anual, debe pagar los intereses, con emisión de deuda, pero el mercado seguramente no querrá prestarle ni aún a tasas de retorno del 7 % o superiores; también puede intentar reunir a sus acreedores y solicitarles un período de gracia para recuperar su potencialidad económica, lo que es equivalente a una reestructuración de su deuda; por último puede o debe, si estas opciones no pudieran concretarse, intentar producir un recorte de gastos del presupuesto público del orden del 8,4 % para poder enfrentar los pagos de intereses con recursos propios, objetivo harto difícil de concretar, porque los países que han llegado a esa instancia, arrastran déficits estructurales y no están en condiciones de hacer un ajuste tan severo hacia adentro. La regla de oro sería aprobar presupuestos públicos con CERO déficit y si no hubiera alternativa, hacerlo sobre la base de que la deuda general, no supere el 60 % del PIB, ya que luego de ese escalón, los compromisos empiezan a pesar de forma diferente y el mercado desconfía de su real capacidad de pago. Europa de dos velocidades; Euros del Norte y Euros del Sur ¿Es posible una zona Euro de dos velocidades o una moneda Euro de más valor que otra? La Cumbre pasada parece que elimina de momento este fantasma. Pero hay motivos de preocupación que subyacen en el comportamiento de la propia ciudadanía. Por ejemplo, en 2008 se verificó un fenómeno que despertó cierta preocupación en las más altas esferas del gobierno alemán y de los países de la eurozona: los consumidores alemanes habían comenzado a rechazar los euros con números de serie procedentes de Italia, España, Grecia y Portugal. ¿Cómo se tuvo evidencia de tan anómala situación? Los alemanes estaban retirando dinero en efectivo de sus Bancos (en horario bancario y directamente en las oficinas bancarias) evitando los cajeros automáticos, pues de esa forma podían discriminar los billetes en función del origen de los mismos. El público había advertido que si los países podían emitir euros, según su propio peso económico iban a estar tentados de exagerar las cosas e imprimir en exceso y en algunos casos, no se equivocaron. Las monedas de euro son totalmente intercambiables y tienen una convertibilidad asegurada por el BCE; en cambio los billetes, son emitidos por cada país de los 17 que adoptaron el Euro y aunque lo imprimen bajo estrictas directrices del BCE, tienen letras que nos permiten conocer qué país fue su emisor. Los papeles billetes se diferencias unos de otros por una letra previa a los números de serie, que es el Código de país, a saber: Alemania “X”, España “V”, Irlanda “T”, Austria “N”, Estonia “D”, Italia “S”, Bélgica “Z”, Finlandia “L”, Luxemburgo “R”, Chipre “G”, Francia “U”, Malta “F”, Eslovaquia “E”, Grecia “Y”, Portugal “M”, Eslovenia "H” y Países Bajos “P”. Los alemanes, desde hace muchos años, venían sosteniendo que algún día los euros del sur iban a perder valor porque iban a sufrir una profunda crisis económica; ese día lamentablemente ha llegado. ¿Podrían existir DOS EUROS bien diferenciados, que cotizasen cada uno por su lado con relación a las demás divisas? Sí, por supuesto; no sería la mejor opción, pero sería una alternativa a la pérdida de valor real que la propia economía les está prodigando. Pero el acuerdo intergubernamental de la pasada Cumbre, ha frenado esta alternativa. Porque hubiese sido nuestra renuncia a la soberanía que se supone el euro es para la UE en su conjunto. Un grupo de 27 socios, que después del acuerdo, deja muy comprometido solamente a uno de ellos y que no está en el euro. Los mercados habían convalidado en los hechos la casi segura consolidación de una Europa de dos velocidades, pero el acuerdo intergubernamental emanado de Bruselas también trunca esta posibilidad. ¿Hubo algún caso en el planeta que pudiera dar testimonio de que esto podría ocurrir? Sí. En los EEUU durante la presidencia de Jackson en 1840, el dólar impreso en distintos estados se negociaba en el mercado a diferentes valores. ¿Podría ser esta “herramienta” válida para corregir los problemas estructurales de las economías involucradas? No, sólo sería un parche, que permitiría a cada estado ganar un tiempo precioso para modificar el rumbo y corregir sus desequilibrios. El coste político de tomar tal decisión, sería muy adverso, porque el pacto de la Unión Europea, mostraría lo falible que es, en cuanto a operar en bloque, ya que su fortaleza estaría cuestionada. Seguramente, no faltaría quien indique a viva voz, a quién se le ocurrió introducir una moneda común, en países tan disímiles desde el punto de vista de sus recursos y forma de explotarlos, que ha llevado a diez de ellos a no adherir a la Unión Monetaria. Otro elemento a tener en cuenta, es lo que costó implantar el euro en términos de divulgación, promoción, etc., entre los ciudadanos de los distintos países que cambiaban su signo monetario por esta nueva moneda y considerar cuánto costaría ahora volver a sus respectivas monedas. La pasada Cumbre ha sido la medicina que está curando esta dolencia. En cuanto el paciente enfermo vaya dando señales de recuperación vía acuerdo fiscal y supervisión de déficit, pocos serán los que se atrevan a volver a plantear la Europa de dos velocidades. Esta Europa, no es negocio para nadie. Cuando ejercer un liderazgo libera las tensiones de los mercados ¿Qué es lo que ocurría en la Cumbre para que, como en una olla a presión, liberara la tensión de los mercados y diera un respiro a los ciudadanos y líderes europeos? Se estaba dando de una vez por todas, un golpe sobre la mesa. Parecía que por fin se estaba empezando a ejercer un liderazgo –un reclamo constante de esta tribuna-independientemente de si la propuesta del Consejo y la Comisión estaban enfrentados al binomio de Merkel-Sarkozy. Lo importante, era que prosperara una, que abriera la puerta hacia una fase definitiva en la salida de la crisis. Hasta la celebración de la Cumbre del 8 y 9 de diciembre, afirmábamos que el “callejón sin salida” en el que se había metido el euro y la propia continuidad de la UE engendrada en Maastrich, se debía fundamentalmente, a que lo que se creía era uno de los puntos fuertes de la Unión –la estructura jurídica organizativa- terminó resultando un auténtico lastre, inservible para acometer reformas urgentes y atacar de frente los problemas reales a los que se tuvieron que enfrentar los líderes europeos. Es evidente también, que la falta de liderazgo, al menos hasta el viernes 9 de diciembre, había acrecentado aquellas falencias institucionales, aunque de ninguna manera, aún habiendo existido un liderazgo efectivo –que no lo hubo- se hubiera podido evitar esta agonía del euro y del proyecto europeo, que mostraba sus heridas sangrantes justamente en los países más vulnerables como consecuencia de la debilidad de la estructura de sus cuentas públicas. Son muchas las variables que intervienen en un escenario político y económico como la UE. Si a ello le añadimos una crisis como la que venimos padeciendo, resulta muy complicado anticiparse al comportamiento de todas ellas, incluso las que se consideran controlables. La institucional, que no debería considerarse una variable, porque forma parte de la propia estructura de la UE, dado el comportamiento que ha tenido durante los últimos meses en que se iba agudizando la crisis, terminó convirtiéndose en una barrera para la toma de decisiones. Tipo de estructura institucional: La UE posee una estructura muy rígida y con escaso margen de flexibilidad para adecuarse a nuevos estados de cambio. Prueba de ello, es que con un solo país que ejerza su derecho de veto, imposible modificar el Tratado de Lisboa. Y Reino Unido lo ejerció. En cuanto al tamaño de la estructura, demasiado gruesa y con ataduras en los movimientos operativos (consenso de los Ministros de ECOFIN, consenso en las Cumbres de Estado, consenso y más consenso, etc.), determina que sean muy pocas las decisiones que emanan exclusivamente de la Comisión Ejecutiva (Barroso) y del Consejo Europeo (Van Rompuy). Siempre requieren del consenso de los estados miembros, ya sea por sus ministros o por los jefes de estado. Una vez que estalla “la bomba” de la deuda soberana, ¿por qué se agrava aceleradamente el problema que nos ha conducido hasta el punto muerto en el que se encontraba la crisis, por lo menos –y eso esperábamos todos- hasta la pasada Cumbre? Sencillamente, porque no existía ninguna figura prevista en el ordenamiento jurídico-orgánico-institucional, que pudiera asumir, por ejemplo, la función de FONDO DE RESCATE como sucedió y que finalmente tuvo que crearse. Pero se creó no sin antes cuestionarse sobre cómo había que constituirlo, quién estaría a su cargo y de quién dependería, si su función sería incompatible con otras funciones del BCE, etc., etc. Es más, en días previos a la Cumbre según declaraciones de diversos líderes, así como en la reunión Merkel-Sarkozy del lunes 5 de diciembre, se debatía sobre qué funciones debía o no debía hacer el BCE y si el Fondo de Rescate podría ser utilizado directamente por el sistema financiero en vez de ser canalizado a los gobiernos en dificultades. Una vez que logró definirse mediante el correspondiente consenso, se pudo comprobar su escasa cuantía para absorber los impactos de los mercados, especialmente en los países de la periferia. Se habían iniciado por el mes de julio de 2011, los trámites para incrementarlo, que motivara numerosos conflictos parlamentarios y partidistas en varios de los estados miembros, llegando el caso de Eslovaquia, que provocó la caída del gobierno. Pero aún hoy, a pesar de que se dijo en la anterior Cumbre de Cannes que iba a ser apalancado, no pasa el billón del euros, cuando la realidad venía exigiendo un Fondo mucho mayor, que fuera como una medida disuasoria contra la especulación de los mercados. Por fin ahora, con este acuerdo intergubernamental, se anticipa la aplicación del Mecanismo de Estabilidad Europeo a julio de 2012 y estará dotado de 500.000 millones de euros. Si bien había una propuesta para ampliarlo, Alemania la ha rechazado. En este punto creemos que es escaso y no entendemos que se limite cuando hubiera sido necesario un Fondo a prueba de “ataques” especulativos hace ya varios meses. La rigidez institucional presenta su peor cara, cuando se trata de las competencias que debe o no asumir el BCE y las excepciones en las que podría actuar como prestamista de última instancia. Esto determinó un argumento permanente de choque, principalmente entre Alemania (Merkel encabezada esta posición) y los países que más se estaban viendo afectados por la prima de riesgo, circunstancia que llevó a Italia y a España a pagar determinados días intereses que oscilaban entre un 6 y un 7%. Las circunstancias que se han sucedido en los mercados financieros a partir de mayo de 2011, como el agua de mar, han ido carcomiendo la estructura jurídico-orgánica-política, dejando al descubierto las partes más delicadas del edificio europeo. Pero si bien no había podido ser derribado aún y estaba a punto de sufrir un colapso en los días previos a la Cumbre del 8-9 de diciembre, las decisiones tomadas por el mecanismo de acuerdo intergubernamental –auténtica acción de urgencia al no poder modificar el Tratado-, ha soportado dicha estructura gracias a la velocidad de respuesta y acierto en las medidas adoptadas suscritas por 26 de 27 socios. En términos deportivos: en el último minuto de descuento de un partido que la UE hasta el viernes 9, venía perdiendo y que por lo menos –eso parece hoy lunes 19- ha empatado pero con el ánimo y la voluntad de terminar ganando. Aunque la semana que hemos cerrado, no parece que haya calmado ni los mercados ni al resto del mundo que tienen “sus ojos puestos” en el Viejo Continente. Es evidente que el resultado obtenido en esta Cumbre, ha sido muy laboriosamente trabajado durante horas de reuniones e informes cruzados entre Berlín y Paris, llegando a afirmar Sarkozy previa a la reunión del lunes 5 con Merkel, que había que refundar Europa mediante un nuevo tratado y que era imprescindible restaurar la credibilidad y la confianza de la UE. Una vez más la variable institucional se veía influida por factores –en este caso internos- emanados de la necesidad de demostrar al mundo y los mercados, que la UE reaccionaba, a pesar de que lo hiciera bajo la influencia decisiva del eje franco-alemán. ¿Ha sido bueno o malo este grado de influencia? A priori, según muchos analistas internacionales, parecía un auténtico despropósito, ya que si una institución como la UE, tiene que ser refundada, se supone que en dicho proceso deben participar todos los estados miembros, revisando el Tratado de Lisboa, para ajustarlo y adaptarlo a las nuevas circunstancias. Lo que no parecía en defensa de los intereses del conjunto de la unión y solamente de Francia y Alemania, era el interés de promover los cambios de urgencia que las circunstancias exigían, pero auspiciados por Berlín y Paris. Como si Alemania y Francia fueran la única garantía de permanencia y estabilidad de Europa. Si bien es una crítica directa y real, habrá que someterla al veredicto de la historia que es inapelable, lo que nos hace pensar que en unos años, cuando se vuelvan a analizar y estudiar los pasos que daba la UE en los últimos meses de 2011 para solucionar la crisis de la deuda soberana, habrá un acuerdo casi unánime, de que se tomó el atajo adecuado porque la UE estaba al borde de desintegrarse, por ende, el euro. Lo que parecía una exclusión de facto y de derecho del resto de socios, finalmente se ha consustanciado en un acuerdo fiscal y demostración de voluntad de cambiar el estado de cosas, mediante el mecanismo de acuerdo intergubernamental, que permite el Tratado de Lisboa y que es digno de una Europa que se supone una potencia mundial y que no puede generar más incertidumbre en los mercados. Y los que en un comienzo se preocuparon por el duopolio decisorio Merkel-Sarkozy, ahora están más tranquilos porque 26 socios dijeron sí al pacto fiscal que garantizará la consolidación del proyecto europeo iniciado en Maastrich. El problema, como siempre ocurre en las decisiones de la UE: el tiempo. No podrá implementarse hasta marzo. En todo caso, es evidente que en esta Cumbre no se estaba en una situación cómoda, ni tampoco jurídicamente posible, para negociar una modificación sustancial del Tratado. Con estas coordenadas de situación, los que tenían la mente más fría para tomar decisiones, eran aquellos países que estaban más alejados del peligro de ser expulsados del euro y de enfrentarse a los mercados. Y Francia y Alemania toman este timón de control. Cuestiones que no han sido abordadas en la Cumbre, pero que habrá que atender a la brevedad Si bien estamos ocupándonos de Europa, y con especial cuidado la Eurozona, el problema de las deudas soberanas es de antigua data. Arranca en 1971 cuando los estados dejan de ser superavitarios en general, ya que comienzan a pagar más cara la factura de la energía (la crisis del petróleo había llevado el barril a precios récords) y a consecuencia de ello, hubo mayores costes de los servicios y de las manufacturas, que se afrontaban con préstamos internacionales. Cuando se dice que hace falta que vuelva a fluir el crédito a las PYMES y a los particulares, para alentar el consumo, habría que preguntarse si las condiciones macroeconómicas están dadas para que un estirón del consumo sea una solución a esta crisis, ya que si volvemos a tener un ciclo expansivo con deuda, lo que estamos ocultando es la esencia misma del problema. Déficits estructurales de la Naciones Nada se dice de los planes económicos que deberán aplicar las naciones con problemas de solvencia, para cortar de raíz con los déficits estructurales que las llevaron a esa situación. Se habla de recortes presupuestarios, de austeridad, de subida de impuestos -en los casos que todavía quede algo de margen para ello-, pero no se habla de quitar subsidios, eliminar actividades promovidas, reducir el tamaño de la burocracia estatal en todos los casos, elevar la edad de jubilación en donde aún no se ha tomado esa medida, etc. ¿Estamos ante una situación de insolvencia o de iliquidez? Esta no es una crisis de liquidez. Liquidez es lo que sobra, ya que las actividades que potencialmente son las que más consumen recursos monetarios (grandes obras de infraestructura, exploración de yacimientos y proyectos industriales en general) están siendo postergadas por el fantasma de la recesión que planea sobre los líderes cada vez que emana de un organismo internacional competente un nuevo informe sobre el crecimiento de la economía mundial: OCDE, FMI, etc. Por lo que nadie quiere endeudarse en épocas de austeridad presupuestaria, ya que luego es difícil amortizar los créditos. En consecuencia la acción coordinada de los Bancos Centrales en días previos a la última Cumbre, que dieron un impulso a las Bolsas, abriendo el grifo de la liquidez mancomunadamente, comprometiendo elevadas cantidades de divisas, podría ser un mensaje contradictorio para quienes no conocen los mecanismos de la macroeconomía global. El empujón de las Bolsas de Valores se produce gracias a esa acción, que también influye para que los Bancos que no participaban de operaciones interbancarias a corto plazo por desconfianza de la salud financiera de su homólogo, ahora tienen un refugio seguro para esas operatorias y de allí la euforia, porque esta circunstancia por sí sola, despeja del horizonte la bruma que opacaba la actividad económica en general. Hubo casos que seguramente quedarán para el análisis de los economistas del futuro, en donde una entidad bancaria no prestaba a otra, fondos por 24 ó 48 horas, cuando la única posibilidad de no cumplir con ese préstamo, se hubiera dado si la firma receptora, presentara suspensión de pagos dentro de ese período. Pero nos referimos a entidades que cotizan en bolsa, que no están ni de cerca en esa situación, aunque el nivel de desconfianza había sido tal, que los Bancos Centrales decidieron pulverizar ese temor infundado, en un solo acto. Partidas presupuestarias que se financiaban con créditos y que repetían esa modalidadEn todas las Naciones con problemas de solvencia, cuyas primas de riego soberanas superen o estén cerca de los 500 puntos básicos, habría que analizar desde cuándo sus presupuestos públicos son deficitarios, y cuál fue el rubro que más ha pesado en esa dirección, para buscar una solución definitiva. No sería de extrañar que muchas naciones que hagan ese análisis, terminen descubriendo que una carga muy pesada para sus economías, podría ser la cuenta ENERGÍA (gas, petróleo, carbón). Para aquellos estados muy dependientes de ese recurso, el precio del barril de petróleo les está jugando en contra desde que subió de 10 á 100 dólares el barril en el año 1971 y se estabilizó en esa suma en los últimos 40 años. Si uno de los rubros que oficiara de contrapeso asfixiante de las economías fuertes fuese el petróleo, habría que concluir que los precios fijados por la OPEP para su comercialización degradan y corroen al resto de las actividades dependientes, al grado tal de hacerlas vulnerables e insostenibles. ¿Qué podría hacerse? Quizás entablar algún tipo de negociación global para alcanzar una valoración más justa de la energía; si ello no fuera posible activar todas las energías alternativas que hoy se encuentran en etapa de desarrollo para bajar drásticamente la cuenta energética. Este camino es largo aún, basta ver las resistencias que ha habido para consensuar y firmar el Tratado de Kyoto. Las industrias derivadas del petróleo requerirán muchos años –por no decir décadas- para una transformación y sustitución total del petróleo como fuente energética. Cuando vemos que Qatar tiene un PIB per capita de 179.000 dólares anuales, podemos concluir que una bajada del precio del petróleo, no desestabilizaría a las Naciones productoras; sería cuestión de alcanzar acuerdos y promover rápidamente acciones conjuntas para activar la economía en general, de la cual se beneficiaría el mismo Qatar si llevamos el estudio al ciclo completo. Si además del petróleo, llegáramos a la conclusión que muchas economías desarrolladas abusaron de los subsidios en favor de actividades promovidas o auxiliadas por el Estado, como por ejemplo el PAC (Pacto Agrícola Común) de la UE, puede concluirse de que pueden implementarse reducciones drásticas de partidas y eliminación de otras, para bajar la cuenta del déficit, siempre y cuando el análisis se haga con la sana intención de corregir el rumbo equivocado. Así que desmenuzado el problema en sus componentes, por simples que parezcan, que originan la situación, podría revertirse la tendencia negativa de estos desvíos en un lapso razonable. Si en cambio vemos a los legisladores de cada país con problemas de solvencia, votar correcciones presupuestarias a modo de cosmetología, sin ahondar en las causas que erosionan sus finanzas, el preludio del fin y el estallido violento, serán inexorables. ¿Estamos ante un nuevo capitalismo, o somos testigos de desviaciones que desvirtúan sus axiomas básicos? ¿Puede ser que un capitalista pague para que le atesoren su dinero, por no encontrar ninguna actividad en la cual se sienta cómodo invertir? Sí, está sucediendo actualmente y esto es bastante pernicioso para la macroeconomía en general. Caso de deuda alemana que cae por primera vez por debajo de cero recientemente, esto es dar retornos negativos. ¿Y el sistema capitalista dónde está? Estaríamos asistiendo a una encrucijada, que por la vía de los hechos, mostraría signos evidentes que muchos analistas están preanunciando sobre una inminente depresión económica, porque si nadie encuentra un nicho en donde hacer que su dinero obtenga rentabilidad, y por ello acepta retornos negativos, es evidente que la conclusión más certera, sería que el sistema está colapsado. Hay que trabajar sobre este tema, ya que Alemania, EEUU y Japón tienen enormes deudas, déficit estructural muy importante, etc., sin embargo hoy se han transformado en refugio seguro de la liquidez planetaria, cuando no debiera ser así y por ello, no estemos tan confiados de que esta situación vaya a seguir de este modo “sine die”; el G-20 tendrá que solucionar esta cuestión, ya que remunerar el capital a tasa negativa, indicaría que existen economías florecientes, capaces de financiarse indefinidamente, cuando en los hechos están con problemas muy serios, lo que nos lleva a concluir, que los capitales se refugian en el casillero con menos probabilidades de sucumbir en el corto plazo, no porque fueran inmaculados. ¿Alivio por no haber entrado en el euro? Cuando se piensa en TURQUÍA y sus denodados esfuerzos por ingresar a la Unión Europea, apalancados por su socio estratégico extra Europa, Estados Unidos, quien veía con buenos ojos esa iniciativa, cabe preguntarse si los líderes turcos no sienten algo de alivio en no haber ingresado en el club. ¿Se ha salvado Turquía al no ingresar en la UE, y más aún por no tener al euro como moneda? Gordon Fairclough, quien en el Wall Street Journal hizo un razonamiento similar pero referido a Polonia, destacando las virtudes de estar dentro del bloque económico, pero con moneda propia, se refiere a que aquellos que pugnaban por ingresar a la UE miran para el costado, haciéndose los distraídos y si esta situación no se revierte pronto, la Europa de dos velocidades será un hecho, porque solo puede albergar a economías fuertes, que tienen espaldas para soportar crisis soberanas, pero los países menos favorecidos, podrían correr serios riesgos si tuvieran que participar de rescates, encarar presupuestos austeros que podrían llevarlos a la recesión, etc. “El caso de Polonia es ilustrativo de lo que ocurre a lo largo de Europa Central y del Este. Los gobiernos, desde Hungría a Bulgaria, que antes clamaban por ingresar a la zona euro ahora están archivando esos planes y volviendo a examinar los costes y beneficios de una proposición que antes parecía inevitable. La expansión del euro era considerada parte del destino manifiesto de Europa, una potente señal de éxito económico y político para los países que antes estaban detrás del Telón de Acero”. “El cambio de opinión constituye un mal augurio para la integración económica europea, un proceso que se ha extendido durante décadas. La moneda común es el eje y el principal símbolo de esa integración. Los defensores del euro temen que si se desvanece el entusiasmo por la moneda, otros esfuerzos para unificar a las naciones del continente también podrían estar en problemas”. No le falta razón, ya que una moneda vale por la voluntad de sus tenedores de conservarla, atesorarla, etc.; si hay muchos países que pudiendo entrar en la eurozona, desisten de ello por desconfianza de la moneda común, ello actuará como disparador de una repulsa hacia dicha divisa, que pronto traerá consecuencias negativas en su cotización de intercambio.




