La indignación de Doña Catalina de Los Ríos y Lisperguer

La indignación de Doña Catalina de Los Ríos y Lisperguer

 

. El absolutismo  sostenía que el poder venía de Dios y que el representante en la tierra, el Papa, era quien debía bendecir al monarca para darle esa legitimidad divina.

En torno al monarca circulaban el clero, la nobleza, estamentos improductivos y parásitos del poder real. Estaban también los prestamistas, los judíos , que desde el banco de la plaza de los burgos emergentes, financiaban al reino para pagar y sostener sus ejércitos profesionales,  esos que le permitieron unificar el reino y pasar del feudalismo a una concepción de Estado Nación, con una moneda acuñada de modo exclusivo por la corona, con el control centralizado de los tributos y con soldados que dejando de ser los caballeros feudales, eran dentro del Estado la fuerza armada, verticalista y disciplinada que obedecía al soberano. La inquisición fue la expresión de esa colusión de intereses entre el poder político y el clerical. En la organización territorial de la colonia española, virreyes, capitanes generales y obispos estaban a la par compartiendo el poder sobre los pueblos originarios, organizando la economía y el comercio de manera tal que siempre sus beneficios se mantuvieran concentrados en la misma aristocracia. Muchas decisiones de España imperial fueron incubadas en el seno del Santo Oficio, como la expulsión de los jesuitas, cuestionadores del principio absolutista de la soberanía, o las persecuciones emprendidas en contra de judíos, moros y gitanos.

El Santo Oficio durante la colonia, en la Capitanía General de Chile, tuvo que lidiar con una mujer libertaria que no aceptó que la enviaran a un convento para que la administración de su enprme riqueza pasara al control de la Iglesia Católica y siendo una adversaria poderosa, la curia de la inquisición no encontró nada mejor que la calumnia sistematizada para hacer de la rebelde pelirroja, Catalina de los Ríos y Lisperguer,  la sinonimia de la crueldad y el pecado, llamándola en sus escritos e historias oficiales como La Quintrala.  Se la acusó de torturar esclavos, como si el hecho de tenerlos no fuera algo normal y propio dentro de las encomiendas cínicas de la evangelización española. Se la acusó de bruja, de malévola y lo que calló la historia fue el hecho de fondo: a la Iglesia le resultaba inconveniente que una mujer se constituyera en heredera de una fortuna, pues eso impedía que sus bienes pasaran a manos de la diócesis, a manos de ese ente omnipresente y temible que era la Iglesia con sus verdugos y delatores. Ser blasfema o ser bruja, significaba pasar a los ritos tenebrosos de la Inquisición, donde la prueba era si sobrevivías a la quema en la hoguera y las torturas. En los museos actuales se puede observar las máquinas de tortura, procedimientos que en nada desmerecen los tratamientos que se ha aplicado en la Gestapo. en la Escuela de las Américas, o en Guantánamo.

La historia oficial se construyó sobre la calumnia y la injuria; logró forjar una leyenda negra hacer de su memoria, en términos actuales, un asesinato de imagen,  un montaje mediático sin parangón que se difundió desde los púlpitos, medios monopólicos de las comunicaciones, como un dogma de la época. Hasta el día de hoy, los guionistas de teleseries insisten en reproducir la leyenda, descontextualizándola de su marco histórico político. Ellos explotan simplemente lo explícito, sin profundizar, mostrando cuentos pasionales que terminan caricaturizando la historia, insistiendo en el fondo, en la mentira oficial.

La Iglesia Católica demoró 500 años en pedir perdón por las perversas acciones de la Inquisición y sus miles de víctimas. Demoró más de 50 años en reconocer la actitud cobarde que mantuvo frente al Holocausto, con tal de conseguir que le mantuvieran el Vaticano en medio del fascismo y nazismo. Ha callado y encubierto los abusos a los niños. ¿Puede tener credibilidad su leyenda negra sobre la Quintrala?

Y en justicia, desde la poesía que se hace arma en contra de la mentira, he reclamado por este asesinato de imagen en contra de una mujer adelantada para sus tiempos, que en otro contexto habría luchado por la independencia como heroína criolla, o habría hecho causa común con las mujeres que reclamaban su derecho a voto. Doña Catalina de Los Ríos y Lisperguer, la mal llamada Quintrala, la innombrable, recibe desde esta dimensión  atemporal, mis respetos por su valentía y esa convicción con que luchó contra un sistema cruel, despiadado, basado en la codicia. Catalina de Los Ríos y Lisperguer  partió indignada pero llena de dignidad. A la distancia de los siglos, justicia a su memoria.

Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, 17 de diciembre de 2011. http://comarcadelospoetas.blogspot.com/search?q=odisea+libertaria

Odisea libertaria

Odisea libertaria A Catalina de Los Ríos y Lisperguer

Urgentemente cruzo la plaza de San Pedro para presentar mi expediente azul reclamando por el oprobio que manchó tu historia, Doña Catalina de Los Ríos y Lisperguer

Para hacer sentir al Sumo Pontífice la crueldad perversa de sus inquisidores la calumnia ululante que cruzaba la Colonia amedrentando, pervirtiendo, codiciando, esclavizando indios, usando sus mujeres

Quiero decirle al Papa que fuiste su víctima, perseguida pelirroja de orgullo empedernido, y necesitas de él un mea culpa Porque quisieron apropiarse de tus bienes Descalificar tu impronta de mujer valiente Sepultarte en un claustro, como a tantas

Pero tu látigo sacudió sus dientes de oro Defendiendo lo tuyo, tu dignidad y tu albedrío Evitando que la codicia forrada en hábitos e inciensos se quedara con tus tierras No podía permitirlo tu prestancia rebelde

Te acusaron de maldita Que al propio Cristo de mayo habrías expulsado Murmuraron por el barroso campo de Santiago Sus dientes enrojecidos de odio te mordieron el alma Acusada de malvada, devoradora de esclavos Apenas humana, la Quintrala

Pero detrás de eso la ambición desbocada La fiera camuflada vestía sus hábitos de muerte Rastrera se escondía en los portalones Estirando los cuerpos sin misericordia Estampando la verdad en su cruenta historia

Impía te llamaron Basura de tu honra hicieron Hasta dejar establecidas en leyendas las mil misas redentoras que habrías ordenado para salvar tu alma

Indómita Catalina de los Ríos y Lisperguer, el puente de la ira se rompió a tus espaldas Has sido víctima desolada de la mentira oficial

Por eso cruzo la plaza de San Pedro Los orines del cenáculo se arremolinan recordando las voces del Santo Oficio, las torturas disfrazadas de piadosa espiga

Llego al Papa somnoliento El mismo que espera quinientos años para un perdón apenas susurrado en el ángelus

Y le grito desde la plaza hasta el balcón de las palomas Que sus mentiras ya no te alcanzan Que la vida te rodea y que la luz de la justicia abraza tu cabellera pelirroja

Y le exijo que te dejen volver a ser niña, Catalina, Libre, independiente, rebelde, conjura de mapuche y huinca Levantada como una espada para atravesar al verdugo

Y queda en el cielo tu nombre, tu honra recuperas Y la vida se cuela por tu historia hidalga Sin que nadie ose tocar tus bienes Sin que ningún obispo profite de tus tierras Sin que ningún zángano inquisidor beba el vino libre de tus campos

Eres heroica Catalina de los Ríos, la vida hoy te aplaude a la distancia y queda embelesada por tu coraje

Con tu verdad en ristre, luchando contra el sistema, revolucionando la colonia, sembrando semillas de libertad en la noche corrupta que vestida de muerte quiso pisotear tu dignidad inclaudicable.

Valiente y decidida mujer de laica estirpe, tu historia corrijan los escribas

Que fluya la verdad como un puño que sacude la bazofia de esos sarcófagos blanqueados que por cinco siglos mortificaron tu memoria.

Valparaíso, Comarca de los 

 

 

 

                                                                                     

UNETE



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