Infierno, Anticristo, realidad, mentiras y vídeo. By Milei y Caputo.

En Argentina ya no debería tener ninguna demanda una plataforma de ficción como Netflix, cuando la realidad política, económica y social es tan dramática, increíble y por momentos delirante.

 

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Los hechos superan por mucho la imaginación de cualquier guionista.

 

Los argentinos, con solo mirar los canales de noticias, streaming y un poco las redes —de ambos lados de la grieta—, ya tendrían ficción suficiente. El problema es que esa "ficción oficial", que no se ajusta en nada a la realidad, decide cada día nuestras vidas y las hace cada vez más insoportables y miserables.

 

Es muy difícil no adjetivar para describir esta película de tragedia y terror en la que Toto Caputo y Javier Milei metieron a todos los argentinos.

 

Evitando adjetivos —porque serían muchos los que aplicarían: infantiles, enfermizas, irresponsables, inconscientes, desaprensivas, temerarias, incoherentes y más—, las palabras de Milei en su visita a EE.UU. y al volver muestran, como mínimo, una fuerte desconexión con la realidad en la que viven los argentinos y una todavía mayor irresponsabilidad y falta de empatía, considerando lo frágil de su modelo económico y lo que podría significar cualquier empeoramiento.

 

Bastante peor, por el cargo que supone una actitud técnica, fueron las palabras, contradicciones y hasta negaciones de Toto Caputo. A veces da la sensación de que el ministro de Economía busca ser despedido con lo que dice y hace.

 

Caputo, por momentos, se muestra seguro, como quien sobra la situación, algo pedante y hasta soberbio. Y a continuación, sin que nada haya cambiado —ni para bien ni demasiado mal—, se lo ve agresivo, enojado, anticipando tragedias y desentendiéndose de la situación.

 

Que se haya recortado el gasto en Discapacidad y Universidades —tal como lo describió Bullrich llamándolo «ajuste»— fue eso: un recorte puro. Y por el daño causado a derechos esenciales y a la propia imagen del gobierno, en cualquier administración seria esto solo motivo de su despido.

 

Pasó de incentivar a la gente a sacar los dólares "de abajo del colchón", incluso pidiendo a estudiantes que "convenzan a sus padres", y de decir que "es el momento de invertir y que vamos a vivir los mejores 18 meses de la historia" (declaraciones diversas, mayo-junio 2026), a exagerar por encima de Milei —lo cual no es fácil— al afirmar que se contaría con "100 mil millones de dólares de blindaje para enfrentar el año electoral".

 

Las consultoras y la mayoría de los economistas que siguen las variables macroeconómicas aseguran que, aun con récord de ingreso de dólares por exportaciones y altos precios de las commodities, y récord de balanza comercial —gracias al desplome de importaciones por caída de la industria, las pymes y la demanda por bajo poder adquisitivo—, el programa financiero presenta "un bache de 23.300 millones de dólares" para cubrir pagos hasta 2027, según la economista Marina Dal Poggetto (EcoGo / IAE Business School, octubre 2026).

 

Hasta aquí, la palabra del principal responsable de la economía es, como mínimo, poco creíble para los mercados —que es lo que más les preocupa— y para más de la mitad de la sociedad, según análisis de encuestas nacionales (Isonomía, CB, septiembre 2026). Lo increíble es que, para un núcleo duro que aún apoya al gobierno, hasta la incoherencia tiene explicación: se reduce a "el gobierno anterior… los Kukas son peores" y frases similares. O sea, más que apoyar al gobierno, al modelo o a la derecha, parece reducirse a puro antiperonismo.

 

A continuación viene lo más grave: la desconexión, las falsedades, la manipulación de datos, las agresiones, los insultos y las descalificaciones de Milei.

 

Muchas veces leímos que, por la cantidad de terminaciones nerviosas y sus conexiones con el sistema nervioso central, el aparato digestivo funciona como "el segundo cerebro". No sé si es así, pero por como habla el presidente, su obsesión por metáforas y descalificaciones relacionadas con el sistema digestivo —desde siempre— sugiere que para él es el primer cerebro.

 

No tiene sentido repetir sus frases escatológicas; todos las recordarán, y ese es el problema.

 

En sus últimas apariciones, pese a enumerar con énfasis su "bazooka de dólares" para enfrentar el año electoral, los mercados, empresarios, acreedores e inversores esperaban una hoja de ruta: una explicación clara de dónde están "los dólares que nos salen por las orejas", cómo se van a pagar los compromisos, cómo se sostendrá la dolarización mensual récord a un año de las elecciones, y cómo se reactivará el resto de la economía que, aunque no exporta, da sustento al 80 % de la población. Hasta el FMI, en su declaración pública del 30 de septiembre de 2026, le pidió al gobierno que el crecimiento "se distribuya de manera más equitativa, llegue a la gente y sea inclusivo".

 

Nada de eso llegó. Milei repitió los 75.000 millones de dólares disponibles, enumeró el swap con China, el con EE.UU., la balanza comercial de este y el próximo año y el mercado de dólar futuro. Pero lo cierto es que para usar los yuanes del swap con China se necesita autorización previa de las autoridades chinas (Infobae, 6 de agosto de 2026); el swap anunciado con EE.UU. por 20.000 millones no figura en la contabilidad oficial del BCRA y se basó fundamentalmente en declaraciones de Scott Bessent en redes y medios; el dólar futuro solo funciona como respaldo si hay dólares billete disponibles; y la balanza comercial de este año ha dejado muy poco margen de compra neta al Banco Central sin acelerar la emisión y la inflación.

 

A la falta de credibilidad de Caputo —que muestra su veta de trader cuando va de un extremo al otro: de "se vienen los mejores 18 meses… tenemos 100 mil millones de dólares y no hay ninguna posibilidad de que gane Kicillof" a "el riesgo país sube por efecto Kuka… por la gira de Kicillof por Nueva York… saquen los dólares del colchón, traigan de afuera e inviertan"— se suma algo más: opera con el miedo y la codicia, emociones clásicas del trading, aplicadas de manera poco profesional sobre la economía de un país.

 

Para terminar, el ministro pulverizó cualquier resto de credibilidad atribuyendo la volatilidad del EMAE —que cayó 2,9 % en julio, la mayor caída mensual desde la pandemia (INDEC, septiembre 2026)— a "distorsiones por cambio de modelo… el Mundial, la lluvia, la nieve, los paros y hasta la visita del Papa". Todo sería, según él, solo "ruido económico".

 

En tanto, Milei —del que se esperaba certeza para el cierre de 2026 y el 2027— habló en cambio de 2028: "si nos votan y somos reelectos, 2028 va a ser el mejor año de los 250 de historia" (discurso en París, 30 de septiembre de 2026).

 

Ninguno de los dos fue creíble. Ninguno dio un horizonte, mostró un camino ni explicó cómo se llegará siquiera al año que viene.

 

Quienes aún tienen capacidad de ahorro e inversión y los grandes grupos económicos seguirán dolarizándose, previsiblemente.

 

Algo que parece haber generado inquietud incluso en figuras del establishment empresarial. Cristiano Rattazzi expresó, en declaraciones públicas recientes, su "temor a que se repita un escenario similar al de 2001", atribuyendo la responsabilidad histórica al peronismo y sugiriendo riesgo de crisis ante un cambio de gobierno.

 

Para quienes no lo vivieron: el 2001 comenzó con la restricción de retiros de depósitos —corralito y corralón— provocada por el retraso cambiario sostenido durante el menemismo y la Convertibilidad, que De la Rúa no corrigió, con fuga masiva de capitales y colapso inevitable. En 2002 asumió el peronismo, devaluó, reactivó la economía y pesificó activos y pasivos de forma asimétrica. La crisis de 2001-2002 fue herencia directa del modelo de los años 90, muy similar al actual, pero con una clase media mucho más robusta.

 

Mientras que en 2001 se acorralaron los ahorros de la gente depositados en bancos, en 2026 la gran mayoría no tiene ahorros en el sistema financiero: por el contrario, en el mejor de los casos les deben a los bancos; en los más graves, a plataformas, financieras o prestamistas informales, con tasas que van del 60 % al 200 % anual.

 

La realidad es distinta. La clase media no está "deteriorada": directamente está cayendo rápido bajo la línea de pobreza. Según el INDEC, en el primer semestre de 2026 la pobreza alcanzó al 32,3 % de la población, con un aumento de 4,1 puntos respecto del segundo semestre de 2025 —la mayor parte de los nuevos pobres pertenecen a sectores que antes integraban la clase media (INDEC, 26 de septiembre de 2026).

 

La única explicación que ofrece el gobierno es que todo es culpa del peronismo, los Kukas o cualquier otro que no sean ellos. El Peronismo y los Kukas son culpables de la herencia y a la vez pretenden culparlos del futuro. Aunque Los Liberales y este modelo de derecha, llevan gobernando estos tres años.

 

Caputo no logra resolver hoy el desastre, que dejó él mismo en el gobierno de Macri —un déficit y una deuda que se dispararon entre 2015 y 2019— y que Guzmán y Massa, en el gobierno de Alberto Fernández, en circunstancias excepcionales —pandemia, sequía, presión constante del FMI— tampoco pudieron resolver completamente.

 

Lo que hace Caputo merecerá análisis de economistas e historiadores durante décadas.

UNETE



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