El Mundo es el Tablero, Pero ¿Quien esta Moviendo las Piezas?

“Trump, la política de la fuerza y un orden internacional que parece estar aprendiendo a vivir con lo extraordinario”

 

.

No siempre sucede con una guerra mundial. A veces no hay tanques cruzando una frontera ni banderas cayendo desde un edificio.

A veces comienza de una manera mucho más silenciosa: cuando las amenazas dejan de sorprendernos, cuando la intimidación empieza a ser presentada como negociación, cuando la fuerza comienza a confundirse con el derecho y cuando las demás naciones, por conveniencia, temor o cálculo estratégico, empiezan a aceptar como normal aquello que ayer habría parecido extraordinario.

Y entonces aparece una pregunta que no debería dejarnos tranquilos:

¿En qué momento el mundo comenzó a parecerse a un tablero de ajedrez en el que uno de los jugadores pretende decidir el movimiento de las demás piezas?

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha convertido durante su segundo mandato la política exterior estadounidense en una combinación particularmente visible de presión económica, poder militar, amenazas, negociación directa y defensa explícita de la primacía estadounidense.

Pero hay algo todavía más importante que la personalidad del presidente. Es la doctrina que parece estar tomando forma alrededor de su gobierno.

La expresión America First no nació con Donald Trump. Estados Unidos siempre ha defendido sus intereses nacionales. Lo que resulta relevante ahora es la manera en que la actual administración está redefiniendo el espacio geopolítico en el que considera legítimo ejercer una influencia predominante.

La Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense de 2025 dedica un apartado específico al hemisferio occidental y habla expresamente de una “Trump Corollary to the Monroe Doctrine”, mediante la cual Washington afirma que volverá a hacer valer la primacía estadounidense en las Américas y buscará impedir que competidores externos controlen activos o posiciones consideradas estratégicas. La Casa Blanca también ha presentado esa política como una recuperación de la Doctrina Monroe.

La pregunta, entonces, no es simplemente si Estados Unidos tiene derecho a defender sus intereses. Por supuesto que lo tiene.

La pregunta es otra: ¿Dónde termina la defensa legítima de los intereses nacionales y dónde comienza una política de predominio sobre los intereses de los demás países?

Porque América Latina conoce demasiado bien la historia de las intervenciones, presiones y tutelas provenientes del norte.

El Escudo de las AméricasEn este contexto aparece una de las iniciativas más importantes de la actual administración estadounidense: el denominado Escudo de las Américas.

La iniciativa comenzó como una plataforma regional contra los carteles y evolucionó hacia una arquitectura con tres pilares declarados: seguridad, economía y coordinación multilateral. Colombia se incorporó en agosto de 2026 y la Casa Blanca presentó el mecanismo en septiembre como una gran alianza hemisférica.

Sobre el papel, la lucha contra el narcotráfico, el crimen transnacional y las organizaciones armadas es una causa difícil de cuestionar.

Pero hay una pregunta que merece hacerse: ¿Puede derrotarse la criminalidad solamente con más fuerza?

Una estrategia centrada principalmente en la seguridad militar y policial puede dejar en segundo plano las condiciones sociales, económicas y climáticas que permiten que los grupos criminales encuentren territorios donde crecer.

Podemos aumentar soldados. Podemos aumentar policías. Podemos aumentar armas. Podemos aumentar operaciones.

Pero si no aumentamos simultáneamente educación, empleo, salud, infraestructura, oportunidades y presencia institucional, la raíz del problema continúa intacta.

Un joven sin oportunidades no se convierte necesariamente en criminal. Pero una sociedad sin oportunidades ofrece un terreno mucho más fértil para quienes reclutan, compran voluntades y sustituyen al Estado.

Por eso debemos preguntarnos: ¿Estamos construyendo sociedades más seguras o simplemente sociedades más militarizadas?

Cuando un presidente dice que ayudó a elegir presidentesEl 2 de septiembre de 2026, Trump afirmó públicamente que había respaldado al presidente de Colombia, describiéndolo como alguien que no era favorito entre los diez candidatos y cuya elección, según Trump, estuvo relacionada con su apoyo. En la misma intervención afirmó que había ayudado a elegir a numerosas personas en Argentina y otros lugares de la región.

Una declaración así merece mucho más que una discusión partidista.

Porque independientemente de cuánto haya influido realmente un respaldo extranjero en una elección, existe una cuestión democrática fundamental: ¿Hasta dónde puede llegar la influencia política de una potencia extranjera sobre las democracias latinoamericanas sin convertirse en injerencia?

No se trata de negar la libertad de un presidente estadounidense para apoyar públicamente a un candidato extranjero. Se trata de preguntarnos qué significa para la soberanía democrática que el mandatario de la mayor potencia militar del planeta pueda hablar públicamente de otros presidentes como dirigentes cuya elección ayudó a conseguir.

La democracia no solamente consiste en depositar un voto. También consiste en que los ciudadanos tengan la sensación de que el resultado pertenece a ellos.

Gaza: cuando los principios tienen aliadosLa Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas concluyó en 2025 que las autoridades y fuerzas israelíes habían cometido genocidio contra los palestinos en Gaza y en 2026 reiteró sus conclusiones sobre nuevas violaciones. Israel rechaza esa caracterización y sostiene que sus operaciones responden a la defensa frente a Hamas.

Mientras tanto, Estados Unidos continúa siendo un aliado militar fundamental de Israel. En septiembre de 2026, la administración Trump estaba preparando una venta de armamento a Israel por aproximadamente 2.800 millones de dólares, incluyendo decenas de miles de bombas de gran potencia.

Aquí no basta con preguntarse quién tiene razón en el conflicto. Hay que formular una pregunta más universal: ¿Los derechos humanos son realmente universales cuando el Estado acusado de violarlos es aliado de una superpotencia?

Porque si los principios internacionales dependen de quién sea nuestro aliado, entonces dejan de ser principios. Se convierten en instrumentos.

Irán, Ormuz y el precio de la geopolíticaLa guerra con Irán ha convertido al estrecho de Ormuz en uno de los puntos estratégicos más sensibles del planeta. El tráfico marítimo por esa vía, esencial para el comercio energético mundial, ha caído drásticamente durante el conflicto.

Irán ha expresado disposición a reabrir el estrecho si Estados Unidos reduce la presión militar y levanta su bloqueo. Francia, por su parte, ha explorado una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para proteger la libertad de navegación.

Y aquí aparece una palabra que nunca desaparece de las grandes disputas internacionales: petróleo.

No sería serio afirmar que el petróleo explica por sí solo la guerra. Pero tampoco sería serio ignorar su importancia.

Cuando una de las rutas marítimas fundamentales para el transporte energético mundial se convierte en escenario militar, las consecuencias dejan de pertenecer exclusivamente a Estados Unidos e Irán.

Por eso cabe preguntar: ¿Cuánto hay de seguridad nacional en estas guerras y cuánto hay de geopolítica energética?

Venezuela: seguridad, democracia y petróleoEn Venezuela, la intervención estadounidense y la posterior reorganización de las relaciones con las autoridades interinas abrieron una nueva etapa.

Washington sostiene que su política responde a intereses de seguridad, lucha contra el narcotráfico, defensa hemisférica y transición política.

Pero después apareció algo imposible de ignorar: el petróleo.

En agosto de 2026, la Casa Blanca anunció un acuerdo mediante el cual Estados Unidos obtendría derechos de control y participación sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas venezolanas, junto con concesiones petroleras de largo plazo. Washington presenta el acuerdo como una herramienta para reconstruir Venezuela y asegurar energía.

Y entonces la pregunta vuelve a aparecer: ¿Dónde termina la seguridad y dónde comienza el interés por los recursos?

Cuando una potencia interviene en otro país y después obtiene una posición privilegiada sobre sus recursos energéticos, el mundo tiene derecho a formular preguntas.

La frontera: cuando el migrante deja de ser persona y se convierte en amenazaEstados Unidos tiene derecho a controlar sus fronteras. Eso no está en discusión. Lo que sí está en discusión es cómo se ejerce ese control.

Amnistía Internacional publicó el 24 de septiembre de 2026 un informe en el que acusa a la administración Trump de implementar un sistema de detención y deportación masiva acompañado, según la organización, de prácticas discriminatorias, restricciones al debido proceso, uso ilegal de la fuerza y condiciones de detención que podrían constituir tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Estos señalamientos deben atribuirse a la organización y no confundirse con hechos judicialmente establecidos.

Pero hay hechos concretos que merecen atención. Associated Press informó que, desde el 15 de septiembre, ICE dejó de mostrar públicamente en su sistema de localización a miles de personas detenidas con órdenes finales de deportación, dificultando para abogados y familiares conocer su paradero.

Podemos discutir inmigración. Podemos discutir fronteras. Podemos discutir deportaciones.

Pero ninguna de esas discusiones debería hacernos olvidar que detrás de cada expediente hay una persona.

El planeta también es una pieza del tableroHay otra dimensión de esta política que suele quedar escondida detrás de las guerras: los recursos.

Petróleo. Gas. Litio. Cobalto. Tungsteno. Tierras raras. Minerales críticos.

La administración Trump ha adoptado medidas para asegurar el suministro estadounidense de minerales considerados estratégicos para la defensa y la industria. Al mismo tiempo, la política energética federal ha favorecido una mayor explotación de petróleo y gas y ha reducido o intentado reducir determinadas políticas de apoyo climático y a las energías limpias.

La Casa Blanca presenta estas medidas como parte de una estrategia de seguridad energética y económica. Pero el cambio climático no reconoce fronteras.

El huracán no pregunta quién votó por Trump. La sequía no pregunta quién gobierna. El nivel del mar no distingue entre partidos.

El planeta tampoco entiende de America First.

Y mientras la política federal cambia de dirección, empresas y gobiernos estatales continúan desarrollando energías renovables. Esa contradicción demuestra algo importante: Estados Unidos no es una sola voz, sino una sociedad enorme y compleja.

La pregunta es inevitable: ¿Será América Latina nuevamente una región de pueblos soberanos o volverá a convertirse en una enorme despensa estratégica para las potencias?

La paradoja de una superpotenciaEstados Unidos es una de las mayores potencias militares, tecnológicas y económicas del planeta. Pero su propio sistema sanitario continúa dejando enormes interrogantes.

KFF reportó que 26,7 millones de personas menores de 65 años no tenían seguro médico en 2024, equivalente al 9,8% de ese grupo. La misma organización señala que los costos de la atención y las dificultades de cobertura siguen siendo barreras importantes.

No se trata de desconocer la extraordinaria capacidad científica y médica estadounidense. Se trata de preguntarnos qué significa el concepto de seguridad nacional.

Porque la seguridad también es poder ir a un hospital. También es poder comprar un medicamento. También es saber que una enfermedad grave no significa necesariamente la ruina económica de una familia.

Entonces aparece una paradoja difícil de ignorar: ¿Puede una nación aspirar a garantizar la seguridad del hemisferio mientras millones de sus propios ciudadanos enfrentan dificultades para garantizar su seguridad sanitaria?

¿Y dónde están las demás potencias?Trump no juega solo.

Frente a Estados Unidos existen Europa, China, Rusia, India, Brasil, Canadá, México, las instituciones multilaterales y decenas de países que tienen capacidad diplomática, económica y política.

No todos están callados. No todos están de acuerdo.

Pero tampoco existe una respuesta internacional unificada frente a cada una de estas políticas.

Francia y Canadá, por ejemplo, han reforzado recientemente su cooperación en un contexto de tensiones con Washington, mientras Francia ha explorado una iniciativa ante Naciones Unidas sobre la navegación en Ormuz.

Por eso el argumento no debe ser que el mundo entero guarda silencio. El problema es más complejo: la respuesta internacional es fragmentada y está condicionada por los costos económicos, militares y estratégicos de enfrentarse a la principal potencia mundial.

Cada silencio no significa necesariamente acuerdo. A veces significa que el costo de enfrentarse al poderoso parece demasiado alto.

Y ahí es donde la historia debería preocuparnos.

El tableroNo sabemos todavía cómo terminará este capítulo de la historia.

No sabemos qué quedará de la Doctrina Monroe. No sabemos si el Escudo de las Américas se convertirá en una verdadera estructura regional de cooperación o en una extensión de la política de seguridad estadounidense. No sabemos cómo terminará la guerra con Irán. No sabemos qué consecuencias tendrá para Venezuela la nueva relación con Washington.

Pero sí sabemos algo.

El mundo está entrando en una época en la que territorios, elecciones, petróleo, minerales, rutas marítimas, migración, tecnología, alimentos y energía se están convirtiendo en piezas de una gigantesca disputa geopolítica.

Y eso debería preocuparnos mucho más que la personalidad de un solo presidente.

Porque Trump puede marcharse algún día de la Casa Blanca.

Pero las reglas que se normalicen durante su gobierno pueden permanecer mucho más tiempo.

Por eso la pregunta no debería ser únicamente: ¿Qué quiere Donald Trump?

La pregunta verdaderamente importante es: ¿Qué tipo de mundo estamos permitiendo construir alrededor de lo que Donald Trump quiere?

Porque detrás de cada frontera hay personas.

Detrás de cada sanción hay familias.

Detrás de cada guerra hay muertos.

Detrás de cada operación militar hay civiles.

Detrás de cada mina hay una montaña.

Detrás de cada barril de petróleo hay una disputa por territorio y poder.

Y detrás de cada decisión tomada en Washington, Beijing, Moscú, Jerusalén, Teherán, Caracas o cualquier otra capital hay millones de seres humanos que jamás fueron invitados a jugar esta partida.

El mundo puede tener muchas potencias. Puede tener muchos intereses. Puede tener muchas ideologías.

Pero no debería tener un solo jugador con derecho a decidir dónde termina el tablero.

Porque las naciones no son piezas de ajedrez.

Son pueblos.

Y los pueblos no deberían limitarse a esperar cuál será el próximo movimiento.

Fuentes de verificación y consultaCasa Blanca, mensaje sobre la Doctrina Monroe y “Trump Corollary”, 2 dic. 2025

https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2025/12/america-250-presidential-message-on-the-anniversary-of-the-monroe-doctrine/

Casa Blanca, Estrategia de Seguridad Nacional 2025

https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf

Casa Blanca, Escudo de las Américas, 22 sept. 2026

https://www.whitehouse.gov/videos/president-trump-participates-in-a-shield-of-the-americas-event/

Roll Call, declaraciones de Trump sobre Colombia y otros presidentes, 2 sept. 2026

https://rollcall.com/factbase/trump/transcript/donald-trump-remarks-american-travel-executives-september-2-2026

ONU, Comisión de Investigación sobre Gaza, 2025-2026

https://www.un.org/unispal/document/commission-of-inquiry-report-genocide-in-gaza-a-hrc-60-crp-3/

Reuters, propuesta de venta de municiones a Israel, 15 sept. 2026

https://www.reuters.com/world/us/trump-administration-plans-28-billion-munitions-sale-israel-sources-say-2026-09-15/

Reuters, tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, 21-22 sept. 2026

https://www.reuters.com/world/middle-east/vessels-trickle-through-strait-hormuz-mideast-tension-persists-2026-09-21/

Casa Blanca, acuerdo petrolero sobre Venezuela, 31 ago. 2026

https://www.whitehouse.gov/fact-sheets/2026/08/fact-sheet-president-donald-j-trump-announces-historic-oil-agreement-to-secure-american-energy-dominance-and-drive-venezuelas-economic-recovery/

Amnistía Internacional, informe sobre operaciones migratorias, 24 sept. 2026

https://www.amnestyusa.org/reports/we-had-whistles-they-had-guns-human-rights-violations-in-u-s-immigration-enforcement-operations-and-the-case-to-abolish-ice/

Associated Press, cambios en el localizador de detenidos de ICE, 23 sept. 2026

https://apnews.com/article/c3329a70bce424879bc5880b286c019c

KFF, población sin seguro médico, 16 jun. 2026

https://www.kff.org/uninsured/key-facts-about-the-uninsured-population/

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales