Endeudados y los mil días de Milei

"Inundados, Trench Town / Favela da Maré / La esperanza no está en el mar / Ni en las antenas de TV / El arte de vivir con fe / Y sin saber con fe en qué / El arte de vivir con fe / Y sin saber con fe en qué..."Paralamas Do Suceso

 

..."Paralamas Do Suceso
 

Podríamos cambiar "Inundados" por "Endeudados" y el resto del concepto seguiría aplicando perfecto. Aunque cada vez menos tengan fe —en el gobierno, quizá sí en Dios—, llegamos a esta situación porque la tuvieron.

 

No sé si exactamente fe, pero sí miedo, bronca por la aceleración inflacionaria y los errores políticos del gobierno peronista anterior, y esperanza en un cambio con Milei.

 

El cambio sucedió. Pero no el que esperaban.

 

La inflación ya era altísima en el último mes de Fernández. En noviembre de 2023, tras el balotaje y con la certeza de que Milei iba por una dolarización —"el peso es excremento", decía—, la inflación mensual alcanzó el 12,8% (fuente: INDEC) . La devaluación oficial apenas asumió fue del 54,2% (de $366,5 a $800 por dólar, fuente: Reuters), y diciembre cerró con una inflación mensual del 25,5% (fuente: INDEC) . Luego la inflación fue desacelerando hasta niveles del 3-4% mensual, para oscilar entre 1,5% y 3% hasta hoy.

 

En ese arranque brutal se licuó todo en pesos: ingresos, jubilaciones, transferencias, y sobre todo el poder adquisitivo. A continuación se impidió la recuperación de salarios formales condicionando paritarias, se atrasó el ingreso de estatales, se manipuló el dólar para mantenerlo retrasado. Con esas dos anclas se derrumbó el consumo, cayó y sigue cayendo la actividad interna, industrial y comercial, aumentó el desempleo formal, la recuperación del sector informal y monotributista fue parcial, y la liberación de precios generó costos de vida imposibles para la mayoría. El combo fue letal: empobrecimiento generalizado de la clase media y sobre todo la media baja.

 

Bajo la repetida consigna de la derecha liberal: "hay que pagar los servicios lo que cuestan", cuando más de 130 países aplican algún tipo de subsidio o control de precios sobre combustibles y energía (fuente: Banco Mundial, 2025) . Se quitaron subsidios a energía y transporte de modo casi total; las tarifas superaron ampliamente la inflación acumulada, y la promesa de "bajar impuestos" no se cumplió ni en luz, gas ni combustibles —al contrario, los impuestos se multiplicaron. En cambio, para los sectores de mayores ingresos sí hubo beneficios: el Impuesto sobre Bienes Personales se redujo a un quinto de su alícuota, se bajó la carga impositiva sobre ganancias empresariales y el RIGI estableció exenciones impositivas por hasta 30 años para grandes inversiones.

 

La otra frase característica sobre los subsidios fue que "pagar regalada la luz y el gas hizo que las empresas no invirtieran". Un argumento para desinformados: las empresas siempre recibieron el monto total, porque lo que no pagaba el usuario lo completaba el Estado con recursos de todos. Los subsidios no eran regalos al consumidor, eran el pago de lo que correspondía abonar a las empresas.

 

Los servicios regulados sufrieron los recortes de subsidios; los no regulados quedaron liberados. Tanto así que el propio ministro de Economía debió reconocer, respecto a la salud privada, que "se les había ido la mano y se habían pasado de largo con los aumentos". No fue solo la salud privada: colegios, alquileres, telefonía, internet y cada servicio de consumo masivo dispararon.

 

Se pasó de que los servicios representaran apenas el 5% del ingreso promedio en 2023, a significar entre el 20% y 30% hoy —y en muchos casos más.

 

El gobierno repite como mantra que todo es "acuerdo entre privados", como si el CEO de Mercado Pago, Marcos Galperin, estuviera en igualdad de condiciones con un joven que en su plataforma paga tasas del 400% anual —y en casos extremos hasta 1.300%— por un crédito de 400.000 a 800.000 pesos para salir de una emergencia. No existe tal cosa como un "acuerdo entre privados" con semejante asimetría de poder.

 

Un nuevo mantra surgió tras el último gabinete: el propio presidente dijo, según trascendió, "no se dejen psicopatear", refiriéndose a medios críticos, redes y oposición. Ante el escepticismo de sus propios ministros, aseguró que "toda transformación lleva tiempo y la gente ya va a sentir los beneficios de insistir en el rumbo".

 

El escepticismo de su propio entorno no es casual. La caída es notoria en industria, comercio y construcción —sectores que emplean a más de 12 millones de personas. Los datos oficiales confirman:

 

- Industria: cayó 4,9% interanual en julio de 2026 (fuente: INDEC)

- Construcción: retrocedió 4,5% interanual en el mismo mes (fuente: INDEC)

- Comercio: ventas cayeron 3,4% en junio, con retroceso del 5,7% en supermercados (fuente: INDEC)

 

La Inversión Extranjera Directa no creció: al contrario, hubo egresos netos por USD 4.687 millones en el cuarto trimestre de 2025 (fuente: BCRA) —desinversión neta, algo sin precedentes en décadas. Los pronósticos de crecimiento, tanto oficiales como del FMI y privados, se recortaron mes a mes, aún con precios de commodities un 40% más altos, cosechas récord y precios de energía favorables.

 

La presión sobre el dólar también es récord: en julio de 2026 las personas físicas compraron USD 3.319 millones netos —el monto mensual más alto de la historia, superando incluso los picos de 2023 (fuente: BCRA).

 

Milei decía que "si la gente no llegara a fin de mes, habría muertos por la calle". Hoy ajustó la predicción: "si la gente no llegara al 15 del mes, haría algo para vivir, comer y demás". Y sigue convencido de que todo es un relato de la oposición.

 

También simplificó el endeudamiento a "los que compraron televisores para el mundial… Argentina no ganó y no los pagaron". Los datos desmienten esto de plano: en el semestre previo al Mundial 2026 se vendieron 1.048.540 televisores, contra 1.173.713 antes de Qatar 2022 y 1.539.972 antes de Rusia 2018 —una caída del 10,7% respecto a 2022 y del 31,9% respecto a 2018 (fuente: INDEC / consultora La Vectorial). Lejos de un boom de consumo, fue piso histórico.

 

Además, si la morosidad fuera solo por televisores, el problema sería menor. Pero hay más de 5,9 millones de personas en mora (atrasos mayores a 90 días), de las cuales 3,8 millones ya son consideradas irrecuperables (Situación 5 del BCRA) . La mayoría tiene entre 16 y 30 años, y las deudas no bancarias —en apps y plataformas— suelen ser de montos originales de 400.000 a 800.000 pesos, multiplicadas varias veces por tasas usurarias.

 

Cabe preguntarle al presidente, tan contrario a la emisión: ¿se da cuenta de que esas tasas atroces fabrican pesos que antes no existían? Son asientos contables hoy, pero dinero real cuando se cobran. Es emisión indirecta masiva, tan expansiva como imprimir billetes. Lo mismo ocurre con créditos automotrices ajustados por UVA + 25% y con el carry trade que sigue siendo negocio para fondos extranjeros. La emisión indirecta por tasas liberadas supera ampliamente la emisión directa del BCRA —y todo es posible solo porque se liberaron las tasas.

 

Tasas que, en muchos casos, no estaban liberadas al momento de tomar el crédito. Se desreguló después, convirtiendo el compromiso en trampa. Con tasas que duplican o triplican la inflación y salarios que corren muy por detrás, el fracaso estaba escrito desde el día uno.

 

Quizás Milei debería mirar los datos: no hay "muertos por la calle", pero la tasa de suicidio es la más alta de la historia y la primera causa de muerte en jóvenes. Y los que "no llegan al 15 del mes", efectivamente hicieron algo, presidente.

 

Se endeudaron.

 

Y ahí está la realidad que niega.

UNETE



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