Escepticismo

ESCEPTICISMO

 

.

Homero, Ilíada.

-Imagino -me dijo nada más saludarnos- que, pese a las vacaciones, y al tiempo de ocio, todavía no habrá terminado el libro que le regalé el otro día.

-No. No lo he terminado. Es espeso, aunque ameno; pero además lo estoy combinando con otros libros e incluso con breves lecturas puntuales de la Ilíada. Se está alargando la lectura.

-Se lo decía porque parece que el tiempo está cambiando. No hace tanto calor como estos días pasados. Me estoy animando para acercarme a la librería. Si necesita algo, sólo tiene que decirlo.

-Gracias, de libros estoy servido. Por ahora. Ahora bien, me gustaría tener amistad con algunos libreros, para que me dijeran si, a raíz de la película, volvemos sobre el tema, se han incrementado las ventas de la Odisea.

-Lo preguntaré. Es posible. Cosas más raras se han visto, ¿no cree?

-Sí, es posible. Pero aún así -dije pensativo- se quedaría la pregunta crucial por responder. Comprar el libro no supone leerlo, entenderlo y disfrutarlo. Y ahí está el meollo de la cuestión. Lo que me planteo siempre: la lectura y el estudio, ¿son capaces de hacernos mejores personas?

-¿No fue Unamuno quién dijo que el fascismo se cura leyendo y el nacionalismo viajando? Aunque no tuvo en cuenta aquello de “tonto en su villa, tonto en Castilla”.

-Sí, creo que fue él quien lo dijo. Y al refrán no le falta razón… Se lo planteo por lo siguiente: el otro día me encontré con una alumna, una buena chica, y muy inteligente. Me contó que en las redes, a raíz de los sucesos de Marruecos y Ceuta, hay gente, así lo dicen, que se alegra de que muchos de quienes intentan llegar a la Península a nado, se ahoguen en el mar.

-Siempre he oído decir que ese mundo llamado redes es un mundo de odios, nefandos rencores, insultos y falta de la más mínima educación y empatía.

-Eso mismo me dijo esta chica, y varios alumnos más. No sé para qué se mete en esas historias, la verdad. Con la enorme cantidad de buenos libros y personas interesantes que hay en este mundo. El otro es el propio de gente desalmada y descerebrada.

-También tienen derecho a tener sus tenidas y a que se oigan sus voces o lo que emitan -dijo riendo.

-Esto de las personas muertas en el mar, y la consiguiente alegría de… unos cuantos, me ha recordado la breve biografía de un personaje muerto por Diomedes en la llanura de Troya. Se llamaba Axilo; era conocido y estimado porque tenía su casa al lado de un camino, y acogía a todos cuantos pasaban por allí… Sí, ya sé que las cosas han cambiado mucho, que entonces la hospitalidad era sagrada, tanto que incluso dos guerreros renuncian a luchar entre ellos por haber sido sus padres huéspedes el uno del otro… Se trata de Diomedes y Glauco. Quienes dejan en paz sus picas e intercambian sus armaduras.

-Impensable hoy en día.

-Claro, pero hay que tener en cuenta que las luchas en la Ilíada se dan entre aristócratas. Y estos reconocen unos valores que no comparten del todo los plebeyos. Tersites lo demuestra. De todas formas, querido amigo, todo esto ha quedado totalmente obsoleto. Hoy en día, para empezar, nadie acoge en su casa a un extranjero. Hemos perdido la confianza de los unos en los otros. Y el más terrible de los egoísmos nos arrastra. Ahora bien, tampoco conviene idealizar aquella vieja sociedad. Ladrones y desaprensivos los ha habido siempre. El castigo que recae sobre Edipo es, precisamente, porque un antepasado suyo violó a un huésped.

-Desde luego hoy en día es impensable que dos soldados se queden el uno frente al otro recordando que el padre de uno acogió al otro. Como dice usted todo esto está obsoleto.

-Lo mismo sucede con lo que yo jamás he entendido de estos personajes: la búsqueda de la gloria y de la fama. Y que esta siempre se obtenga en la guerra, matando o dejándose matar por tonterías. Tonterías si nos creemos que las batallas y las guerras se han librado por una señora secuestrada y no por hacerse con las rutas de los cereales, por ejemplo.

-Quizás ellos no se movían por tan burdos intereses…

-Tal vez, pero allá donde iban saqueaban los pueblos que caían en su poder y los despojaban de todo… Esclavizaban a mujeres y niños, lo cual era una buena fuente de ingresos. Hay que recordar, además, que al huésped no sólo se le daba alojamiento. Cuando se despedía había que hacerle regalos. Y calderos o trípodes de oro y vasos del mismo material, con ellos los obsequiaban, no los tenía el común de los mortales.

-A mí lo que me ha llamado siempre la atención de esta historia, es ¿por qué los griegos promovieron esta guerra, verdadera o ficticia, si sabían que Helena iba a ser secuestrada porque era la promesa que le hiciera Afrodita a París cuando este, en el monte Ida, la escogió, a cambio de Helena, como la diosa más bella del Olimpo?

-Ha puesto usted el dedo en la llaga. Rara vez se habla de lo esencial. Y de esto, del banquete de Tetis y Peleo, de la manzana de la discordia, nada se dice en la Ilíada. Me parece, no lo recuerdo… Luego, mucho más tarde, Gorgias, un sofista, escribirá un Encomio de Helena, en una de cuyas partes defiende la total inocencia de esta mujer, quien para más inri jamás estuvo en Troya. Fue una realidad virtual la que viajó con París hasta Troya. La verdadera Helena se refugió en Egipto.

-¿Y no le parece todo esto una burla inmensa? Tantas muertes y tanta destrucción, ¿para qué?

-Es una burla y un despropósito. Imagínese, por un momento, que los héroes en vez de buscar el honor en el campo de batalla lo hubieran hecho estudiando lenguas, componiendo poemas o haciendo viajes de exploración.

-Otro gallo nos cantara -dijo riendo ante mi ingenuidad-. Aunque entonces la historia no sería tan divertida. O nuestro concepto de diversión sería distinto.

-Sí, desde luego. Puede resultar muy aburrido ver a Aquiles, sin casco ni lanza, en una biblioteca consultando papiros y dialogando con unos y con otros para entender la lengua de Héctor, que hablaba el luvita, no el griego. Es más divertido verlo correr con sus pies ligeros, lanza en ristre, matando a quien le sale al encuentro, en busca y captura del pobre Héctor sin plantearse nada de nada. Cegado por la ira.

-Somos una raza maldita: matar a un ser humano por conseguir no sé qué gloria o fama. Es el colmo de la estupidez. La degeneración de la humanidad.

-Y sin embargo, Aquiles, que no debía de ser una lumbrera, prefiere tener una vida breve y gloriosa a una larga y anodina. Y para ello mata al padre de Andrómaca, a todos sus hermanos, a unos cientos de troyanos y a Héctor. ¡Menuda gloria! Yo creo que más le hubiera valido no nacer. No en vano Alejandro Magno, otro que tal, le rindió culto y honores en su supuesta tumba en la llanura de Troya.

-Pues ahí tiene los antecedentes de las redes. Y que alguno de estos héroes actuales, como no puede empuñar la pica y atacar al supuesto enemigo, se gloríe de que el Mediterráneo haga la labor que le hubiera gustado hacer a él.

-Es demencial.

-Mire, cuando yo era joven me alegré mucho porque en la televisión proyectaron una serie, española por cierto, basada en la vida de Ramón y Cajal. ¡Dios! -exclamé entonces- una serie alabando a un científico y dejando de lado degollinas, tiroteos y violencias. De eso hace muchos años. Ahora conecta usted la tele, y ríase de Troya y de las Galias y de César y de cuantos vinieron detrás, incluido el Trío de la Muerte: Trump, Netanyahu, y el zarrapastroso rey de Marruecos. El 99% de las películas son de violencia y más violencia.

-No tenemos solución. Ya advirtió Tucídides, allá por el siglo V a.C., que nada cambiará en tanto no lo haga el hombre. Y este sigue repitiendo los viejos esquemas de guerra y violencia desde que el mundo es mundo.

-Por eso es importante, querido amigo -me dijo sonriendo- tener un oasis de paz y tranquilidad como este nuestro. Estoy muy agradecido por ello. Y por tener la edad que tengo: me queda poco de estar en esta tierra. Y me voy muy agradecido por no haber conocido ninguna guerra ni haber tenido que matar a nadie o dejarme matar por alguien a quien ni conozco.

-Eso mismo dice un viejo amigo: ¿qué le importa a Odiseo, Helena, Menelao y los tejemanejes de Agamenón? Vivir en la pacífica Ítaca, con Penélope, sin buscar guerras ni desearlas. Una vida anodina, pero feliz. Aunque nadie dance luego en torno a su tumba. Ni falta que hace.

-Lo mejor que puede suceder.

-¿Y qué le parece si mañana retomamos el viejo ritual del vino? Ya son muchos días de agua y abstención.

-Me parece una buena idea. Mañana beberemos vino.

-Y brindaremos por la vida pacífica y anodina.

1Homero, Ilíada, XVII.446-47. Abada editores. Madrid, 2016. Traducción de F. Javier Pérez.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales