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Aunque una mayoría no lo haya notado, o de haberlo notado no lo haya aceptado por haberlo elegido, y muchos aún hoy no lo acepten.
Sacando un núcleo sólido, elitista y de alto poder económico, todo el resto de la sociedad pagó y sigue pagando el precio del ajuste. El resultado real que vive la gente, es durísimo: - Caída de la actividad económica: En el trienio 2024–2026 el PIB registra una contracción acumulada cercana al -6,8%, con retrocesos profundos en industria, construcción y comercio interno. (Fuente: INDEC, informes de cuentas nacionales)- Derrumbe del poder adquisitivo: El ingreso real de los hogares cayó en el período entre un 28% y un 32%, según deciles de ingreso, con mayor caída en los sectores medios y bajos. (Fuente: INDEC, ECV; Observatorio de Salarios y Precios)- Retraso de salarios: Los salarios formales perdieron 19,4% de poder de compra en tres años; los informales perdieron más del 35%. (Fuente: INDEC; OEDE–UBA)- Inflación acumulada (datos oficiales INDEC):- 2024: 117,8%- 2025: 31,5%- 2026 (proyección al cierre): ~32%- Acumulada trienio: ~320% (calculada sobre el índice de precios, no suma aritmética)- Suba promedio de servicios regulados: Energía, agua, transporte y comunicaciones subieron entre 4,5 y 6 veces por encima de la inflación, con un aumento promedio real de 127%. (Fuente: ENARGAS, ENRE, INDEC)- Servicios no regulados: Aumentaron en línea con la inflación general, aunque con rezago de salarios, por lo que perdieron volumen real de facturación entre 12% y 18%.- Combustible e impuestos: Los combustibles subieron más de 210% en términos reales. A la par, se mantuvieron o incrementaron impuestos sobre combustibles que debían destinarse a conservación vial; recursos que fueron reasignados a gasto corriente, según denuncias presentadas ante la Justicia Federal por presunta desviación de fondos públicos, con causas en trámite. Todo esto que subió, bajó, se derrumbó o se estancó y perjudicó de modo brutal a la gente, no es lo peor. Lo peor es lo que va a quedar, reelija o no el gobierno de Milei. Es tan explícito como escandalosamente negado, pero la realidad lo revela. Y no hay hecho más evidente y definitivo —salvo que otro gobierno lo derogue o el Congreso vote leyes contrarias— que las leyes votadas: Ley de Glaciares, ley de extranjerización de tierras, Ley de Manejo del Fuego, RIGI, Súper RIGI, Ley Bases, Reforma Laboral, regímenes de blanqueo, Inocencia Fiscal, Carta Orgánica del BCRA, desregulaciones de Sturzenegger y suspensión o derogación de las PASO. Entre todas estas normas —algunas aprobadas, otras rechazadas por la oposición y otras en tratamiento— no hay una sola ni un solo artículo que signifique un beneficio, avance o solución para la mayoría de la gente. Muy por el contrario, el espíritu central de todas y cada una de las leyes y desregulaciones beneficia en primer término a sectores muy concentrados de la economía nacional e internacional, a una élite social y, por supuesto, al gobierno y su entorno. El problema es que de terminar de aprobar —o insistir con— lo que no lograron sancionar, la injusticia económica, social —hasta clasista se puede calificar— y lo que el Arzobispo calificó como “sadismo de Estado”, no solo se perpetuará por décadas, sino que cambiará para siempre el mapa y la pirámide social argentina. Ser pobre será la normalidad, aunque las estadísticas oficiales muestren índices cada vez más bajos. Y la clase media, hoy ya totalmente diezmada, quedará en extinción, hasta que la actual “clase media baja deteriorada” la reemplace naturalmente. Entre el cambio tecnológico —robotización e inteligencia artificial— y la devastación que produce el modelo de Milei, de no frenarlo, Argentina nunca volverá a ser igual y perderá por completo lo que la hizo distinta al resto de América Latina: su gran clase media Ni siquiera la economía concentrada pidió tanto. Sin duda, los grupos concentrados querían recuperar terreno perdido durante la pandemia frente al poder adquisitivo de los trabajadores. Buscaban también pagar menos impuestos, acceder a tierras y recursos sin límites, y reducir costos laborales. Pero nunca imaginaron ni pudieron anricipar semejante endeudamiento de familias y pymes, ni que el dinero disponible en la economía cayera un 41% respecto de 2017. Nadie imaginó esto. Nadie imaginó que “el ajuste más grande de la humanidad”, como lo llama Milei, empobrecería tanto a la mayoría; esto dejó fuera de juego incluso a los sectores concentrados que dependen del mercado interno. A quienes solo buscan extraer, explotar y exportar, poco les importa. Menos aún si se acogieron al RIGI: no pagan impuestos de modo efectivo por décadas y ni siquiera tienen obligación de ingresar divisas al país. Y aquí surge la pregunta decisiva: ¿de qué sirve explotar, extraer y exportar recursos si no deja riqueza y ni siquiera hay plazo para liquidar los dólares en Argentina? El gobierno de Milei terminó siendo un modelo conservador clásico y extremo, que solo hubiera sido posible en otro tiempo, bajo una dictadura. El rumbo fue el mismo que el de Macri, pero mucho más rápido y con crueldad explícita, a diferencia de su predecesor que al menos lo disimulaba y ofrecía horizontes de esperanza. A este gobierno ni las metáforas le funcionan. No hubo ni hay brotes verdes.Tampoco crecimiento invisible.No se ve ninguna luz al final del túnel.Y no “le pasan cosas”: ellos mismos las provocan. El modelo histórico de derecha nunca quiso clases medias, porque compiten por los dólares que, se sabe, nunca sobran. La clase media es exigente, consume, viaja y demanda divisas: eso es lo que la economía concentrada pretende eliminar. Lo paradójico es que, salvo en dictaduras militares —que nadie eligió—, en todos los gobiernos de derecha ocurrió lo mismo: llegaron al poder gracias a los votos de la clase media que buscan extinguir. Quizá esta “destrucción creativa” sin creación real —salvo trabajo precario y por tareas en plataformas— haya caído en el peor momento: justo cuando más se necesitaba al Estado para amortiguar el impacto social del cambio tecnológico. En el resto del mundo, los gobiernos debaten cómo acompañar la transición digital y proteger el empleo. Saben que la IA también concentrará riqueza. Aquí, en cambio, el gobierno no solo no protege a la gente, sino que se pone del lado de quienes concentran todo.Muchos todavía no quieren asumirlo, pero el Modelo de ultra derecha de Milei solo es posible con consumo bajo. No hay modo de tener un dólar poco competitivo (retrasado, barato en comparación a los precios) sin que el mercado local se inunde de productos, insumos y bienes importados. Por eso que la actividad esté derrumbada (industrial, pyme y comercial) es fundamental para que no salgan dólares. Y a la vez que esté retrasado, frente a precios internos caros, es el escenario soñado por las corporaciones para comprar más y más fácil. Si todos los modelos de derecha en Argentina fueron perjudiciales —concentraron riqueza e indujeron alendeudamiento del país y de la gente—, el de Milei fue directamente un error en la historia. Error que la clase media pagará muy caro. Quizá con su propia extinción.