Invasión

INVASIÓN

 

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Lucano, Farsalia.

Aquella tarde mi querido vecino estaba deprimido no solo por el calor. A este se añadían las noticias que iban brotando de los periódicos y de los medios de información. Era inútil aconsejarle que dejara de leerlos y de consultarlos: hacerlo era superior a sus fuerzas.

-No me cabe en la cabeza -dijo sirviendo el agua de una botella casi congelada- no ya cuanto está sucediendo, sino la ceguera de políticos indígenas y extraños.

-¿No se le ha ocurrido pensar que es una ceguera interesada? -le pregunté-. Igual que toda la sarta de mentiras que sueltan a toda hora... En mi pueblo había un señor que era un embustero compulsivo. Un día, un vecino le dijo, “eres un saco lleno de verdades”. “¿Por qué dices eso?” -le preguntó el otro. “Porque no dices ni una verdad. Te las quedas todas para ti”. Pues lo mismo: muchos políticos son sacos llenos de verdades. No le de más vueltas.

-¿Y no le parece triste a lo que hemos llegado?

-No hemos llegado a ningún sitio: estamos en el punto de partida, en el egoísmo humano, en la mentira, en la lucha feroz por el poder, y en la venganza de quien no sigue las consignas de algunos papanatas con poder.

-Sí, en eso tiene razón. En este caso tenemos un trío de ases, a cual de los tres más burdo, cruel y sanguinario. Imagino que sabe de quién estoy hablando.

-Sí, por supuesto. De el pueblo elegido para masacrar a todos cuantos no crean en su divino dios. El mismo Netanyahu ha definido a su pueblo como heredero de los antiguos hebreos. Imagino que se referirá a aquellos que masacraban a tirios y troyanos, un anacronismo, y todo aquel que se les pusiera por delante y no aceptara sus dioses y sus leyes.

-Cuando nos interesa, qué bonita es la tradición. Echando mano de la Biblia se puede justificar todo cuanto usted quiera… Cuando era un crío, había un actor que me gustaba mucho. No me perdía ni una de sus películas. Las disfrutaba. Ya un poco mayor, pero todavía muy joven, comencé a enterarme de sus andanzas. Y sus películas fueron pareciéndome, cada vez más, repetitivas, necias y faltas de humor. Era un tal Jerry Lewis.

-No he visto nada de ese señor. No le puedo decir nada.

-Leyendo sobre su vida y su entorno, fui enterándome de que la industria del cine, Hollywood para ser claros, estaba, y está, en manos de los judíos… Lo cual explica todas las películas hechas sobre la II Guerra Mundial y algunos miles más.

-Un día un alumno, en clase, me enseñó un mensaje que le acababa de llegar al móvil. Había un dibujo realista de Cicerón, y una frase supuestamente escrita por él. Me percaté enseguida de que era falsa. Y aproveché la ocasión para explicar lo obvio, pero que nunca se hace: cuando se cita a un autor, hay que indicar el libro de donde se ha sacado la frase o sentencia, y quién ha sido el traductor.

-Me la manda mi primo -me dijo el alumno- que ha estudiado en Alemania.

-Como si ha estudiado en Rusia -le contesté-. Pregúntale de qué libro ha sacado la frase, y quién la ha traducido.

El supuesto primo no contestó.

-Era falsa la cita -dije-. Así que tenga en cuenta siempre lo mismo: ¿Quién lo dice? ¿Cómo lo dice y cuándo lo dice? Para Hollywood los indios son unos salvajes, los nazis exterminadores de judíos; y ellos, los americanos, los buenos de la película. ¿Acaso en EEUU se ha perseguido alguna vez a los negros? ¿Se los ha linchado? ¿Se ha obligado a una señora mayor, negra para más señales, a levantarse de su asiento en un autobús para que pueda sentarse un necio blanco? Nada de eso ha sucedido. Son ejemplares.

-Y con todo eso ante los ojos, dígame, ¿usted cree que cuanto ha pasado en Ceuta ha sido por debilidad del gobierno?

-Por supuesto que no. Ha sido una maniobra perfectamente orquestada por el jefe del pueblo escogido, por el espíritu vengativo y la mala sangre de Trump, y por el zarrapastroso y medieval rey de Marruecos. Trío de ases.

-Y lo bien que le ha venido todo esto a los voceras de la derecha, y de su extremo, para proclamar a los cuatro vientos el peligro de la emigración y arremeter contra el gobierno…

-Nada nuevo bajo el sol. Ya apoyaron a los nazis durante la II Guerra Mundial. Y lo siguen haciendo. Envueltos en banderas patrias, claro.

-Imagino que se habrán lanzado proclamas por Marruecos diciendo que se permitía el paso a España, donde los emigrantes iban a ser acogidos con los brazos abiertos… Y entre ellos se ha mezclado a algún maleante sacado de prisión. He visto fotos de la policía marroquí invitando a las personas que iban en camiones, como ganado, a cruzar la frontera. Los han engañado de mala manera. Y nos les importa nada que eso haya costado vidas humanas… Son malas personas. No tienen entrañas.

-Rara vez las ha tenido el poderoso. Todo vale con tal de mantenerse en el butacón.

-Me da rabia y asco. Y más que esa gentuza se perpetúe en el poder.

-Tómelo con calma. No va a poder hacer nada para desalojarlos.

-Algo deberíamos hacer…

-¿Recuerda que la semana pasada estuvimos hablando de la película la Odisea, de la película digo?

-Sí, lo recuerdo.

-¿Y no le dejé claro que es un canto a la violencia y a la guerra la dichosa película, que no el poema? Una exaltación de la guerra y los asesinatos aplaudido por el foro, no lo olvide. La Ilíada es todo lo contrario: sí, se describen muchas batallas y muchas muertes. Pero siempre hay un deseo de paz. Es un poema antibelicista. Por eso me alegré mucho de ver la película, pues así puedo explicar, en clase, los tejemanejes del cine americano. Además, le he hecho caso: he tratado, oyéndolo hablar de películas, ver algunas de ellas. Pero, señor mío, es desalentador: en la televisión, busque la cadena que busque, todas las películas son uno y lo mismo: violencia, asesinatos, sexo, y nada de materia gris. O un mínimo diálogo con sentido. ¿Refleja eso el sentir de un país? ¿Tan belicosos son los americanos?

-Estados Unidos es muy grande, y debe haber de todo, como en todas partes.

-Efectivamente. Lo mismo que en cualquier país. Unir a todos sus habitantes para una buena causa es difícil por no decir imposible. En clase siempre pongo el mismo ejemplo: la Anábasis, que por cierto, anábasis significa subida, la subida de los griegos de Grecia a Babilonia. Pues bien, esta expedición resultó un fracaso. En la batalla de Cunaxa muere su jefe, el joven príncipe Ciro, quien trata de arrebatarle el trono a su hermano Artajerjes II, con la ayuda de los diez mil mercenarios griegos. Tras la derrota, estos deben regresar a Grecia. Diez mil soldados. Jenofonte, protagonista y autor del libro, los comanda. Pero hay rebeliones, hay deserciones y traiciones. Y eso yendo por territorios salvajes, llenos de enemigos, con un clima donde igual se mueren de sed como de frío y hambre ¿Cómo no las va a haber en este país? Siempre es lo mismo, señor mío: ambiciones personales, ceguera, mentiras y gente dispuesta a seguir al primer voceras que aparezca prometiendo el oro y el moro.

-Es triste…

-A veces, cuando estoy cansado de traducir o de leer, consulto alguna revista electrónica. Algunas tienen espacios dedicados a recomendar libros. Ni uno de esos espacios, ni uno, recomienda jamás obras clásicas. De Cicerón, Tácito, Platón, Homero, por cierto ahora todo el mundo sabe y entiende de la Odisea, de Séneca o de Tucídides, por poner unos cuantos ejemplos. Y yo les recomendaría que leyeran a Tácito. Nadie como él ha denunciado la corrupción, ni la guerra: auferre trucidare rapere falsis nominibus imperium atque ubi solitudinem faciunt pacem appellant2. Al saqueo, al robo y al asesinato los llaman con el falso nombre de imperio de la ley; después crean un desierto y lo llaman paz.

-Imagino -dijo tras beber un largo trago de agua- lo fácil que le habrá resultado al rey de Marruecos movilizar a la gente para lanzarla contra España: tiene a la población en el límite de las fuerzas, pasando hambre, sin futuro… Dos proclamas anunciando que podían pasar a Ceuta, y ya tiene a la gente lanzándose a la aventura. Que un rey haga eso con sus súbditos, algunos se han ahogado en el mar, y que lo apoyen los otros dos asesinos, no tiene perdón de Dios. Y saltarán enseguida las otras malas personas, los bufones, malvados y necios, sembrando el odio hacia el pobre emigrante.

-Pues, querido amigo, vivamos nosotros lo mejor que podamos. Y sigamos leyendo, estudiando y teniendo estas reuniones. Eso nos convierte en rebeldes. Verdaderos rebeldes. Alejados siempre de Ponerópolis, la ciudad de los malvados. Y leyendo a los clásicos.

-Que me place. ¿Me pasará el libro de Agrícola?

-Cuente con ello.

1Lucano, Farsalia, III, 50. Traducción de Antonio Holgado Redondo.

2Cornelio Tácito, Vida de Agrícola, 30, 6

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