Hay vida al otro lado del cielo

 

.

Me desperté en otra cama,

con olor a sal y puerto del Golfo,

después de seis mil días

sin hamaca.

Te quise tanto,

que aún le canto

a tus pasos al andar.

Esa mueca al sonreír

que te agrandaba los cachetes

todavía me apapacha.

Un semáforo en Alameda

me recordó aquel mayo

en Veracruz.

Hay tardes

que el Pacífico

se parece demasiado

al Golfo que dejé.

Somos la misma sal,

aunque cambie la marea.

Ni la frontera,

ni tres siglos

me apartan de tu orilla.

Hay vida

al otro lado del cielo.

Mi sombra

ya aprendió esta calle;

mi memoria,

todavía no.

Hay esquinas

que todavía

me dicen tu nombre.

Mi cuerpo ya conoce

cómo duele una frontera.

Fuiste mi casa.

Lo entendí

cuando tuve que irme.

Mi Mocambo

en La Bahía.

Mi Bulevar

en la Alameda.

Le sigo hablando al mar,

como si supiera

dónde encontrarte.

Somos la misma sal,

aunque cambie la marea.

Ni la frontera,

ni tres siglos

me apartan de tu orilla.

Hay vida

al otro lado del cielo.

Me desperté en otra cama...

con olor a sal...

y puerto del Golfo...

después de seis mil días...

sin hamaca.

UNETE



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