Para la mentalidad moderna razón y afecto son dimensiones del ser humano que poco tienen en común; es más, según algunos pensadores, la razón ha de liberarse de cualquier contaminación afectiva si desea alcanzar una perfecta claridad sobre su objeto. Sin embargo, en el mundo clásico aparecen continuas referencias a la unidad de ambas dimensiones. En numerosos lugares encontramos testimonios de que tenían conciencia de que el ser humano es una unidad que no se puede fracturar en regiones inconexas. El discurso de Diótima en El Banquete platónico es un paradigma de ello, y quizás otro día lo analizaremos, pero hoy nos interesa mostrar cómo gran parte de la fuerza dramática de las tragedias tiene su raíz en esta concepción del hombre. Para ello, vamos a centrar nuestra atención en un fragmento de Electra de Sófocles.




