Madrugadas Sin Parroquia

Oye...

 

...
no te me sales del pecho.

Me cambiaste la brújula...

y levantaste al silencio.

¿Te acuerdas del CD?

Los textos desde el Nokia.

Las madrugadas

sin parroquia.

¿Cómo olvidarnos

de nosotros?

¿Cómo le llamamos

a lo vivido?

Declaración sin olvido.

Imposible...

negándose a morir.

¿Sabes?

Nunca entendí

por qué me temblaban las manos.

Hasta que me miraste.

Entonces lo supe...

Hay erotismo

en la atención.

Hoy el Nokia

duerme en un cajón.

En mi mano

hay un iPhone.

Ya nada es igual.

Tú no estás aquí...

y mis borradores

siguen buscándote.

Fue entonces

que me perdí

en la ternura.

Ese día entendí

tu manera de cuidarme...

sin pedir

un solo rincón de mí.

Quizá la intimidad

empieza así.

Cuando alguien

decide cuidarte...

incluso

si se queda

sin ti.

UNETE



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