¡Qué bello e inspirador es el calor!

¡QUÉ BELLO E INSPIRADOR ES EL CALOR!

 

.

Isabel Allende, La casa de los espíritus.

Debo reconocer que mi querido vecino me tenía atrapado: no cesaba de hablar de política debido la interminable huelga de maestros y profesores, la cual me afectaba de lleno. No obstante, yo hacía esfuerzos sobrehumanos a fin seguir dialogando sobre libros y mitos. Necesitaba un descanso. Pero me rendí. Mis esfuerzos chocaban con una resistencia numantina por parte suya. Y con su buen humor, acrecentado por algunos políticos de una zafiedad rayana en lo sublime. Lo estaba ilustrando aquella tarde con la estupidez dicha por un consejero de educación de la comunidad de Madrid. Sostenía este individuo, ante la petición de mejoras por parte del profesorado, que el calor en las aulas de los colegios, inspira a los alumnos haciéndolos más inteligentes. Sobraba con verlo a él, tan burdo y zafio, sin duda porque gozaba del aire acondicionado allá por donde iba. Y por lo tanto el Infierno, con sus llamas y sus calderas de aceite hirviendo, debe de estar lleno de genios. Eso por no hablar de la masificación de las aulas y de las mansiones satánicas. Y del comportamiento de los guardianes del orden, capaces de tumbar, de un solo golpe, a una maestra jubilada. Ni Heracles en sus mejores días.

-No sé de dónde ha brotado el consejero de cultura de la comunidad de Madrid -dijo descorchando la botella de vino recién sacada de la nevera- pero no me negará usted que es una lumbrera. Y su socia, la cual no hace menos luz, provengan del pedregal de donde provengan.

-Una pareja de necios. El uno y la otra. Y creo que ni nosotros ni la prensa deberíamos prestar oídos a semejantes burradas y necedades.

-Entonces, querido amigo -explicó sirviendo las primeras copas de vino- el mundo sería muy aburrido. Es bueno que haya bufones. Sí, ya sé: lo malo es cuando a los bufones se los toma en serio.

-Pues mire, yo prefiero un mundo aburrido sin las bufonadas de Trump, de las derechas españolas, y el apoyo de algunos izquierdistas. Contra el aburrimiento, libros. Muchos libros. Si Homero se hubiera dedicado a los dimes y diretes de los griegos de entonces, con toda seguridad no hubiera escrito la Ilíada.

-O les hubiera dado un matiz literario, y hubiera hecho eternamente divertidas algunas de aquellas zafiedades.

-Lo dudo.

-Tiene el ejemplo de los Duques en el Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Unos aristócratas sin más pretensiones, en un país en crisis, que reírse de un pobre loco y de su escudero. La sensatez de este resalta contra la imbecilidad de los Duques… ¿Lo captaron los lectores de la época? Imagino que también ahora habrán captado la necedad de que un aula a 40ºC, y con los alumnos desmayándose, ni puede inspirar a nadie, ni es cosa de risa. Menos para los idiotas como este consejero y para su conmilitona recomendando a las madres llevar a los niños al colegio, cuando haga calor, con pantalón corto y camisas de manga corta. ¿No es genial? Ni que en verano los llevaran con abrigos, guantes y gorros de lana.

-El nivel de los políticos que tenemos es imposible de alcanzar, ni con cohetes de la NASA… Mire, el otro día, cuando me habló usted de la prohibición de algunos libros en EEUU, en concreto de La casa de los espíritus, hablé con una compañera, enamorada de ese libro. Me lo dejó recomendándome que leyera la parte final.

-Es dura esa parte, muy dura.

-Sí. Es cuando los militares se hacen con el poder y comienzan los fusilamientos, las torturas, las violaciones y las terribles venganzas en cámaras ocultas. La autora no hace concesiones...

-Es lo que sucede en todas las guerras. Pero en las civiles, todavía más. Mucho más. Siempre he pensado que en la guerra civil española del 36 muchos muertos lo fueron por venganzas personales. Y volverá a ocurrir.

-Estuve un largo rato hablando con mi compañera. Estaba empeñada en poner la novela como libro de lectura obligatoria.

-Una buena iniciativa.

-Lo único que iba a conseguir era crearse problemas. La juventud. No toda, está muy derechizada. Y a muchos la cosa les viene de casa. No le van a permitir adoctrinar a sus hijos, como dicen algunos padres. Otra cosa es que les hable de las bondades del franquismo. Y de que a la muerte del dictador, de tan buena persona como era, hasta las margaritas se marchitaron de pena.

-De todas formas considero que es una buena iniciativa.

-Yo cada día desconfío más y más del poder de la lectura. Tiene efecto cuando cae en buena tierra… ¿Cómo era la parábola aquella del buen labrador que siembra un campo y unas semillas germinan y otras no?

-¡Ah, sí! -exclamó en tanto llenaba las copas-. La parábola del sembrador. Las semillas arrojadas por éste caen entre piedras y no crecen; otras en medio de los cardos, y se ahogan; solo crecen y maduran las caídas en buena tierra1. Es una bonita parábola, pero ¿sabe lo que más me gusta de ella? El final. Lo recuerdo en latín: Qui habet aures audiendi, audiat.

-Es un consejo que nos podemos aplicar todos. Porque pocos prestamos atención a lo que oímos. Por cierto, me llama la atención que hoy en día nadie o casi nadie utiliza el verbo oír. Ha sido suplantado por escuchar. Ahora parece que todo el mundo escucha y nadie oye.

-Siempre me sorprende -dijo tras vaciar su copa de un trago- lo hábil que es usted para cambiar de conversación y llevarse el ascua a su sardina.

-Está equivocado -repliqué tras acabar el vino de mi copa-. No me he desviado ni un milímetro del tema de su preferencia. Se lo demuestro: le decía que tuve una larga conversación con mi compañera, la enamorada de La casa de los espíritus. También mi compañera es consciente de la derechización de un buen número de alumnos. Sobra decirle que muchos de ellos, por no decir la totalidad, hablan sin saber de la misa la mitad. Hablan maravillas de la dictadura y de Franco… Ella cree que haciéndoles leer, aunque sea la parte final de la novela de Isabel Allende, los hará cambiar de opinión. Les hará ver la realidad de una dictadura.

-¡Ah! -exclamó-. Ahora comprendo. Y frente a ello usted sigue con su vieja teoría de que eso no sirve de nada…

-A la parábola de Jesús me remito. Y, como usted sabe, no soy yo quien la pronunció.

-Entonces -apuntó un tanto debilitado- quizás sería cuestión de preparar la tierra, y de hacerlo bien, antes de lanzar la semilla, ¿no cree?

-Sí, ¿y cómo se hace eso?

-Buena pregunta -dijo llenando las copas de nuevo-. No lo sé. No tengo ni la más remota idea. Le hablaría de una buena educación, de valores…

-Eso, querido amigo, y antes de seguir adelante, permítame decirle que no es cuestión ni del colegio ni de la universidad. Viene de familia y de la sociedad. Y en una y en otra hay muchos intereses como para consentir la lectura de algunas novelas, o dejar que los jóvenes piensen por cuenta propia. Y aunque lo hagan, siempre habrá gurús que les dirán cómo interpretar esto o aquello. Y para muchos es más fácil y llevadero dejarse llevar por cuatro frases y un par de eslóganes que dedicarse a la lectura y a fabricarse un pequeño sentido crítico. Eso cuesta mucho. O como dijo aquel alcanzar la areté, un cierto grado de buen hacer y bien vivir, es sudar mares de tinta.

-¿Y entonces qué hacemos?

-Nada. Seguir con lo nuestro. Mire, yo siempre he defendido que la Ilíada es un poema pacífico, pese a todos los combates y muertes que hay en él. Pues bien, un compañero me hizo ver una película en la que unos militares americanos, durante la Segunda Guerra Mundial, recitan algunos versos de Homero antes de lanzarse a una matanza desenfrenada.

-Lo entiendo. Don Miguel de Cervantes ya tocó el tema, de forma genial, como siempre: cada uno de los lectores se queda con aquello que más le interesa o agrada: el ventero con las puñadas y porradas de los caballeros andantes y sus enemigos; su hija con las encendidas palabras de los enamorados; la criada Mari Tornes se embelesa con el caballero y la amada abrazados bajo un árbol; y la doncella de las lamentaciones y hondos suspiros de los caballeros ante la ausencia de sus señoras2.

-Pues con eso y con la parábola del sembrador, ya está todo dicho.

-Sí, tiene razón -dijo apurando las últimas gotas de vino-. Sólo falta añadir la incompetencia cuando no la pura maldad o estupidez de los consejeros… Y aquello de que Qui habet aures audiendi, audiat.

-De donde deriva audio, que no *escuchodio -añadí riéndome.

-Es incorregible.

1Mateo, 13; Marcos, 4. 1-9; Lucas 8. 4-8.

2Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Primera parte, cap. XXXII

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales