Trabas

 

. Ninguna cosa hay tan cabal que no tenga alguna parte mala.

Juan de Zabaleta, Errores celebrados.

La noticia, repetida una y otra vez, a toda hora, por todos los periodistas o aficionados a lo mismo, cadenas de televisión, periódicos, radios, compañeros y particulares, etc. etc, me recordó a un viejo familiar ya fallecido. Tenía este la fea costumbre de contar un chiste o chascarrillo, y como viera o comprobara que alguien le reía la gracia, repetía el mismo chiste una y otra vez, sin descanso, y sin percatarse de que ya había perdido la gracia y la eficacia que pudiera tener.

-Hablemos de lo que quiera o guste -le dije en consecuencia y tras saludarlo- siempre y cuando no me nombre a la presidenta de Madrid y su aciago viaje a México.

-No pensaba hacerlo, querido amigo. Yo también estoy harto y saturado de tanta necedad. Parece que no hay más historias en el mundo. ¿Por qué no insisten los informativos en la huelga de maestros y profesores de Valencia, por ejemplo?

-Quizás porque se trata de conseguir mejoras educativas y de otro tipo, y eso no tiene morbo. Ni, tal vez, le interese a nadie.

-Pues entonces la señora presidenta de Madrid, y perdone que la miente, les ha ganado la partida por mucho que se rían de ella. Pero dejémoslo. Hablemos de otras cosas. Tiene usted toda mi atención.

-Le voy a hablar de lo de siempre, y viene a cuento de las guerras actuales -le dije en tanto llenaba las copas- pero con alguna pequeña novedad. Durante estos días me he dedicado a releer el canto VI de la Ilíada, conversación entre Héctor y su mujer Andrómaca, con el hijo de ambos, Astianacte, un bebé, por el medio.

-Recuerdo vagamente haber leído un fragmento en un libro de texto de literatura de cuarto de bachiller. Hace de ello unos doscientos años, más o menos. Había un dibujo: Héctor con su yelmo, la bellísima Andrómaca, y el bebé llorando. Me gustó.

-Homero insiste, una y otra vez, en que el niño, Astianacte, todavía no habla. Como dirían los romanos es un infans. Palabra que también se puede traducir por mudo: es decir un infante es un niño que todavía no habla, o una persona mayor que es muda. Déjeme ser pedante. Ejemplo: filius Craesi, quum iam per aetatem fari posset, infans erat, cuando el hijo de Craso, ya por edad podía hablar, no hablaba (era mudo). Lo dice Cicerón.

-Esa información, querido amigo, bien vale un trago de buen vino. Y así traemos a colación al bueno del Arcipreste de Hita. Aunque nosotros, como buenos vecinos, siempre lo tenemos presente, merced al vino, claro.

-No me interesa, en este caso, la etimología. Homero utiliza νήπιος para definir al niño Astianacte, al hijo de la pareja, aunque, por supuesto, una lengua tan rica como el griego tiene muchos sinónimos. Y νήπιος significa “sin palabras”.

-¿Qué le interesa entonces de ese pasaje?

-Aunque le parezca extraño, la teoría de la recepción. O si quiere, la imposibilidad de comprenderlo todo… ¡Tenemos tantos límites!

-Me está intrigando. No acabo de entender a dónde quiere llegar.

-Como usted sabe -comencé a explicarle- los griegos conocían al dedillo la Ilíada. Fue el libro de cabecera de toda una sociedad, y de toda una época.

-Sí, lo he oído en más de una ocasión -replicó llenando las copas de nuevo; aquella tarde estaban un poco desenfrenadas.

-Pues bien, no creo que actualmente la Ilíada la lean sino los especialistas en griego y poco más… La verdad, tampoco creo que el común de los mortales lea las tragedias griegas, ni mucho menos que las vea representadas.

-No le quepa duda -dijo animándome con más vino.

-Por eso mismo, señor mío, alguien que vea o lea la tragedia de Eurípides, Las troyanas, aunque el autor tiene buen cuidado en remarcarlo, no podrá entender del todo la salvajada que supone arrojar a un niño, que todavía no habla, a un bebé, desde las murallas de Troya a fin de evitar una posible venganza dentro de veinte o treinta años. Eurípides explota muy bien esos versos de Homero, se convierte en su eco. Y la tragedia en una clara y fuerte denuncia de la guerra, de las salvajadas que se cometen en ellas.1 Eurípides denuncia a sus propios conciudadanos.

-Pues hubiera hecho falta un Eurípides actual para denunciar la monstruosidad de bombardear una escuela, en Irán, donde asesinaron a doscientas niñas.

-No sabemos cuál fue la reacción del ciudadano medio griego. Insisto en la teoría de la recepción. No sabemos si se sintieron poco o muy afectados por la muerte del bebé Astianacte, y por la prohibición, a las mujeres troyanas, incluida su madre, de llorar su muerte…

-No me extrañaría nada que la reacción hubiera sido la más completa indiferencia. Tal como ha sucedido ahora. Y no solamente con las niñas persas, sino también con las de Gaza y demás… Sólo se habla del petróleo y del estrecho de Ormuz, y -añadió sonriendo porque iba a saltarse la regla- o de las interesadas payasadas de la señora Ayuso, de triste recordación.

-Seamos inteligentes y no vayamos donde los burros nos quieren llevar, sin faltar a nadie, que no estaba pensando en nadie en particular, sino en Filipo, pues “cuando se disponía a acampar con su ejército en un hermoso emplazamiento, al oír que allí no había hierba para los animales de tiro, dijo: ¡Oh, Heracles, qué vida la nuestra si debemos vivir también según el interés de los asnos”2

-Querido amigo -dijo riendo de buena gana- ¿debo interpretar la anécdota como una metáfora?

-Por supuesto -respondí en tanto llenaba las vacías copas.

-Está claro que oyéndolo a usted -comenzó a cantar mis alabanzas- no piensa uno que el latín y el griego sean lenguas muertas, ni la literatura clásica un fárrago ilegible. Para usted es materia viva y no nada muda.

-Como decía una querida amiga mía, la ignorancia es muy atrevida. Y como sabe, hay gente en este país que es capaz de hablar de todo sin haber abierto ni un libro en su vida. Para ellos cuanto no entienden o es un rollo o está muerto.

-Cierto es. Le contaré, en alguna otra ocasión, los calificativos vertidos por un familiar sobre cierta película de Igmar Bergman, que ni la había visto, ni sabía nada del famoso director.

-Yo tuve en alumno, ocupa ahora un cargo importante en un partido político, que también sabía de todo. Menospreciaba a los griegos y a los romanos, a quienes tildaba de “pobres hombres” por su total carencia de conocimientos, según él, por supuesto. Evité discusiones y confrontaciones con semejante zopenco. Hasta que me hartó un día y le pregunté si era capaz de hacer una casa sin cimientos, o de caminar sin pies. Y le recordé aquello de que somos enanos a hombros de gigantes, aunque él, remedando a Freud, era, y es, una pulga en el culo de un mulo. Así se lo solté. Y claro, le faltó tiempo para ir a denunciarme. Le tuve que pedir disculpas. Públicamente. Pero me atengo a lo dicho: cada vez que me llegan discursos o ponencias suyas en parlamentos y demás, me reafirmo en aquello. Aunque ahora es una pulga bien gorda: ha chupado mucha sangre de muchos mulos y demás bestias de carga. Sin ofender a nadie.

-Tras nuestras conversaciones, o al menos tras algunas de ellas, siempre termino recordando lo que dijo Michel de Montaigne: no caminamos en línea recta sino en círculos. No avanzamos, damos vueltas. Y del mismo modo, y sin ánimo de ofender a nadie, me parece, querido amigo, que también nosotros nos repetimos más que el ajo, como vulgarmente se dice.

-Tiene razón. Nos repetimos. Pero no olvide que siempre hay algo nuevo en nuestras charlas. Usted, por ejemplo, no sabía que el pobre Astianacte era νήπιος, un bebé que todavía no hablaba. Y que eso, desde mi punto de vista, esa descripción, recordada sin duda por los griegos en el teatro, contribuyó a darle fuerza a la de por sí ya bastante fuerte, tragedia de Eurípides, Las troyanas.

-En eso tiene razón: no lo sabía.

-Y, además, le voy a contestar a la pregunta que yo mismo me he hecho: ¿Y sirvió de algo, cambió algo en los griegos, aprovechó la catarsis dimanada de la Ilíada o de Las Troyanas? No. Y nos da la razón un autor de la misma época: Aristófanes. Creo que es la comedia Las avispas, lo consultaré cuando llegue a casa, donde un político promete a sus ciudadanos que si lo votan a él robará más que su antecesor, y será más corrupto que él, y peor. Y sale elegido. Es actual la crítica, ¿no?

-Bueno -dijo riendo y sirviendo las últimas gotas de vino- ya sabe usted que los cómicos son bastante conservadores, por regla general. Tal vez el otro político fuera mejor que su antecesor.

-¿Está usted de broma? ¿Prometiendo tales cosas? Además, querido amigo, fíjese en el mundo que nos rodea. Las tropelías de los políticos no les pasan cuentas. Están desmontando la sanidad pública y el sistema educativo, y la gente les sigue votando. Para quejarse luego cuando van al médico a engrosar las ya gruesas listas de espera.

-Tiene razón. Me parece que continuarán los viajes a México. Se equivocan quienes los consideran un fracaso.

-Sea como fuere, pongamos trabas a esos viajes. A nosotros siempre nos quedarán Homero y la Ilíada. Y ahí esta clase de personas no entrarán. Se lo aseguro.

-No, no entrarán. Volvamos a nuestro teatrito, a nuestro pequeño mundo. No es nada baladí. Y al buen vino redentor.

-Descubierto, o inventado, no se sabe, por el alegre Dioniso, esposo de la feliz y bella Ariadna.

-Punto final.

1Para el asesinato del bebé Astianacte, véase Eurípides, Las troyanas, v 710 y ss.

2Plutarco, Sobre si el anciano debe intervenir en política, 11 B En Obras morales y de costumbres (Moralia) X,Madrid, Biblioteca Gredos, 2003. Traducción de Helena Rodríguez Somolinos.

UNETE



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