¿Milagros inesperados para Milei?
¿Milagros inesperados para Milei?

. Muchos esperan un programa económico serio, una hoja de ruta concreta o al menos una idea clara de hacia dónde ir. Sin embargo, nada de eso parece terminar de aparecer.
El problema es más profundo de lo que muestran las discusiones televisivas o los cruces en redes sociales. A esta altura, ningún analista con criterio técnico puede asegurar cómo evolucionará la economía interna en los próximos meses. La actividad continúa sostenida apenas por algunos sectores puntuales —agro, energía, minería y determinadas áreas financieras— mientras gran parte del entramado productivo sigue cayendo.El gobierno insiste en mostrar el superávit fiscal y ciertos indicadores macroeconómicos como prueba de éxito. Pero la pregunta inevitable es otra: ¿existe realmente equilibrio cuando el ajuste se sostiene sobre obligaciones incumplidas, salarios pulverizados y áreas estratégicas prácticamente paralizadas?Porque el superávit cambia de significado cuando:* la obra pública está frenada,* las provincias reciben menos fondos,* salud, educación, ciencia y tecnología dejaron de ser prioridad,* y los salarios públicos quedaron muy por detrás de la inflación.En ese contexto, el orden fiscal deja de sentirse como estabilidad y empieza a parecer simplemente retracción del Estado.Los tres escenarios posiblesDe aquí a 2027 aparecen distintos escenarios, pero ninguno verdaderamente favorable para la mayoría de la población.El menos negativo dependería de que el Riesgo País caiga con fuerza y permita renovar deuda y conseguir financiamiento externo. Solo entre lo que resta de 2026 y el año 2027, Argentina enfrenta vencimientos por decenas de miles de millones de dólares entre FMI, bonos y organismos internacionales.Ese escenario no implicaría recuperación económica. Apenas evitaría un deterioro más acelerado.El segundo escenario —mucho más delicado— surgiría si el gobierno deja de conseguir financiamiento y el Banco Central pierde capacidad para sostener reservas. Ahí reaparecería el viejo fantasma argentino: la presión cambiaria.Y el problema es que el dólar hoy parece artificialmente retrasado frente a precios que acumulan aumentos superiores al 250 %. La tensión es evidente: tarde o temprano alguien deberá corregir esa diferencia. La duda no es si ocurrirá, sino cómo.Puede hacerlo el Estado de manera ordenada y creíble.O puede imponerlo el mercado de forma abrupta, como tantas veces ocurrió en Argentina.La economía real ya entró en agotamientoMás del 60 % de los sectores económicos muestran caída de actividad. Son, además, los que más sostienen la recaudación tributaria. El problema es que muchas empresas y familias ya no tienen margen.El endeudamiento dejó de ser herramienta de consumo para transformarse en mecanismo de supervivencia. Y aun eso empieza a agotarse: aumentan la morosidad, el atraso en pagos y la imposibilidad de cubrir gastos básicos.Ni una cosecha récord, ni mayores exportaciones energéticas, ni los anuncios grandilocuentes alcanzan para revertir algo mucho más profundo: el deterioro social.Porque el problema ya no es solamente económico.Es psicológico.Es cultural.Es humano.La gente no pide teorías sofisticadas ni relatos épicos sobre el futuro. Pide algo mucho más simple:* que la inflación deje de subir,* que el salario vuelva a alcanzar,* y que vivir deje de sentirse como un desgaste permanente.El límite del discursoLa agresividad discursiva del presidente, sus ataques constantes y la lógica de confrontación permanente ya no alcanzan para ocultar el desgaste material que atraviesa gran parte de la sociedad.El problema de gobernar desde el conflicto es que tarde o temprano la realidad económica termina imponiéndose sobre la narrativa.Por eso, más que “milagros”, el gobierno necesita algo mucho menos épico y mucho más difícil: gestión.Santiago Caputo siempre desde las sombras, puede replicar en sus discursos frases de películas, hacer sentir a Milei un superhéroe y comunicar que están haciendo el gobierno más grande de la humanidad, pero el metro cuadrado de la gente empeora y se enfrentan a la realidad.Falta:Gestión real.Planificación.Capacidad política.Sensibilidad social.Y cierta coherencia económica que permita sostener estabilidad sin destruir el tejido social en el proceso.Lo paradójico es que muchas de esas cosas, que en otros gobiernos hubieran sido consideradas simplemente obligaciones básicas del Estado, hoy parecen presentarse como si fueran hechos extraordinarios.Para Milei, administrar sin profundizar el deterioro social seria un milagro.Edicion Yedith Cazarin Escritora