Los aguaceros de la "revolución"

Las evidencias indican, más allá de la duda razonable, que Venezuela no se ha fortalecido sino debilitado en estos largos años de "revolución". Y si ello es así en el orden económico-productivo, o en el institucional-político, o en el ámbito de la seguridad personal y ciudadana, también lo es y de manera más ostentosa y dramática en el campo de la vulnerabilidad nacional ante los cambios climáticos.

 

. Y si ello es así en el orden económico-productivo, o en el institucional-político, o en el ámbito de la seguridad personal y ciudadana, también lo es y de manera más ostentosa y dramática en el campo de la vulnerabilidad nacional ante los cambios climáticos.
Cierto que éstos tienden ha acrecentar las dificultades propias de los prolongados inviernos o de las extendidas sequías, en Venezuela o en cualquier región de América Latina y el mundo, pero no lo es menos que la disminuida capacidad de prevención y respuesta del Estado venezolano hace que esas dificultades connaturales se conviertan en tragedias sociales que, además, ponen de manifiesto la situación de extrema precariedad de la infraestructura del país.

Los temporales invernales de estos mismos días hablan por sí mismos. Medio país está en emergencia y la población anda en ascuas apenas empieza la lluvia del día. La sensación de desamparo se generaliza y cunde una indignación plenamente injustificada ante la falta crasa de previsión, coordinación y dedicación a enfrentar los problemas puntuales. Y hasta hay algo más, porque la concentración oficial en la realización de la reciente cumbre de la Celac hizo que se ignoraran las implicaciones de las anunciadas tormentas.

Peor aún, la mayoría de los damnificados y refugiados de las vaguadas de diciembre de 2010, se encuentran igualmente damnificados y refugiados. La cacareada Ley Habilitante del 2010, supuestamente sustentada en la necesidad de dotar al Gobierno nacional de instrumentos legales y suficientes recursos para encarar eventualidades similares, se fue por las quebradas de la negligencia. Y si en el 2010 se constituyó un comando central para tratar de canalizar las urgencias, en el 2011 nada de eso ha ocurrido, por lo menos hasta la fecha.

El mantenimiento preventivo de las principales vías urbanas y nacionales se ha desatendido de forma dolosa, y ello explica la incomunicación de la región andina y zuliana, o la grave descomposición de arterias caraqueñas, o de las carreteras y autopistas del centro-norte-costero del país. La corrosión operativa del MTC, ahora MTT, salta a la vista. Mientras crece la burocracia decrece la posibilidad de siquiera cumplir el mínimo de responsabilidades legales.

El sectarismo gubernativo del oficialismo rojo hace imposible, por ejemplo, que todas las autoridades municipales de Caracas puedan trabajar en conjunto, o que lo hagan los gobernadores del Táchira, Zulia, Miranda, Lara, Carabobo y Nueva Esparta con los responsables civiles y militares del Estado nacional. La re-centralización de competencias administrativas de estados y municipios a los despachos ministeriales complica todavía más las tareas técnicas del sector público. Ni lavan ni prestan la batea, y si algunos medios se afincan en el tema de las emergencias, de inmediato se les acusa de alarmistas y fabricantes de zozobra.

En fin, el proceder improvisado, excluyente y arrogante del Estado bolivarista logra que se potencien los resultados nocivos de las inclemencias climáticas, y todo ello a pesar de los cuantiosos recursos presupuestarios que se disponen pero que no se ven ni se sienten. No hay derecho que una temporada de aguaceros ponga a Venezuela en tres y dos. Y es que los aguaceros que más causan perjuicios no son los ambientales sino los de la "revolución".

 

flegana@gmail.com

UNETE



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