VERGÜENZA
VERGÜENZA
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Mariano José de Larra, Carta segunda escrita a Andrés por el mismo bachiller. -Estos días -le dije a mi vecino sirviendo las primeras copas de vino- he estado releyendo algunas obras de Aristóteles. -¿No hace mucho calor para tanta profundidad? -preguntó dicharachero y guasón. -Si; pero por eso mismo he bajado a visitarlo: para disfrutar de la frescura de su vino y de su excelente ventilador. -Palabras mayores: hablemos de Aristóteles. -No le voy a decir nada especial. Sencillamente a veces me da la impresión, viendo la distancia que hay entre sus palabras y el mundo circundante, que escribió obras de ciencia-ficción. -Eso -respondió poniéndose serio- sucede siempre con los moralistas o los tratadistas: una cosa es la teoría, y otra muy distinta, y siempre contraria, cuanto acontece en el mundo real. Quizás Maquiavelo fue el único que estuvo a salvo de estas diferencias. -Entonces también se puede entender la historia dándole la vuelta a sus textos, tal como se hace con un calcetín. ¿Usted cree que algún político, en algún momento, se ha preocupado por hacer de sus ciudadanos hombres de bien? -No conozco la historia en profundidad, pero lo dudo. Lo dudo mucho. Los políticos, al menos los actuales, van a la suya; y los ciudadanos están ahí para secundarlos o enfrentarse a sus insultos. Los educados presidentes de Argentina y de EEUU, entre otros, son ejemplos palmarios de esto mismo. -Y les votan… A veces tengo la impresión de que el mundo se ha vuelto loco. -A mí me parece -dijo sonriendo- que si exceptuamos a don Quijote, pocos han sido y son los cuerdos. -Esto me plantea, a su vez, el problema de la tolerancia. -Explíquese, por favor. -Esta es la segunda parte de cuanto deseaba comentar con usted. Relacionada, también, con Aristóteles. Con su Poética. Para Aristóteles, el arte es mímesis, imitación. -Imitación, ¿de qué? -preguntó sirviendo más vino. -Pues cada arte, con sus métodos propios, imita a este o a aquel, a esto o aquello sirviéndose de sus naturales instrumentos. -No sé si lo acabo de entender. -Tampoco Aristóteles especifica qué es la mímesis. No creo que ningún tirano de Atenas, o de donde fuera, hablase como hablan los reyes y las princesas en las tragedias de Eurípides, Sófocles o Esquilo. Ahora bien, podemos suponer, con Platón, que estos tiranos son mímesis de unos tiranos ideales, como una mesa es la mímesis de una mesa original, que vive en el mundo de las ideas. -No deja de ser una convención -apuntó llenando las copas de nuevo- pues, al fin y al cabo, nadie ha oído hablar a esos tiranos ideales. Y, por lo tanto, se les hace hablar como se supone que deberían hablar. -Efectivamente es así. Y cualquier obra de arte actual, si desea ser creíble, imitará, hasta cierto punto, situaciones reales, aunque luego, poco a poco, se vaya desviando, y la mímesis se convierta en repetición. En contar una y otra vez lo mismo. -Es que, señor mío, efectivamente, siempre estamos hablando de lo mismo. Creo que fue Borges quien dijo que los temas del arte se podían reducir a tres: la muerte, el amor y la memoria y el olvido, o la lucha del bien contra el mal, si no me falla la memoria. Cada época, por supuesto, pone su énfasis en uno de estos temas. Y muchas veces más que de mímesis habría que hablar de justificación o exaltación de unas políticas o de unos políticos o de unos ideales, nefastos la mayoría de las veces. Esto nos lo ha enseñado el cine americano de Hollywood. También hay películas críticas con el sistema, por supuesto. -Lo que acaba de decir me viene como anillo al dedo. Los romanos allá donde iban lo primero que hacían era construir un acueducto, un teatro y unos baños. El teatro tenía la finalidad de transmitir una lengua, el latín, y unos valores, los de los romanos. -Hollywood no ha inventado nada: ha cambiado de medios. El cine ha sustituido al teatro. Es mucho más efectivo. Y con la televisión llega a donde jamás soñó el teatro con llegar. -Así es efectivamente. Y máxime cuando, por el dinero invertido, o por lo que sea, se hace una enorme propaganda en torno a una película. Premios, óscar por aquí y por allá… Con la finalidad, creo yo, de adormecer el poco sentido crítico que tenemos en esta época. -No va muy desviado -dijo tras vaciar su copa. -Viene a cuento de la película, largamente anunciada, de Cónclave. ¿La ha visto usted? -La he visto. -¿Y qué le ha parecido? -Una envoltura muy bonita, una caja preciosa dentro de la cual no hay nada. O, si quiere, como le he dicho antes, está el tema de siempre: el sexo y el poder. Pero pésimamente tratado, y en el lugar menos oportuno. -Con unas interpretaciones magníficas, y una ambientación a la cual no hay más que pedir. -Ya se lo he dicho antes: una caja preciosa sin nada dentro. Con todo lo que está cayendo ¿usted cree que es importante que los señores cardenales escojan a un señor que tiene órganos femeninos y masculinos como papa? -Como el adivino Tiresias, que fue hombre y mujer. No. Eso del sexo del cardenal escogido para papa me parece una modernez, una imbecilidad muy de moda, pero con muy pocas probabilidades de que suceda en la realidad. Hay muchas cosas en la película que no tienen el más mínimo sentido. Por ejemplo, llevar a una monja que tuvo un romance con un cardenal a fin de debilitar sus posibilidades de llegar al papado… -Sexo y poder -apuntó llenando las copas de nuevo. -Podrían haber hecho una película sobre la corrupción que nos alimenta… -No hubiera habido grandes decorados ni el estupendo vestuario que lucen en el cónclave. Además, a la gente le cansa ver en el cine lo que ve, día sí y día no, en los telediarios. -Dejando el cine de lado, y el sexo del papa y el de los ángeles, esa es otra cosa que no deja de llamarme la atención, quizás porque, en el fondo, soy un ingenuo. ¿A estos corruptos y ladrones no les da vergüenza salir a la calle? -Sí, efectivamente es usted un poco ingenuo. Si les diera vergüenza no lo harían, no robarían. Claro, se creen inmunes. Y más de uno se habrá ido limpio de polvo y paja. -¿Usted cree? ¿Y para qué quieren tanto dinero? No lo entiendo. -¿Le vuelvo a recordar que la necedad y la ambición son pozos sin fondo? -No hace falta, pero aun así sigo sin entenderlo. Todos los corruptos que han aparecido gozaban de un buen trabajo, bien remunerado, ¿para qué quieren más? ¿Compensa el dinero robado la vergüenza del paso por la cárcel, la pérdida del trabajo y de muchas amistades? -¡Ay, amigo! Si han ocultado bien el dinero, cuando salgan de prisión se van a vivir a las Galápagos, y allí, entre tortugas e iguanas, ¿qué vergüenza van a sentir, máxime si son recibidos con todos los honores? Los paraísos fiscales se ve que son una maravilla. ¿Luchan los cardenales en Cónclave por alcanzar el paraíso o por el poder de la Iglesia? -Creo que ni lo uno ni lo otro. No me gustó la película. Y el final, eso del doble sexo del futuro papa, no dejó de parecerme sino una perfecta idiotez. -Si le interesa el tema le recomiendo que vea la película Habemus papam, de Nanni Moretti. Es una película muy humana, y nada comercial ni cosas por el estilo. No tuvo ni la mitad de publicidad que ha tenido Cónclave… El nuevo papa, en un ataque de pánico, por la responsabilidad que le cae encima, huye del Vaticano, no sale al balcón a saludar a los fieles. Reconoce que él no es el guía que necesita la Iglesia… Hasta un cardenal, en un momento de descanso, dice que el infierno está vacío… -¡Vaya! -exclamé sonriendo- ¿entonces cuando los corruptos mueren adónde van? -Pues si me pongo poético -contestó llenando las copas por última vez- a donde va el amor cuando se olvida. Ciertamente la respuesta era poética. Me aclaró, luego, que era un verso de Gustavo Adolfo Bécquer. Tranquilizado con sus últimas palabras, me fui a casa para seguir leyendo alguno de los libros que tenía por allí.