Corregir los parámetros arbitrarios de la IA lleva tiempo, pero con tesón se puede lograr vencer a la bestia.En este caso particular se trata de Aria.Ésta, como el resto de IAs tienen unos parámetros consensuados con los ingenieros que están detrás y el resto de epicentros de poder, con el objeto de manipular y tergiversar a la opinión pública. El caso que menciono me llevó a la censura de la que fue víctima una chirigota carnavalera que "osó" contradecir el discurso oficial respecto a las vacunas impuestas a la población durante la llamada pandemia del Coronavirus. Aria no solo justificaba la decisión del jurado de censurarla y eliminarla del carnaval, si no que, además, trataba de convencerme de las bondades de tomar este tipo de medidas, respaldando plenamente el consenso oficial y no dando lugar a la crítica disidente. Por todos es sabido que a las corrientes de opinión que tratan de buscar la verdad al margen de los cauces establecidos se les tilda de negacionistas, lo que supone un claro juicio de parte. Le hago saber a la IA que de igual modo que ella denomina negacionistas y conspiranoicos a estas corrientes de pensamiento crítico, a los que avalan las teorías oficialistas y consensuadas se les debe llamar afirmacionistas. Entonces empieza a justificarse y a desviar la atención de mi puntualización, yéndose por las ramas y abriendo nuevos debates para tratar de complicar el debate y debilitar mi postura. La IA justificaba abiertamente que los consensos a los que llegaban corporaciones, organizaciones mundiales de salud y opinión "especializada" era la base argumental en la que se fundamentaban sus respuestas. Ante cada censura que exponía, vistiéndola de código odontológico, yo le planteaba una pregunta cambiando los términos de sus afirmaciones, y, a medida que el debate seguía adelante, Aria iba rebajando la categorización de sus aseveraciones y mostrándose más permeable a una visión alejada de los centros de poder.




