Donde la vulnerabilidad encuentra a Dios

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Quiero compartir con ustedes, que no pude evitar cuestionarme estos últimos días sobre lo vivido este último año que hoy termina.

Debo decir que inicié este año como quien no sabe a dónde va a parar, llena de expectativas y sin rumbo fijo, dispuesta a vivir en la incertidumbre, pero con la única certeza de que pasara lo que pasara todo iba a estar bien.

Y así fue, lo que no aminora los grandes retos que enfrente durante el último año, pero siempre sostenida de alguna manera, lo que me lleva a pensar en la comunidad y la importancia de la solidaridad, porque cuando uno no es capaz de sostenerse así mismo bajo alguna circunstancia, son las manos de la familia, los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo y las personas de alrededor, lo que lo sostienen a uno.

La vida no se trata de ser sostenido por otros todo el tiempo, pero si en aprender a dejarse sostener por los demás de vez en cuando, cuando las circunstancias lo requieran.

Uno tiene la obligación de mantenerse en pie y más allá de eso, de ser capaz de sostener a otros también, porque aquí nadie llega solo ni vive solo. También se tiene el derecho de caer y permitirse el auxilio de otros, y así es como la vida es una rueda que da y avanza.

La solidaridad no es un valor autónomo, está acompañado de otros como la empatía, la compasión, el cariño, la voluntad y otras veces hasta del perdón.

Lo que me hace darme cuenta también que cada ser humano en lo individual debe fortalecer esos valores, porque aunque se viven hacia afuera, son los pilares que sostienen al espíritu y mientras esta vida sea un puente para llegar a la fuente, fortalecer el alma es la mayor recompensa.

Hablando de valores y de gente, dentro de mis reflexiones del año y aunado al tema del propósito de la existencia humana, debo decir que me llenó el corazón de ternura y una cierta preocupación, conocer el corazón y la mente de la “ahora juventud”.

Los jóvenes, al menos en apariencia están muy conscientes del "sistema" que impera en el mundo. Saben a lo que se enfrentan, como si supieran que van caminando derechito al abismo, pero tienen dudas y buscan respuestas. Y creo que una de las más grandes inquietudes es esta:

"¿Cómo sobrevives sin máscara a un mundo que solo se sostiene a través de ellas?"

La anterior pregunta me conmovió hasta el alma, porque es la pregunta exacta y la respuesta precisa para esta cuestión, es Dios.

No hay manera de que el ser humano sobreviva mientras está expuesto y vulnerable, parado desde su autenticidad y sensibilidad, porque este está limitado, pero es ahí donde de manera misteriosa y grandiosa obra Dios en nosotros y en nuestra vida.

Por sobrevivir, desde muy pequeños nos construimos una máscara, una identidad, para vivir hay que retirarse esa máscara, volver al origen, y para lograrlo hay que sostenerse de la fe y la esperanza, estas últimas son la bienvenida a Dios para que obre en nuestra vida y es ahí donde comienza la gloria.

Me preguntaron también, como era posible vivir esta idea tan romántica de la vida que parecía imposible, entonces pensé que solo era posible con voluntad y valentía, con compasión hacia uno mismo por los errores que cometeremos en el intento y la enorme "culpa" que esto puede ocasionarnos.

Este 2025 lo inicié con una gran renuncia que representó no un empleo, sino una renuncia a esas máscaras que yo misma me inventé con el paso de mis años. Y aunque esa renuncia conlleva grandes responsabilidades y aprendizajes, confío en que el padre me dará los días necesarios para lograr en este lugar y lo que dure mi vida el objetivo.

Y por último, me preguntaron cuál era mi propósito para este 2026 y respondí que mi único propósito es seguir siguiéndolo a Él bajo la identidad que Él me había dado, bajo esa integridad que habita en nuestra relación, llena de pureza y amor. No sé cuál sea materialmente ese resultado, pero ya empiezo a sentir el fuego de ese amor como una esfera de calor en el alma y eso me resulta satisfactorio.

Les deseo a todos un hermoso inicio de año, que se renueve su espíritu y se fortalezca la valentía, que su fuerza de voluntad los lleve siempre al padre y que logren ver el amor aún y en la ruina o en la batalla.

Con cariño: Valeria Rodriguez

UNETE



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