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Argentina: el país donde las ideologías vienen sin manual de usoEn Argentina, la política tiene una habilidad envidiable: nombrarse de una manera y gobernar de otra. Es casi un género literario.Menem, por ejemplo, aún figura como liberal. Un detalle: fijó por ley que “1 peso valía 1 dólar”. Poca gente en la historia del liberalismo intentó gobernar con una Ley para fijar el precio del dólar… desde un escritorio.Kirchner fue etiquetado como “de izquierda”, aunque su currículum incluía ser el primer gobernador privatizador entusiasta de los 90 y un devoto del superávit. Mucho verbo, poca izquierda.Cristina Fernández elevó el peronismo a un gesto estético: dedos en V, épica discursiva y acuerdos con Monsanto, Barrick Gold y Chevron. El pragmatismo tiene esas cosas.Macri llegó como derecha moderna, hasta que su propio espacio ideologico lo describió como “kirchnerismo de buenos modales”, y Milei lo ascendió a “socialismo corporativo”. Si algo hay que reconocerle a la política argentina es la creatividad terminológica.Alberto Fernández optó por lo más simple: no ser. Peronista verbal, radical ocasional y estadista ausente. Un presidente que encontró la manera de ser todo y nada al mismo tiempo.Milei, o la teoría aplicada… a la teoríaMilei prometió “quemar el Banco Central”, “dolarizar” y garantizar que “todos van a cobrar en dólares”. Por ahora, es un programa más exitoso en redes que en la realidad. Su equipo económico inicial quedó en un recuerdo borroso, y la libertad terminó siendo un beneficio tradicional: reservado para quienes ya podían ejercerla.El Congreso que cambió en dos añosLa Libertad Avanza pasó de dos integrantes a 95 diputados. No importa cuántos vengan del PRO o de provincias: con ese número se sostienen vetos, se blindan DNU y se evitan juicios políticos. El quórum propio, como siempre, depende de diálogos maduros, convicciones profundas… o lo que surja.Mientras tanto, Patricia Bullrich —que según Macri, “no sabe nada de casi nada”— maneja resortes clave, y Villarroel conserva peso parlamentario. El resultado es un impulso reformista donde, curiosamente, las excepciones siempre afectarán a las mayorías.La clase media y otros personajes mitológicosEl INDEC señala que para ser clase media-media en octubre de 2025 se necesitan $3,7 millones, cifra que superará los $4 millones en diciembre. Muchos ciudadanos descubren así que la autopercepción suele ser más estable que los ingresos.La inflación: un elogio relativoQuienes celebran la inflación actual olvidan que incluso en los peores años kirchneristas el promedio mensual rondó los dos puntos. Hoy esos números requieren dólar controlado, endeudamiento exprés y lo que el propio presidente llamó “el ajuste más grande de la humanidad”. Y las reformas que pide el FMI todavía esperan.En definitivaRelatos hubo siempre. Lo novedoso es la franqueza con la que se reconoce que la realidad —esa que no aparece en discursos ni cadenas— cae siempre sobre la misma gente: la que no gobierna pero vota muchas veces, a quienes la empobrecen.Edición Yedith Cazarin Escritora