Misterios insondables del Modelo Milei

El INDEC de los Milagros y la Economía que no despierta

 

. Esta vez el protagonista fue el EMAE, el índice mensual de actividad económica del INDEC, que contra todos los pronósticos —incluidos los propios cálculos preliminares del organismo— terminó dando positivo. Un modesto 0,5%, pero positivo al fin.

¿Milagro estadístico? ¿Optimismo creativo? ¿O el simple arte de acomodar las piezas para que encajen?

Argentina, tierra de prodigios.

La sorpresa estadística

Todas las consultoras, sin excepción, habían anticipado una caída. Y dentro del INDEC, puertas adentro, también se preparaban para un número en rojo. Pero un cambio metodológico —uno más en una larga tradición nacional— incorporó valores del sector financiero, que inmediatamente “corrigieron” la historia hacia atrás y pintaron un panorama un poco menos oscuro.

No hay aquí una falsificación burda, como la que muchos acusaron a Guillermo Moreno y luego la Justicia no pudo probar y lo condenó con otro cargo. Pero sí una maniobra incómoda: técnica, sí; discutible, también; transparente… bueno, eso queda para el lector.

Y en defensa de Marcos Lavagna, vale decirlo: no es un soldado de Milei ni de la derecha libertaria. Es un técnico respetado, heredado de la administración anterior, que siempre defendió la reputación del INDEC. Justamente por eso duele más que este ajuste metodológico, aun siendo técnicamente aceptable, sea leído como un intento de maquillar una recesión que a todas luces sigue ahí.

Los números que “mejoran” cuando se comparan con el infierno

El dato interanual muestra crecimiento. Claro: se compara con 2024, ese año en que el propio modelo Milei nos llevó a una caída económica tan profunda que habría dejado orgulloso al mismísimo Dante.

Y ese 2024, recordemos, se comparaba a su vez con 2023, el año del peronismo más castigado, con sequía histórica, derrumbe de exportaciones, corrida cambiaria alimentada por la oposición y un gobierno que pagó todo sin recibir casi nada.

Así, comparando caída sobre caída, no sorprende que finalmente algún número termine siendo “menos peor”. Milagros no tanto: más bien un juego de espejos.

El dólar, los precios y el país que no encuentra su lugar

El gobierno celebra tener un dólar “competitivo”, en la franja de los 1400-1500 pesos. Pero frente al nivel de precios internos y la presión impositiva, esa competitividad es casi un chiste privado. La industria nacional, la producción y hasta algunos servicios simplemente no logran pararse.

Los precios liberados siguen subiendo, porque pueden. El resto de los precios baja a un piso del 2% mensual que el Gobierno festeja como si fuese un récord mundial, cuando en cualquier país serio ese número sería una alarma.

Tener 25% anual hoy es casi “estabilidad”, pero sigue siendo cuatro o cinco veces la inflación regional. El éxito libertario, al parecer, tiene la vara baja.

Un modelo con pocos ganadores

La creación de empleo sigue en caída, porque los únicos sectores que repuntan —energía, minería, agro— son justamente los que menos empleo generan. Y mientras tanto, las corporaciones extranjeras y el sector financiero sí logran ganancias extraordinarias.

Hasta los importadores protestaron. En un contexto así, cuesta ser competitivo. Pero Caputo decidió aliviar impuestos a las plataformas globales, y así hoy Amazon, Shein y Temu entregan en la puerta de casa a precios que ningún industrial argentino puede replicar. Celebrado por algunos, ruinoso para muchos otros.

Irónicamente, si los argentinos siguen perdiendo ingresos y empleos, ni las ofertas chinas ni las norteamericanas salvarán la demanda. El consumo, al final, cae igual.

El misterio insondable del dólar que no existe

La dolarización es otra promesa siempre a mano, aunque nunca del todo cerca. Mientras sigan las restricciones para empresas y provincias, y mientras el Banco Central no pueda comprar dólares libremente, nadie sabe realmente cuánto valdría el billete verde en un mercado sin cepos ni represión.

Quizás ahí sí aparezca el verdadero misterio argentino: el dólar libre que nadie se anima a liberar.

¿A dónde lleva este experimento?

El modelo Milei promete libertad, pero por ahora ofrece recesión; promete competencia, pero beneficia a unos pocos; promete estabilidad, pero convive con restricciones cambiarias que contradicen todo el discurso.

Entonces la gran pregunta no es si el EMAE da -0,3%, 0% o +0,5%.

La pregunta es si la economía vive realmente una mejora… o si solo estamos viendo una foto trucada para que parezca que hay más amigos en la sala.

Argentina ya conoce esta película: la de los gobiernos que acomodan números para sostener un relato.

La novedad, quizás, es el elenco.El guion, lamentablemente, parece el mismo de siempre.Edición Yedith Cazarin Escritora

UNETE



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