Financiación de Banca Asiática para la Agroindustria de Venezuela y Brasil: Una Oportunidad en Alza

La búsqueda de financiamiento es el talón de Aquiles de cualquier proyecto de desarrollo. En América Latina, donde el sector agrícola es una espina dorsal de nuestra economía, esta búsqueda se vuelve aún más crucial. Tradicionalmente, hemos mirado hacia Occidente, pero el dinamismo de la economía global nos obliga a voltear la vista hacia un nuevo epicentro de oportunidades: la banca asiática.

 

. En América Latina, donde el sector agrícola es una espina dorsal de nuestra economía, esta búsqueda se vuelve aún más crucial. Tradicionalmente, hemos mirado hacia Occidente, pero el dinamismo de la economía global nos obliga a voltear la vista hacia un nuevo epicentro de oportunidades: la banca asiática.

La viabilidad de obtener financiación de instituciones financieras en China, Japón o Corea del Sur para proyectos agrícolas en LATAM es significativa, pero no está exenta de condiciones. No se trata de caridad; es una relación estratégica de beneficio mutuo. Asia necesita seguridad alimentaria y diversificación de sus fuentes de abastecimiento. Latinoamérica ofrece tierra, potencial y proximidad a mercados clave. El encaje es natural.

Estos bancos no solo ofrecen capital. Traen consigo una filosofía de inversión a largo plazo y un interés genuino en proyectos de infraestructura que mejoren la productividad de toda la cadena de valor: desde sistemas de riego y logística, hasta la incorporación de tecnología de punta. Sin embargo, para atraer este capital, nuestros proyectos deben ser impecables. Requieren una estructuración sólida, altos estándares de gobernanza, estudios de impacto ambiental rigurosos y, algo fundamental, un componente tecnológico que garantice eficiencia y sostenibilidad.

Precisamente, en mi investigación académica en curso, titulada “Modelos Matemáticos para la Optimización del Financiamiento en Proyectos Solares para la Agroindustria”, analizo con lupa este fenómeno. Centrándome en casos en Venezuela y Brasil, evalúo cómo la energía solar no solo reduce costos operativos, sino que actúa como un catalizador para mejorar el perfil de riesgo de un proyecto, haciéndolo radicalmente más atractivo para inversores internacionales, incluidos los asiáticos, que son líderes en esta tecnología. Un proyecto agrícola que se autoabastece de energía limpia es, simplemente, un activo más bancarizable.

La lección es clara. Para liderar políticas públicas que detonen nuestro desarrollo económico, debemos pensar de manera integral. No podemos separar el financiamiento de la tecnología, ni la agricultura de la sostenibilidad. Fortalecer nuestras capacidades para presentar proyectos bankables a la banca asiática no es solo una opción; es una estrategia geoeconómica necesaria para cerrar la brecha de inversión y asegurar un crecimiento inclusivo y resiliente para Latinoamérica. El capital está ahí, esperando por propuestas serias. Nuestro desafío es crearlas.

WRUISBERG GARRIDO

ECONOMISTA ESPECIALIZADO EN DESARROLLO ECONÓMICO

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales