BIEN SER...BIEN ESTAR.

CONSUMO RESPONSABLE.

 

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“Las cosas de mucho valor tienen muy bajo precios”. Diógenes.

Cecy Valerio.

A todos nos gusta ir de compras, adquirir cosas nuevas, apreciar los aparadores en esta época y darnos ese gusto que tanto queremos. Todo está bien mientras no hagamos del consumo una fuente de felicidad y autoestima  -que la final de cuentas no lo es-, ni le dediquemos toda una vida a obtener aquello que supuestamente necesitamos.

La sociedad actual, de consumo como suele denominarse, propicia ciertos comportamientos nocivos y camuflados que son difíciles de identificar dado a que la mayoría de las personas los realizan y que, por consiguiente, hace que parezcan normales. Las compras compulsivas, la necesidad desesperada de comprar, la tristeza por no poder adquirirlo, la sensación constante de no satisfacer una necesidad (siempre se quiere más de lo que ya se obtuvo), son pautas de conducta  frecuentes.

Los medios de comunicación constantemente nos están bombardeando de publicidad inteligentemente elaborada que apela a nuestros “lados débiles” para crear necesidades  nuevas y, por si fuera poco, sentirnos culpables en  caso de no tener el poder adquisitivo para satisfacerlas. Le llama Jorge Bucay “la estupidez cúbica”: Compramos lo que no necesitamos, con lo que no tenemos para  impresionar a  alguien que ni siquiera nos interesa o no le interesamos.

No quiere decir que sea malo comprar. Es necesario, sin embargo,  reflexionar  qué es lo que se esconde detrás de conductas compulsivas como la de comprar, y  ver si puedo ser igual de feliz con esas cosas que ha comprado y sin ellas; si disfruto de mi vida de igual manera con o sin los objetos que han sido adquiridos. No otorgarle al acto de comprar ni mi autoestima, mi tranquilidad, mi seguridad ni mi felicidad.

 He escuchado a personas que se van de compras para “liberarse del estrés” o para darle un regalo a su “autoestima”. Ciertamente se produce un placer momentáneo y sentimos que lo merecemos, sin embargo, algo más se esconde detrás de esa conducta. Decía Erick Fromm que tarde o temprano la sociedad occidental se dará cuenta de que la obtención de todas las cosas que pueden pagarse con dinero no son suficientes para darnos una buena vida.

MÁS ABRAZOS.

A decir de la psicóloga Laura Gutman, el estar atentos a la satisfacción de todas nuestras necesidades y actuar de inmediato para lograrlo, esconde una gran carencia de afecto en nuestra edad temprana. Necesidades de protección, amparo y seguridad por parte, principalmente, del lado materno.

No es una regla general,  pero estudios en psicología infieren que la ausencia de comprensión, diálogo, acompañamiento y contacto por parte de mamá en la primera infancia, propician la búsqueda de “mamás” que llenen ese vacío. Las compras, los objetos, los centros comerciales se convierten en satisfactores de seguridad, aceptación y comprensión. Y no porque algunas mamás hayan sido malas, sino su incapacidad de demostrar el cariño y afecto,  y por venir de familias con esquemas también difíciles.

 Señala la psicóloga Gutman que nos ahorraríamos mucho tiempo y dinero si dedicamos más tiempo a establecer contactos afectivos sanos, principalmente a nuestros hijos (para que sean personas seguras y saludables) , a demostrar el afecto que sentimos por los demás y a dar más abrazos.

En esta época pre-navideña es importante no dejarnos llevar por la corriente consumista o materialista que nos marcan los medios de comunicación y que es característica de las sociedades modernas. En lugar de ello, darle importancia al ser, en lugar del tener, al vivir en lugar del hacer, al saborear en lugar del mostrar.

 

UNETE



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