Huella Mínima

Él no regresó. Ni al banco. Ni el martes, ni al brillo de las botas empañadas de lluvia, que reflejan la luz de los faroles como manchas de aceite en un asfalto que nunca duerme. Ni a los bordes sucios de la ciudad donde las sombras se disuelven en el concreto, como si las voces que alguna vez estuvieron allí se hubieran ido con el viento, como los ecos que rebotan entre los edificios altos, de repente, y luego desaparecen. Y, sin embargo… algo sí regresó. Yo lo hice, sacudiendo esas pequeñas ideas como un semáforo que cambia de color sin previo aviso, como un taxi detenido en una esquina olvidada, rompiéndose, resquebrajándose, pero aguantando,

 

. Ni al banco. Ni el martes, ni al brillo de las botas empañadas de lluvia, que reflejan la luz de los faroles como manchas de aceite en un asfalto que nunca duerme. Ni a los bordes sucios de la ciudad donde las sombras se disuelven en el concreto, como si las voces que alguna vez estuvieron allí se hubieran ido con el viento, como los ecos que rebotan entre los edificios altos, de repente, y luego desaparecen. Y, sin embargo… algo sí regresó. Yo lo hice, sacudiendo esas pequeñas ideas como un semáforo que cambia de color sin previo aviso, como un taxi detenido en una esquina olvidada, rompiéndose, resquebrajándose, pero aguantando,
como las grietas en una ventana rota que nunca se reparan del todo. Me senté, como antes, como si sentarse fuera un acto de resistencia, de lealtad tácita a algo que ya no sé si está allí. Y allí estaba. No él. Pero su libro. El que tenía las cubiertas gastadas, como un cartel viejo en la calle que ha resistido la lluvia, el viento, el tiempo. Cuidadosamente colocado en el banco, como una carta perdida entre miles, esperando ser leída por alguien que ya no pasa por allí. No tenía nota, ni nombre, ni marca que revelara su propietario. Solo la huella de alguien que se ha ido, de alguien que se disolvió en la niebla de una ciudad que nunca olvida, pero olvida todo a la vez. Lo abrí, muy, muy tiernamente, no con avidez sino con una desesperada dulzura, como si abriera una ventana en un departamento donde ya no hay aire. Para que acariciara la vieja fotografía. Y allí, en una de las páginas —pero una que no recordaba haber visto antes— una línea subrayada con bolígrafo azul, torpe pero firme, «Hay personas que simplemente conocen el mundo mejor cuando dejan de hablar. Todo eso también es una especie de amor.» Me quedé allí, con esas palabras en mi pecho, leyéndolas una y otra vez, no porque fueran tan difíciles,sino porque el miedo de entenderlas era más grande que el miedo de no hacerlo. Como una gota de agua que cae en el vacío de una calle oscura, y se pierde antes de que se pueda escuchar su sonido. Como un grito ahogado en el tren subterráneo, o una canción que resuena en los pasillos de un hospital vacío. Y no sabía si era mío. No estoy segura si fue a propósito, un adiós disfrazado de coincidencia, o tal vez una invitación, un acuerdo sin palabras, como las luces de la ciudad que parpadean y se apagan sin que nadie las vea. Es posible que haya sido solo una ilusión, una señal que no era para mí, pero que yo tomé, como quien toma el último cigarro de una caja vacía. No sé nada. Pero algo en mí se enderezó, como el árbol que crece en el centro de la ciudad, desafiando el cemento, como una flor marchita que aún busca el sol entre las rendijas de un edificio gris, aunque sabes que la luz nunca llega. Tomé el libro. No por posesión, sino por un tipo de cariño tenso, como si alguien me hubiera dejado un secreto que no quiero desvelar, pero que me pertenece de algún modo. Ahora está en mi mesa, abierto en esa página, respirando como un animal que ya no se siente en casa, y para despertarlo diré una palabra, con una mirada, pero no una cara. Hoy escribo sin saber de su regreso. Pero algo de él perduró. Y eso, aunque no sea suficiente, llega hoy, como la vibración de una cuerda rota que se extiende en un cuarto vacío, o como el sonido de la lluvia cayendo sobre una ventana empañada, que solo tú escuchas y que nadie más sabe que está ahí.

UNETE



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