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A tu lado, lo imposible es sencillo, los relojes se adelantan por verte, los edificios se inclinan en silencio, y el universo —ese pasajero sin prisa— susurra tu nombre entre los cables del tranvía. Cuando no estás, la nada se hace tráfico pesado, gris y densa como smog de lunes; la vida olvida cómo caminar, las luces del andén parpadean sin motivo, los pájaros se enredan en antenas, como si el cielo los hubiera olvidado. Con tu presencia, aroma a pan recién salido, los atardeceres se estiran para esperarte, la piel se vuelve calle viva bajo tus pasos, el viento trae frases tuyas que nadie más entiende. En tu ausencia, melancolía: las sombras son más largas que los cuerpos, y cada rincón del mundo gime como ascensor atascado en medio del viaje. Tus ojos me encuentran, y en tu rostro aparece mi nombre escrito con neón y ternura. Tus ojos —dos faroles encendidos— alumbran habitaciones cerradas de mi alma, y vivo en ellos, como un bar que solo abre cuando llegas. Con vos, la dulzura es postre compartido, la suavidad se queda pegada a los dedos, y el amor no es discurso, es canción vieja sonando en un altavoz pequeño. Los mares caben en tus gestos, tu cuerpo camina y yo lo sigo como ruta segura, y tus silencios —túneles largos— no me dan miedo: los cruzo sin mirar atrás. Basta un mensaje tuyo, para despertar incendios dormidos, y en tus labios tiemblan mil mañanas con café por servir. Esa chispa divina, —la que en los templos se esconde— me toca cuando estás cerca, me afina como guitarra olvidada, y tú, el único que sabe tocarme sin romperme. Cuando respiras, hay canciones que solo duran mientras lo haces. Si te vas, me siento fuera de lugar, como banco vacío en parque cerrado, como poema olvidado en una servilleta rota. No es que me apague sin ti, pero todo suena más bajo, como ciudad en domingo sin ruido, como vagón sin grafitis ni destino. Sigo siendo, solo que a media luz. A tu lado, la gloria no es trofeo ni destino, es este instante, esta calle, este abrazo que nadie más ve. Con tu amor, el perdón no es súplica, es lluvia que cae sin preguntar y me deja limpia, nueva. Todo existe, y todo es posible cuando tú, mi sol, te detienes un segundo sobre mí.