.
Desde el alba sin nombre, soy la mujer anterior al tiempo. Modelada en la médula del mundo, no nací: fui invocada del barro que canta secretos, arcilla que arde y susurra sangre. Cruda tempestad con forma de cuerpo. No contengas mi esencia, soy sombra con dientes, fuego que danza sobre huesos. El mal que inventaron para callar mi verdad. Vuelo como cuervo, me arrastro como raíz. Soy lo alto y lo hondo, a voluntad. Mudo piel y alma, como luna que olvida su rostro. Soy madre sin templo, hembra sin amo, la grieta en la roca donde germina la luz. La primera carne que habló. No fui costilla ni corona. Fui volcán antes del jardín, lumbre bajo la corteza del Edén, el viento salvaje que partió los nombres. Camino con la frente en alto, como selva que no se deja cartografiar. Soy agua sin dioses, cristal que corta y limpia. Verdad sin barniz, alma fósil, voz mineral que aún tiembla. Llevo a la niña despierta en mi médula de siglos. Una criatura intacta, salvaje, honesta, verdad con latido. Esta guerra es anterior al lenguaje. Mi aliento incomoda imperios. No fue la diosa quien me condenó, fue el miedo del hombre el que me arrojó al fuego y tembló ante mi canto. Intentan disolverme, ocultarme en biblias secas, manchar mi nombre con el barro que yo les di. Mujer, soy tu madre. Eva… ¿no me reconoces en la grieta, en el espejo, en el temblor? Alza tu grito, desentierra tu linaje. Grita como tierra que se abre, pelea como llama que nunca se apaga. No te doblegues. No te ausentes. Nunca más te pierdas.